Una rumana pidiendo en la calle con su bebé en brazos
Una rumana pidiendo en la calle con su bebé en brazos - RAFAEL CARMONA
Reducción del 40 por ciento

Los casos de mendicidad con menores pasan de veinte a ocho

Ayuntamiento y Subdelegación destacan el trabajo «de calle» con las madres

DAVINIA DELGADO
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La estampa que se había reproducido de forma significativa por diversas zonas de la ciudad de mujeres de nacionalidad rumana mendigando con sus hijos en brazos o de la mano, parece haberse disipado. Así, frente a la veintena de casos contabilizados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad antes del verano, la cifra se han reducido a ocho, un 40 por ciento menos, según confirmó a este periódico la concejala delegada de Servicios Sociales del Ayuntamiento, María Jesús Botella. La edil aseguró que «está calando el trabajo que se está llevando a cabo con estas personas, sobre todo, a través de la unidad de calle del Consistorio», si bien reconoció que «también es cierto que durante el periodo estival, la mendicidad con menores también suele bajar», manifestó.

En este sentido, recordó la labor municipal que se desarrolla mediante un programa destinado especialmente a la integración de menores en situación de exclusión. Incluye, entre otros, un servicio de estancia diurna infantil, ubicado en la antigua Escuela Municipal, que ofrece ayuda para la incorporación progresiva al sistema educativo y una unidad de intervención social de calle, que localiza a niños y niñas sin escolarizar, y asiste a las progenitoras en lo que necesiten, prestándoles ayuda en las gestiones precisas para formalizar la escolarización de sus vástagos.

En la misma línea se pronunció el subdelegado del Gobierno en Córdoba, Juan José Primo Jurado, que apuntó que «según informes actuales, el problema de la mendicidad infantil ha registrado un notable descenso en los últimos meses».  En este sentido, el representante gubernamental quiso destacar «la excelente labor que está llevando a cabo el Ayuntamiento a través de su servicio de estancia diurna par la concienciación de los usuarios. Todas las administraciones implicadas estamos en permanente contacto para mejorar estos índices y mantener lazos de colaboración en todo momento, recordando que la mendicidad infantil no es tanto un problema de seguridad como un asunto social». Así, recordó que «por sentencia dictada por el Tribunal Supremo no se considera ilícito penal pedir limosna acompañados de menores de edad».

A principios del pasado mes de julio, el Ayuntamiento de Córdoba, la Subdelegación y la Policía de la Junta mantuvieron un encuentro para aunar esfuerzos y buscar soluciones contra la mendicidad infantil. En la reunión se acordó, entre otras cuestiones, abrir un debate con distintos colectivos sociales para decidir acciones para erradicar esta práctica.

La premura por buscar soluciones llegó tras la denuncia pública y ante la Fiscalía que hizo en abril la Asociación para los Derechos del Niño y de la Niña, Prodeni, «contra la utilización de niños» rumanos de etnia gitana por parte de mujeres de la misma nacionalidad en Córdoba para ejercer la mendicidad. Para este colectivo, tal y como dejó reflejado en su demanda, Córdoba «ostenta el dudoso mérito de ser la capital de la mendicidad que utiliza a niños como gancho».

En su escrito ante el Ministerio Público, la ONG aseguraba que la capital es «el único lugar de España donde tal práctica persiste, mientras crece el malestar de vecinos, comerciantes y visitantes, que achacan falta de interés de las autoridades e inoperancia policial» para acabar con estas situaciones, de las que, según detallaba Prodeni, también son «víctimas madres adolescentes de entre 13 y 16 años» e igualmente menores que «llegan a trabajar de aparcacoches».

Denunciaba, igualmente, que «los niños gitanos rumanos sufren una clara discriminación, aunque peor lo tienen las niñas», pues «se ha constatado que aproximadamente hasta los ocho años de edad no hay diferencia de género entre los menores que llevan las madres con ellas a pedir, pero que partir de esa edad desaparecen los niños y solo se ven niñas, porque a ellas les corresponde manejarse y aprender unos hábitos que ejercerán muy pronto por si mismas en su papel de mujeres y de madres. Los niños quedan destinados a ejercer su rol de varones».

La significativa reducción de casos ha sido aplaudida por este colectivo. Su portavoz, José Luis Calvo, apuntó a ABC que «nosotros también hemos podido constatar que ha bajado el número de mujeres que mendigan con sus hijos», si bien «habrá que confirmar que se trata de un hecho cierto, que las medidas tomadas por las administraciones han surtido efecto, una vez comience el periodo navideño, cuando hay repuntes de estos casos».

En esta línea, y  sin dejar de reconocer que se trata de una «buena noticia», Calvo apuntó que «no sabemos qué medidas nuevas ha adoptado el Ayuntamiento o si todo esto es el resultado del anuncio que se hizo en julio de afrontar el problema, es decir, si es un efecto disuasorio derivado de la denuncia que interpusimos y de la prodigada intención de las autoridades de acabar con la mendicidad».

Desde el punto de vista del portavoz de Prodeni, este «hecho crónico» se ha debido, en parte, a la «laxitud» de los poderes públicos justificado  en el «respeto a su cultura o tradiciones». De este modo, según puso de manifiesto Calvo, «nos preguntamos si las instituciones actuarían de la misma manera si quienes van sujetos e inmóviles durante horas en brazos de sus madres fuesen gitanos españoles o payos nacionales o inmigrantes» de otras nacionalidades.

Por su parte, desde la Asociación Cordobesa para la Inserción de Social de Gitanos Rumanos, Acisgru, se negó que la reducción registrada en el número de casos sea el resultado de una intervención efectiva y globar de las administraciones. «En estos momentos, la mayoría de las familias está en Rumanía. La mendicidad aminorará cuando las familias puedan subsistir por otros medios. Si no disponen de ningún tipo de ingresos tendrán que seguir medigando, con niños o sin niños. Es una hipocresía la distinción entre esas dos formas de conseguir su subsistencia».

En este sentido, consideran que «amedrentar a las mujeres amenazandolas con retirarles el cuidado de sus hijos es inhumano. Si de veras quiere la administración encargarse de los menores que se ocupen seriamente de las necesidades de la familia y así lo estarán haciendo también de ellos».