PRETÉRITO IMPERFECTO

Educación con tilde

Corrupción y educación «gastan» la misma tilde; con la primera hacemos la vista gorda, pero con la segunda somos implacables

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La Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, el único gobierno que piensa en las personas (desconocemos de qué tipo) y no en los recortes, ha instado a los docentes a que ahorren dinero dejando de usar tildes en aquellos mensajes que envían a los padres a través de la plataforma digital creada («Pasen», se llama) para informarles de sus hijos. La transferencia de datos en soporte digital cuesta dinero, oiga. Una directriz tan surrealista como hiriente y vergonzante no podría tener cabida en otro territorio que no fuera éste. Ni con otro poder omnímodo que no fuera el de un partido-régimen que ha demostrado con creces cómo hay que cargarse un sistema educativo en todos sus rincones. Principio irrenunciable para otro tipo de personas y sistemas, prescindible y secundario para el perfil en el que pone sus sentidos este aparato gobernante hacia el modelo social que más le interesa.

El PSOE le ha puesto la tilde a la educación en Andalucía. No me malinterpreten. Ha tildado como no cabría nunca pensar la manera de formar e instruir a sus jóvenes generaciones. Le ha impuesto mancha y nota denigratoria hasta rebajarla a la «cosa mínima» que el Diccionario de la Real Academia —obra de referencia en la mesita de noche de esta dirigencia— establece como tercera acepción de esta virgulilla convertida en el enemigo número uno de la Hacienda autonómica y los ideólogos ejecutantes del sistema propagandístico. Este minúsculo rasgo ortográfico ha sido capaz, sin quererlo, de ofrecer la verdadera catadura de una grandilocuente clase dirigente abonada a la máxima de «cuanto peor, mejor».

Ante semejante disparate, ¿qué pueden hacer ya unos maestros y profesores ninguneados de forma continuada? ¿Cómo pueden suspender a un alumno por faltas de ortografía si el sistema le obliga a emplearlas para comunicarse con los padres por un mero imperativo economicista...? Llegará el día en que estos iluminados admitan que el amputado lenguaje de los móviles sirva para redactar un examen donde no tildar a las discapacitadas palabras dé puntos, ya que, en el fondo, se estaría promoviendo la capacidad ahorradora de los escolares para cuando tengan una empresa fuera de Andalucía o cuando hagan cuentas de su paupérrima economía doméstica tras certificar su tarjeta del paro cada principio de mes.

Esa realidad andaluza, la calle y sus problemas, en la que dice estar concentrada la señora Susana Díaz para eludir hablar del guirigay político de su partido —por cierto, el mismo que ha mutilado las vocales de su líder—, y esos colegios a los que visita para sacar nota en propaganda, muestran día a día las vergüenzas de un sistema donde los padres acabamos comprando paquetes de folios porque los docentes no tienen ni para fotocopias. O tenemos que pasar las páginas de los libros «gratuitos» con pinzas de arqueología para que no se haga papilla el libro de texto que llevan lustros sin renovar. O tenemos que hacer rifas y malabarismos para comprar un aparato de aire acondicionado, una pizarra digital por cada cuatro clases o andar a la gresca con los comedores de cátering para que no escatimen más lentejas por alumno y algún día tengan la bendita suerte de repetir plato. Imparables.

¿Cuántas tildes podríamos poner con el dinero perdido del latrocinio de los ERE, los cursos de formación, los Invercaria, la concertación social, los observatorios del mangoneo y las agencias del mangazo...? Corrupción también lleva tilde..., como educación. Con la primera tilde hacemos la vista gorda; con la segunda, somos implacables.