Centenario de un año que cambió Córdoba
La plaza de las Tendillas y la estatua del Gran Capitán cumplen 100 años como iconos de la evolución de la ciudad y su corazón urbano
Un siglo del germen de la plaza de Las Tendillas de Córdoba

Se cumple el centenario de un año mágico para Córdoba, 1923. En él se inició la construcción de la plaza de las Tendillas, concebida, como es hoy, para ser el centro de Córdoba y transformar urbanísticamente su entorno. Y ese año se inauguró nuestra estatua más emblemática, la del Gran Capitán, que pocos después se reubicaría en la nueva plaza.
A principios del siglo XX nada quedaba en la futura plaza de las Tendillas de los dos principales edificios que se alzaron allí desde la Baja Edad Media: un pequeño hospital y, sobre todo, las casas principales de la poderosa Orden de Caballería de Calatrava, que ocupaban parte del actual centro, entre las calles de la Plata, Duque de Hornachuelos y Jesús y María.
Tras su desamortización, el antiguo convento calatravo era un enorme solar tapiado, que la gente llamaba de la Encomienda. En los muros se fijaba todo tipo de cartelería, tanto de espectáculos teatrales como de publicidad. La razón de este espacio publicitario venía del hecho de que, aunque en una zona más reducida que tras la futura reforma, ya era un lugar de tránsito y aglomeración por las tiendas pequeñas (de ahí el nombre popular de Tendillas) que desde los siglos XVII y XVIII comenzaron a florecer en este entorno: aguaduchos, sastrerías, zapaterías, restaurantes, tiendas de chucherías, bares, también baratos, fondas y relojerías.
Cambió su nombre, que tomó por sus tiendas pequeñas, por el de la República en 1931, luego por el de José Antonio y volvió a las Tendillas en la democracia
El primer proyecto para la creación de la plaza de las Tendillas proviene de un decreto de la Alcaldía de 1895. Sin embargo, debido a los problemas económicos del Ayuntamiento, este tema no volvió a replantearse hasta el año 1902, postergándose de nuevo hasta 1907. El principal obstáculo para su construcción era el Hotel Suizo, que ocupaba el centro de la futura plaza. La historia de este importante establecimiento cordobés se remonta a 1860, cuando tres industriales helvéticos, los hermanos Nicolás, Fester y Ambrosio Putzi, tras reunir una fortuna trabajando en Córdoba, decidieron invertirla en construir una fonda que rivalizase con las mejores del país.
El Hotel Suizo fue una realidad en 1870. Se alzaba sobre una parte del espacio de las antiguas casas de la Orden de Calatrava e incluso reutilizó material de éstas, como las columnas y capiteles que ubicó en su patio, material que, a su vez, los calatravos habían tomado de casas musulmanas, conservando los capiteles del Suizo aún inscripciones islámicas.
El Hotel era de lujo. Amplias habitaciones con elevados techos, extensas galerías, escaleras de mármol y un gran comedor. Le faltaron cuartos de baños en las habitaciones y un sistema de calefacción moderna, servicios de los que, sin duda, se habría dotado en caso de no haber sido derribado en 1923. En el Hotel, se alojaron la infanta Isabel de Borbón, la princesa Beatriz de Battenberg y el rey Leopoldo de Bélgica, al tiempo que su comedor era escenario para numerosos y lujosos banquetes.
El precio
Tras varios años de negociaciones, los propietarios del Hotel Suizo acordaron su venta al Ayuntamiento por 560.000 pesetas. En 1923 se derribó para al poco presentar el proyecto de la nueva plaza de las Tendillas -oficialmente de Cánovas- bajo proyecto del arquitecto municipal Félix Hernández y comenzar las obras. Así nacieron poco después las calles Claudio Marcelo y Cruz Conde y rápidamente las Tendillas se fue dotando de grandes inmuebles.
El arquitecto municipal Félix Hernández fue el encargado de redactar elproyecto de obras de la céntrica zona de encuentro
En 1926 se alzó la imponente casa de Marín Fernández, de estilo Art Déco, con esquina a la calle Gondomar, diseño de Enrique Tienda. Entre 1926 y 1927, Benjamín Gutiérrez Prieto levantó el edificio de la Unión y el Fénix Español. En el mismo año se construyeron los edificios de la Central de Teléfonos y la Casa Colomera, obra de Ramón Aníbal Álvarez y Félix Hernández, respectivamente, hoy transformada la segunda en hotel de lujo.
También de 1928 data el edificio Siena, obra de Aníbal González, el autor de la plaza de España en Sevilla. Y en 1927, se reubicó allí el monumento al Gran Capitán. En 1931, la plaza cambiaría de nombre por el de República, luego por el de José Antonio, retornando al de Tendillas con la democracia. En 1999 se sometió a unas reformas que la hicieron peatonal.
El monumento a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, se inauguró el 15 de noviembre de 1923. La idea surgió en 1909 de Antonio García Pérez, cordobés, capitán y profesor de la Academia de Infantería de Toledo, abogando por la celebración en 1915 en Córdoba del IV Centenario de la muerte del Gran Capitán y la construcción de un monumento. A principios de 1915, el Gobierno adjudicó la celebración del Centenario a Córdoba, en disputa con Granada. Y el 13 de febrero de ese año el alcalde Enríquez Barrios firmaba con el prestigioso escultor Mateo Inurria el contrato. Su ubicación en 1923 fue en la glorieta de la confluencia del bulevar del Gran Capitán con la avenida de Canalejas (hoy Ronda de los Tejares).



Al poco tiempo, se comprendió que su emplazamiento dificultaba el tráfico y, para entonces, había surgido uno nuevo e ideal: la plaza de las Tendillas, el centro emblemático y moderno de la nueva Córdoba. El traslado se produjo en 1927, convirtiéndose don Gonzalo, desde entonces a hoy, en testigo de los principales acontecimientos políticos y sociales.
El monumento es impresionante. Sobre el granito rojo del pedestal aparece en su lado frontal el escudo de los Reyes Católicos, a los que el Gran Capitán sirvió desde 1481 lealmente, como ejemplo de primer general de la Edad Moderna. En el lado posterior aparecen los escudos de Córdoba, capital y provincia, con la inscripción «Córdoba, casa de guerrera gente y de sabiduría clara fuente». En la parte superior campea una cenefa con los nombres de sus victorias y conquistas: Garellano, Ceriñola, Nápoles, Atella, Cefalonia, Ostia.
La cabeza no es de Lagartijo
La figura está realizada en bronce, a excepción de la cabeza de mármol blanco, para contrastar y dar más expresión. A pesar de la leyenda cordobesa, es falso que la cabeza sea de Lagartijo, pues el mismo Inurria labró un busto del torero cordobés que nada tiene que ver. Así describe Bernardino de Pantorba la escultura: «El invicto personaje aparece grave y erguido, gallardamente aplomado en su silla de montar. Viste primorosa armadura y lleva en la diestra la bengala de mando. En su cabeza una corona de laurel. Del lado izquierdo pende su hermosa y victoriosa espada. El caballo, corcel andaluz de poderosa estructura, esbelto y fino, ancho de pecho, de abultado vientre, redondeada grupa, delgadas patas y cola recogida en elegante rabera, marcha al paso: paso seguro y tranquilo».
En 1923, el 13 de septiembre, ante la anuencia por los graves problemas del país, comienza en España la Dictadura de Miguel Primo de Rivera. Su hombre de referencia en Córdoba, José Cruz Conde, será alcalde entre 1924 y 1926. Tendrá visión de ciudad: impulsará toda la transformación urbanística del centro urbano; la construcción del pantano del Guadalmellato, vital para el abastecimiento de agua a Córdoba; la construcción de un alcantarillado general; pavimentación de numerosas calles, urbanización de plazas, colocación de árboles por calles y avenidas; ampliación de jardines y del alumbrado público; y logrará del Gobierno un Real Decreto que da reconocimiento oficial y protección a la zona histórica-artística de la ciudad, garantizando la conservación de sus inmuebles históricos, que no sufrirán las devastaciones especuladoras de otras ciudades.
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