Harinas contaminadas,      legalidad incinerada
Los piensos elaborados de manera ilegal son comercializados para acabar alimentando a ganado - V. MERINO

Harinas contaminadas, legalidad incinerada

Los últimos casos de almacén ilegal de restos de animales enfermos en la provincia traen a primer plano el riesgo para el hombre, avalado por expertos que, no obstante, relativizan la alerta

B. LÓPEZ
Actualizado:

La inmovilización por la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía, avanzada por ABC, en Santaella de un almacén clandestino de la empresa Dasy con 642 toneladas de harinas contaminadas de categoría 1, procedentes de animales enfermos y no aptos para consumo humano, inquieta hasta al consumidor más impasible. El almacén irregular de restos similares en una planta sin autorizacón de Villanueva del Duque que debía ser para biomasa de forraje, añade más preocupación. El Seprona está analizando las muestras y recavando informes. Otro juzgado, como en el caso anterior sucede con el de Osuna, investiga. El riesgo reside en que piensos de ese tipo hayan servido para alimentar animales, lo que implicaría un riesgo para la salud humana al entrar en la cadena alimentaria. Veterinarios como el prestigioso Juan José Badiola, otros expertos y ganaderos analizan para ABC las distintas vertientes de este controvertido asunto.

El origen

El control de los restos animales se extremó a partir de 2000 en España tras el «mal de las vacas locas», que es un tipo de encefalopatía espongiforme mortal, provocada por un prión (proteína infecciosa). Y eso no ha cambiado a día de hoy. Un veterinario cordobés con muchas horas de campo, que prefiere el anonimato, separa el grano de la paja, llena de conceptos que a la mayoría le suenan a chino y le inquietan, como Sandach o MER.

Recuerda que hay una normativa que fija cuáles son los restos animales que pueden ser considerados Sandach de categoría 1 (Subproductos de Origen Animal no Destinados a Consumo Humano). Su único destino es la «destrucción», avisa directo.

Se trata, relata, de animales fallecidos que se certifique o se sospeche que sufrían enfermedades como brucelosis, tuberculosis, peste porcina o encefalopatías —«mal de las vacas locas»—. Se incluyen, sigue, en esa categoría los animales muertos en circos, zoos, clínicas veterinarias o sometidos a experimentación. Se añaden a la lista los rumiantes fallecidos en el campo.

Entre los animales sanos, en el vacuno, por ejemplo, también se catalogan como Sandach-1 partes como su columna y su cráneo. No en vano, entre los tejidos de mayor riesgo —denominados Materiales Específicos de Riesgo (MER)— para la transmisión del «mal de las vacas locas» están el cerebro y la médula espinal.

Este veterinario advierte de que unas harinas hechas con material 1 —como las halladas en Santaella— no se pueden mezclar con otras producidas a partir de material o categoría 3 —como carcasas o cabezas de pollo o tendones de vacuno, que vienen de animales sacrificados y aptos para el consumo humano, y con los que sí se pueden elaborar piensos—. «Puedes causar enfermedades», advierte.

No en vano, un juzgado de Osuna investiga si la empresa Dasy, allí asentada y con permiso de la Junta para incinerar restos en mal estado, usó Sandach-1 para engordar Sandach-3 y maximizar el beneficio.

El proceso correcto

El catedrático de Sanidad Animal de la Universidad de Córdoba y presidente del Colegio de Veterinarios, Antonio Arenas, explica cuál es el proceso sujeto a legislación que deben seguir los subproductos animales no destinados al consumo de las personas. En el caso de los Sandach que se generan en los mataderos, hay en ellos unos contenedores estancos para cada una de sus categorías.

En cuanto a las vacas, cabras u ovejas que fallecen en el campo, explica, se dan de baja en el sistema de identificación de animales de ganadería (Sigal) y «deben ser destruidas inmediatamente». Y el resto del proceso, como «vehículos de transporte a utilizar; los depósitos y los tratamientos están sujetos a normativa». Así, por ejemplo, la legislación autonómica recoge que los autorizados para trasladar cadáveres deben hacerlo en vehículos que, entre otras muchas cuestiones, tengan una caja de carga estanca o un dispositivo de desinfección automático en dicha caja de carga.

Los cuerpos o restos animales considerados más peligrosos deberán ser trasladados a puntos de almacenamiento o plantas incineradoras o transformadoras, que deben tener su autorización y estar registradas. Es el caso de la de Osuna. Pueden ser destruidos sin más o convertidos en combustible para producción de biogás o cementeras.

Riesgo para los humanos

El presidente de los veterinarios cordobeses señala que son «muy lógicos» los motivos por los que no debe acabar en el plato un animal que haya consumido harinas elaboradas con restos de ejemplares muertos en el campo o con cráneos o columnas de vaca. Y es que hay «agentes transmisibles que no se destruyen habitualmente mediante una cocción normal, como los priones, que generan enfermedades neurológicas».

Apunta que, por ello, «pudiera ser» que hubiera un problema de «encefalopatías espongiformes». Añade que «por regla general no hay riesgo de transmisión» de otras enfermedades animales con esas harinas, como puede ser la tuberculosis, aunque «ante estas prácticas, la Justicia debe actuar».

Arenas insiste en que «los priones suponen básicamente» el principal riesgo de los elaborados hechos con Sandach-1. Aunque inmediatamente lanza un mensaje de calma y es que, advierte, hoy existe un sistema de diagnóstico de enfermedades por priones que hace «muy complicado» que lleguen residuos animales a una planta de tratamiento «sin que salga que tienen» esas patologías.

De hecho, prosigue, «quitaría importancia sanitaria» a este tipo de hechos y se la daría a «irregularidades comerciales cometidas por desaprensivos». Reitera que es «muy complicado» que esas harinas lleven priones. Añade que hay una «muy buena trazabilidad» (sistema de seguimiento de sus pasos) de los subproductos animales no destinados a consumo humano. Y cree que «está asegurado» que restos de animales enfermos no salten a la cadena alimentaria humana, más allá de que se puedan hacer cosas ilegales, que «no es lo normal».

El presidente del Consejo General de Colegios Veterinarios de España y máxima autoridad nacional en el «mal de las vacas locas», Juan José Badiola, se mueve en parámetros similares a los de Arenas. Considera que estos casos de harinas contaminadas «no deben despertar la alarma» entre los ciudadanos, aunque, avisa, sí «deben evitarse para eludir cualquier riesgo». Badiola recuerda que la legislación, «basada en informes científicos» y que parte de la UE, fija que los productos Sandach-1 no acaben en el plato de las personas, porque eso «podría suponer un riesgo» para la salud.

Explica que estas harinas pueden provocar en el ser humano «diversos tipos de problemas infecciosos y no hay que descartar contagios tóxicos». Y profundiza al indicar que «el principal problema de estos piensos podrían ser los priones». Ahora bien, suscribe el posicionamiento del presidente de los veterinarios cordobeses en el sentido de que es difícil, con los controles existentes, que esas proteínas que generan encefalopatías espongiformes acaben, vía esos piensos contaminados, en el ser humano. De hecho, indica que «no necesariamente contraería una enfermedad» quien comiera carne de animales alimentados a partir de Sandach-1. Pero reitera que «se trata de evitar riesgos».

De hecho, Badiola resalta que «España es uno de los países que goza de un más alto nivel de seguridad en los alimentos». Cree que sucesos como los conocidos estos días son «absolutamente minoritarios», aunque defiende la necesidad de que se cumpla la legislación sobre restos animales para «tratar de evitar los riesgos en el cien por cien».

De hecho, defiende que la Junta ha obrado de «manera correcta» en el caso del almacén de Santaella. «Opera preventivamente para evitar males mayores», reflexiona. Hay que recordar que inmovilizó 642 toneladas de harinas de Sandach-1, pues no estaban en unas instalaciones autorizadas. «Es que eso no puede estar en el almacén de tu casa. Los almacenes están perfectamente regulados», concluye.

La profesora de Higiene y Gestión de Alimentos de la UCO, Salud Serrano, también es categórica acerca de los riesgos que implican estas harinas. Explica que son piensos que incluyen a animales muertos que no han sido destinados a sacrificio y los ve «un peligro inminente».

Incide en que «hay una prohibición» en este sentido por «el alto riesgo de transmisión de enfermedades». Confirma que el principal problema de este tipo de piensos estriba en los priones. Y recuerda el origen del «mal de las vacas locas». Sucedió, sigue, «por un tratamiento defectuoso de ovejas muertas de scrapie [un tipo de encefalopatía espongiforme] que se destinaron a alimentación de vacuno». «Y el agente patógeno salto del ovino a las vacas, y de éstas, al hombre», reflexiona. También defiende el sistema de control de la seguridad alimentaria español y andaluz.

El negocio

En torno a la gestión de estos restos, hay también una actividad económica. Por ejemplo, para los propietarios de los animales es obligatorio su retirada cuando mueren en el campo. Varios ganaderos explican que, para hacer frente a ello, lo habitual es que tengan un seguro para dicha retirada y la destrucción de los cuerpos. Éste se realiza con Agroseguro —entidad con participación pública y de aseguradoras—. El seguro es básico ya que, recuerdan, «lo normal en un centro ganadero es que en un año muera el 4% ó 5% de la cabaña por causas naturales».

¿Y por cuánto sale? Pues, a un propietario con un centenar de cabezas de vacuno le suponen 499 euros anuales. Otro, también con cien animales pero de porcino, paga un recibo de 544 euros. Los ganaderos se quejan de que este seguro es «caro» y de que desde hace más de dos años la Junta ya no lo bonifica. El Gobierno central sí mantiene sus ayudas que son una parte variable del recibo. La otra opción es no tener dicho seguro y pagar por cada retirada individual de animal. Pero es muy cara. Que se lleven una sola vaca de una explotación sale por 250 euros, la mitad de un seguro. Agroseguro ha pasado a prestar el servicio de recogida de animales con las firmas Render-Barrueco y Dasy.

Luego hay otra pata del negocio, las labores de almacenamiento, destrucción o transformación de estos residuos, también son subvencionadas. De hecho, la Junta dio medio millón de euros a Dasy y otro medio millón a Render Grasas, las empresas sevillanas investigadas ahora por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 1 de Osuna por usar presuntamente cadáveres de animales enfermos para hacer harinas y grasas destinadas a piensos de pollos, vacas, cerdos y animales de compañía.