La ruptura pocas veces es real. Es habitual ver a los demandantes de divorcio salir abrazados de los bufetes
La ruptura pocas veces es real. Es habitual ver a los demandantes de divorcio salir abrazados de los bufetes - REUTERS
EL PULSO DEL PLANETA

Divorcios a la griega

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Para salir adelante y no perder su casa hipotecada, su trabajo estatal o evitar un destino distinto, muchas parejas solicitan el divorcio de común acuerdo

Todo comenzó en 2010, cuando llegaron los recortes, las reformas y los ajustes. Aumentaron los impuestos y se perdieron muchos empleos, tanto en el sector público como en el privado. Las consecuencias fueron dramáticas para gran parte de las familias griegas y, sobre todo, para lo jóvenes, que vieron cómo en pocos meses sus ingresos se reducían a casi la mitad.

Ahora, en los despachos de abogados del país cada vez se ven más parejas que solicitan el divorcio de común acuerdo. Lo curioso es que la mayor parte de ellas entran y salen abrazadas. Cristina Galanopulu, una abogado ateniense, lo ha explicado en el diario «Kathimerini»: «La gente intenta sobrevivir de cualquier forma. Ahora mismo no se considera como cualificación tener una licenciatura, sino la custodia de los hijos».

Ello se debe a que, hasta el año 2010, los empleados estatales (no todos ellos funcionarios y muchos con contratos temporales renovables) vieron cómo se derrumbaba el mito del trabajo para siempre: al menos un 20% perdieron sus empleos y todos vieron sus ingresos reducidos entre el 10 y el 30 por ciento. Otros se vieron en la lista de despidos tras un año cobrando el 60% de su sueldo. En esa lista se excluían a las familias monoparentales, así que una manera de evitar o retrasar un posible despido, especialmente en el caso de las mujeres, era solicitar el divorcio y tener legalmente la custodia de los hijos.

Otra ventaja de este divorcio de común acuerdo, especialmente en el caso de los militares, policías, bomberos y otros cuerpos del Estado, es no cambiar de destino. El traslado de uno de los cónyuges supondría vivir a muchos kilómetros, a veces a una isla lejana, y eso requiere más gastos: alquiler de vivienda o compartir con otro colega, regresando a la vida de solteros y viendo solo a los hijos los días libres y las vacaciones.

Además, el divorcio puede salvar la casa de muchas familias, que, además, utilizaron como garantía ante el banco otras propiedades de sus parientes. En Grecia se aprobó una ley con la que no se permitían los desahucios de las viviendas principales, algo que ha protegido a todos hasta ahora. Y a partir de ahora sí se permiten, aunque con condiciones. Si el juez ve que los cónyuges están divorciados, o en proceso de ello, y en la casa viven menores se paraliza el desahucio hasta que se dividan las propiedades familiares, ganándose tiempo para encontrar una solución. De esta forma, se pueden «salvar» no solo el apartamento o casa familiar, sino también la que se ha utilizado como aval bancario, frecuentemente la de padres o parientes cercanos.

Para la renta

El documento del divorcio ahora también es necesario para presentar declaraciones de renta por separado, lo que favorece a muchos profesionales liberales. Una demanda de divorcio cuesta como máximo 400 euros y vale para todo. Cuando llega el momento de presentarse ante el juez, con frecuencia un año más tarde, se puede pedir un aplazamiento o bien retirar la demanda…

A quien más afectan estos divorcios es a la Iglesia Ortodoxa griega: representa a la religión estatal (no existe aún la separación entre Iglesia y Estado, algo que exigen los radicales y otros partidos de izquierda) y es partidaria del matrimonio. Sin embargo, el padre Yanis comenta con pena: «Divorciarse para solucionar problemas materiales está mal. Y mentir, peor todavía. Pero a las familias griegas lo que más les importa ahora es sobrevivir».