Puente de Alcolea, donde se libró la batalla del 7 de junio de 1808
Puente de Alcolea, donde se libró la batalla del 7 de junio de 1808 - valerio merino
ANIVERSARIO

Cuando el Guadalquivir se tiñó de sangre

Se cumplen 206 años de la batalla de Alcolea, que abrió las puertas de Córdoba a los franceses

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Un puente se construye para hacer pasar a personas y mercancías y evitar el cauce tumultuoso de un río. El de Alcolea no es el más conocido del término municipal de Córdoba, a pesar de su antigüedad, pero la historia ha escrito algunas páginas en él, no precisamente gratas, y por él entraron en la ciudad cosas que no eran las que se esperaban al levantarlo: el asesinato, el saqueo y la destrucción a cargo de un ejército extranjero.

El 7 de junio de 1808, hace hoy 206 años, sobre este paso se libró la batalla que permitió al ejército napoleónico entrar en la ciudad y dejar una huella de sangre. Las tropas francesas avanzaban hacia por toda España hacia el Sur sin encontrar apenas oposición. Venían de Andújar. Córdoba tenía que ser una etapa más, y en realidad lo fue, pese a la oposición de los vecinos y de los soldados. El Puente de Alcolea era la entrada a Córdoba, la última estación por entonces del repliegue español. Allí llegaron en total 10.500 franceses, al mando del general Pierre-Antoine Dupont: 7.500 infantes y 3.000 unidades de caballería con sus cabalgaduras, además de 24 cañones en la mañana del 7 de junio de 1808, que desde la Reconquista había permanecido ajena a conflictos bélicos en su territorio.

Las fuerzas que les hicieron frente eran muy pocas: 3.000 soldados y doce cañones. Muchos ni siquiera eran soldados, sino civiles que querían evitar la invasión. Aún así consiguieron frenar de forma relativa la invasión por un tiempo durante esa mañana, pero poco. El informe de bajas así lo dice: cayeron 200 españoles frente a 140 franceses en la batalla propiamente dicha. Pero el horror no hacía más que comenzar. A partir de ahí, los invasores sembraron la ciudad de muerte: asesinaron a las personas que encontraron armadas en Alcolea y avanzaron hacia el núcleo urbano de Córdoba.

La ciudad estaba entonces amurallada y las puertas cerradas, y desde la casa del juez de paz Pedro Moreno, junto a Puerta Nueva, salieron los primeros disparos hostiles, que según algunos autores desencadenó una respuesta muy cruel de los invasores. Eran poco más de las dos de la tarde. Los franceses entraron enseguida con lo habitual de todos los ejércitos en la época: asesinatos, violaciones y saqueos, empezando por Pedro Moreno y su familia. Ni siquiera el convento carmelita de Santa Ana se libró, como tampoco los del Carmen y Madre de Dios y las iglesias de Santa Marina o San Agustín. 

Los franceses estuvieron en Córdoba hasta el 16 de junio, aunque les dio tiempo a presidir la procesión del Corpus, en aquel momento la más importante de la ciudad. Luego vino la Batalla de Bailén, la primera derrota en tierra del ejército napoleónico, y más tarde volverían, en 1810, aunque con menos sangre.