La familia de la mujer presuntamente agredida quiere que se investigue a fondo el caso
La familia de la mujer presuntamente agredida quiere que se investigue a fondo el caso - ABC

«A mi tía la encontraron sin pañal, sangrando y con un anciano metido en la cama»

Un juez investiga una denuncia por agresión sexual a una mujer impedida por parte de un compañero de residencia con demencia en Cádiz

SevillaActualizado:

María (nombre ficticio) tiene 66 años y está presa en su propio cuerpo. Tiene una enfermedad que se llama Ataxia de Friedrich y que la inmovilizó de la cabeza a los pies hace años. Solo se comunica con los ojos: un guiño es sí; dos, no. Aún con el cuerpo paralizado, su familia asegura que es «feliz». Le gusta ver películas y que le lean. Hasta el 10 de septiembre su vida era una sucesión de apacibles días en la residencia Lago de Arcos, en Arcos de la Frontera (Cádiz), donde ingresó en 1998. ¿Qué pasó esa noche en su habitación de la residencia?

«A mi tía la encontraron sangrando, vomitada, sin pañal y con un anciano en su cama», cuenta Alfonso M. sobrino de María. El anciano del que habla es otro residente del centro geriátrico, J. L. G. C., un hombre de 72 años al que sorprendieron junto a la mujer, con el pantalón quitado.

María no pudo gritar, ni moverse, explican sus familiares. Aunque la mujer «era consciente de todo lo que pasaba», explican, no pudo ni pedir ayuda cuando el presunto agresor se metió en su habitación y luego en su cama. Una auxiliar de la clínica los encontró al hacer la ronda por la noche, a él dormido, a ella en estado de shock, y llamó a la Guardia Civil y la Policía Local. La Junta, a la que la residencia avisó también, realizó los informes pertinentes, que remitió al Juzgado de Instrucción número 3 de Arcos, que es quien lleva la investigación del caso.

En manos del juez está determinar qué pasó en esos «10 o 20 minutos» que desde la residencia reconocen que tardaron en advertir la situación. Para la familia de María se trata de «un abuso sexual» y así lo califican.

Advierten, además, de que el hombre que se metió en la cama de la mujer impedida ya había anunciado esa noche de sus intenciones: «Te voy a echar un polvo, tengo ganas de follar», le dijo a una trabajadora del centro cuando ésta le llevaba a su habitación. «Y tampoco es la primera vez que se mete en la habitación de alguien -cuenta el sobrino de María-, ya se había colado en la cama de otro residente y no lo pudieron sacar de allí porque se puso muy agresivo».

Las patologías del presunto abusador son numerosas, según el informe de la inspección de la Junta al que ha tenido acceso ABC: «demencia, brotes psicóticos, episodios maniacos, trastorno bipolar, agresividad y desinhibición sexual».

Con estos datos, la familia de la mujer se preguntan qué hacía caminando libremente por el centro de noche y por qué estaba junto a otros residentes tan vulnerables como María «Nos dijeron que no estaba sujeto a la cama porque para eso tenía que firmar su familia», indican sus sobrino. «No entendemos cómo estaba en la misma zona que mi tía», añade Alfonso.

Donde hay «más vigilancia»

José Ángel Miranda, director asistencial de la residencia explica que ambos estaban en el mismo pasillo porque es «la zona de grandes dependientes» donde «más vigilancia hay». Reconoce que el hombre se había mostrado en alguna ocasión violento, pero matiza: «Eso nos pasa con el 70 u 80 por ciento de las personas que tenemos aquí».

Miranda, que defiende que, como recogen los informes, la actuación del centro fue la correcta, sí concede que el tiempo de reacción la noche de los hechos no se sabe con exactitud. «Pudieron ser diez minutos o 20, es verdad, pero es que en esas situaciones la gente no está mirando el reloj», justifica Aranda. Y aceptan que, como acusa la familia, la inspección no habló directamente con todas las trabajadoras que estaban en la residencia cuando sucedió el incidente: «Habló con alguna, no con todas. A la que no estaba de turno cuando vinieron de la inspección no se la llamó».