Panorámica de Algodonales junto a un calco de las pinturas rupestres
Panorámica de Algodonales junto a un calco de las pinturas rupestres - ABC

Las pinturas rupestres de Algodonales son obra de «Dieguito el pintor»

Estos supuestos restos prehistóricos están catalogados como Bien de Interés Cultural

Antonio Periáñez
CádizActualizado:

«Nuestro pintor paleolítico, conocido por sus amigos como Dieguito 'El Pintor', tiene nombre y apellidos. Diego Escorza Márquez nació en Algodonales allá por enero de 1942...» así describe Manuel Román, vecino de esta villa gaditana, al presunto autor de las supuestas pinturas rupestres halladas en esta localidad y que la Junta de Andalucía catalogó como Bien de Interés Cultural en 1985.

El pasado 28 de enero, Manuel Román Rico, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, registraba en el Ayuntamiento de Algodonales una carta dirigida al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. En el escrito solicita la eliminación del catálogo de Patrimonio Histórico Andaluz del monumento paleolítico «Peña de los Algodonales».

Según este vecino de la Sierra de Cádiz, «el autor de dichas pinturas fue un pintor, alto, enjuto, de nariz prominente, más Quijote que Sancho y bohemio por España, Italia y Francia. No vivió ni hace 25.000, ni 12.000 años, ni tan siquiera 100 años y que el sobrepintado a que aluden algunos indocumentados sobre estas pinturas rupestres es una falacia».

Tal y como describe Patrimonio, el conjunto pintado de los Algodonales se localiza en el área suroeste de la sierra de Líjar, también conocida como el Mogote, a lo largo de un farallón rocoso de 1 km de longitud que se desarrolla al norte del núcleo urbano de esta localidad gaditana.

Ladera de la montaña donde se ubican los restos
Ladera de la montaña donde se ubican los restos - ABC

Estos conjuntos, según recoge la ficha técnica, «aparecen organizados en siete grupos, separados entre sí por distancias que oscilan entre los 50 y los 100 metros. Fueron dadas a conocer por Lya Dams en el año 1981, pero la existencia de figuras con tipologías recientes y la falta de un estudio adecuado han relegado su valoración».

El origen de este supuesto monumento BIC en Algodonales se remonta a finales de la década de los setenta. En el acta del Symposium celebrado en 1979 sobre Arte Prehistórico de Altamira, queda registrada la ponencia de los arqueólogos belgas Lya Dams y su marido Marcel Dams «La roche peinte d'Algodonales». El matrimonio Dams apunta en ese artículo que «a primera vista, estas pinturas se comprueba que son extremadamente engañosas, pero en nuestras visitas posteriores encontramos elementos de un gran interés para el desarrollo del arte rupestre en la península ibérica».

Las conclusiones presentadas por este matrimonio belga fueron suficiente aval como para que la Junta de Andalucía lo diera por bueno y lo incluyera en el catálogo de Bienes de Interés Cultural el 25 de junio de 1.985.

Sin embargo, fuentes de la Consejería de Cultura han confirmado a ABC de Sevilla que «este trabajo no ha sido rebatido en foros científicos». Además, desde la Junta de Andalucía confirman la existencia escritos en la Delegación de la Consejería de Cultura de Cádiz que advierten de que «las citadas imágenes pudieron ser ejecutadas entre 1.968 y 1.975 por un vecino de Algodonales aficionado a la pintura».

No obstante, desde Cultura aseguran que la declaración como BIC de estos restos tuvo como objetivo la «protección» de la pinturas para evitar su deterioro, hasta «que no quede aclarada la cronología y la autenticidad de cada una de las imágenes. Entre otras razones, podrían existir pinturas rupestres bajo los dibujos cuestionados». No obstante, la ficha técnica de Patrimonio recoge expresamente que «deberían estudiarse nuevamente para discernir si realmente existen representaciones prehistóricas o son todas modernas».

Han pasado ya casi 35 años desde que la Junta catalogara como BIC estas pinturas y la duda sigue presente en este pequeño pueblo blanco, atrayendo la curiosidad de estudiosos y aficionados a la historia. Como el gaditano Manuel L. que escribe sobre historia en su blog Prehistoria del Sur y que tiene un artículo dedicado a estas controvertidas pinturas.

Imagen de una parte de las pinturas de Algodonales
Imagen de una parte de las pinturas de Algodonales - Prehistoria del sur

Entre las muchas curiosidades que recoge en el post, Manuel apunta a la particularidad de un dibujo, que recuerda a una «menina» y de la que apenas quedan unos trazos rojos. «En el calco se puede ver que la zona central había sido rellenada con dibujos modernos. Ahora comprobamos que han desaparecido en menos de cuarenta años. Esto me plantea un interrrogante sobre la actualidad de estos trazos que aún perduran».

«Hace ya casi dos décadas, acompañé a un matrimonio suizo que vino a investigar la autenticidad de estas pinturas rupestres. Según me contaron, es difícil determinar si bajo los dibujos más recientes pudo haber trazos del paleolítico. Sería necesario un estudio en profundidad, pues se encuentran al aire libre y están bastante deterioradas» explica Francisco Sánchez, empresario turístico de Algodonales.

Y es que como dice Manuel Román en su escrito, no está claro si la datación de estos restos del arte rupestre «se realizó con termoluminiscencia, por barrido de microscopia electrónica u otro procedimiento más avanzado o a ojo de buen cubero».

Detalle de unas las pinturas declarada BIC

Para Maese Algodonales, como es conocido el historiador local José Luis Sánchez, todo lo que rodea estas pinturas es una incognita, en buena medida, porque fue parte activa en la catalogación de este momunento del Paleolítico. Él mismo acompañó al por entonces alcalde de Algodonales, José María Gómez, para sacar unas fotografías de las pinturas a principios de los ochenta, para presentarlas en la Diputación Provincial de Cádiz.

José Luis conoce perfectamente dónde se ubican estos trazos. Lo sabe desde pequeño, porque «cuando éramos niños, en el pueblo teníamos la costumbre de subir los domingos a la sierra para buscar las pinturas que había hecho Dieguito, unas con motivos religiosos, otras que asemejaban dibujos tribales». Era la ruta más popular entre los niños de los sensenta y senteta, como una gymkana para encontrar los dibujos de su vecino.