Los jugadores y dirigentes llegan al estadio tras el descenso en Las Palmas
Los jugadores y dirigentes llegan al estadio tras el descenso en Las Palmas - Álvaro Carmona
BALANCE

Siete formas de explicar el descenso del Córdoba a Segunda B

Los rectores blanquiverdes han cometido siete pecados capitales para caer en la división de bronce

CórdobaActualizado:

Desde hoy comienza una nueva parte de la historia del Córdoba CF, que cierra una etapa de dos décadas casi completas consolidado en el fútbol profesional. El meteórico descenso de Primera a Segunda B en solo cuatro años conduce al club a un futuro incierto. Hay muchas causas y muy variadas de un batacazo que obligará a la entidad a realizar un cambio drástico en su día a día. El cordobesismo volverá a sufrir las consecuencias del amateurismo, que es mayoría en la división de bronce. ¿Cuáles son los motivos que han provocado el descenso a Segunda B?

Nula planificación

El presidente y máximo accionista del Córdoba, Jesús León, no tuvo un proyecto, un modelo o un guion que seguir en ningún momento. Las actuaciones del empresario de Montoro solo pueden entenderse desde un contexto de simple supervivencia personal y colectiva. Sin más. Sin pensar en el pasado, en el presente ni en el futuro. La única meta era la salvación, aunque sin un plan establecido para conseguirlo.

A golpe de timón. De superar cada tempestad. Con una visión excesivamente cortoplacista. Sin ver (o querer ver) jamás el tsunami que tenía en sus narices. Aún hoy todavía hay quien se resiste a verlo, a pesar de las evidencias e incluso del descenso a Segunda B. Sin modelo de gestión, sin filosofía de club y sin estilo fijo para definir las elecciones de técnicos y los jugadores ideales para llevarlas a la práctica, el naufragio del Córdoba ha sido descomunal.

Límite salarial

Impuesto desde LaLiga por la normativa aplicable de Control Económico, el límite salarial ahogó las opciones de realizar una plantilla competitiva. Eso sí, la responsabilidad no puede asumirla Tebas, sino exclusivamente los que provocaron la situación sin controlar las consecuencias durante la pasada temporada, entre los que León asumió el protagonismo principal desde el 19 de enero. Una salvación, por milagrosa que fuere, no puede justificar que el presente y el futuro haya quedado tan hipotecado.

De hecho, León no movió ni un dedo entre las opciones que tenía para mejorar el límite salarial durante el curso. Había seis fórmulas, que establece la normativa para conseguirlo. Descartó o no consiguió usar ninguna. Entre ellas, la ampliación de capital. Curiosamente, una de ellas es la venta de jugadores. El club traspasó a cuatro en enero. Sin embargo, no creció su tope. El club jamás ha querido explicar por qué. Se limitó a justificar que se aumentaría en la próxima campaña (no lo hará tampoco porque estará en Segunda B).

Falta de calidad

Sin plan y sin recursos para ejecutarlo era prácticamente imposible que la temporada acabase bien en El Arcángel. Con todo, los responsables deportivos encontraron siempre obstáculos para realizar su trabajo en condiciones óptimas. Solo pudieron elegir entre jugadores sub 23 o por el salario mínimo. Además, con una imagen degrada de la entidad que dificultaba las operaciones. Hasta Francisco Rodríguez, el entrenador elegido para tomar las riendas del equipo, se marchó del club antes de comenzar la temporada ante la certidumbre de que no le habían contado la realidad del proyecto. La dificultad fue máxima para elegir jugadores. El mérito fue convencer al menos a 18 profesionales, pero el vestuario solo pudo contar con ellos con la Liga ya en marcha.

Sin soluciones en invierno

En enero, el Córdoba CF, pese a vender a Sergi Guardiola, Álvaro Aguado (que siguió cedido hasta el final del curso), Javi Galán y Sasa Jovanovic, tampoco se quitó las ataduras para fichar con libertad. Otro ejemplo de incapacidad en la gestión. Hubo cambio de cromos, pero nada más. La imagen fue a peor. Los refuerzos jamás rindieron para dar un vuelco la situación. El Córdoba tuvo una plantilla sin calidad suficiente para competir, responsabilidad de la incapacidad para mejorar la situación de sus gestores. Los siete fichajes de invierno no aportaron mejoría alguna al rendimiento colectivo del equipo.

Los impagos

Parece que ha sido un problema de los últimos meses. En concreto, de las tres nóminas que todavía no han cobrado los jugadores de la primera plantilla del Córdoba. Sin embargo, ha sido un «handicap» que ha enturbiado y salpicado casi toda la temporada la unidad de los trabajadores y jugadores. El club dejó de abonar a tiempo las nóminas de noviembre y diciembre. Lo solventó a final de enero. Ahora, acumuló las de febrero, marzo y abril. Han empezado algunos abonos, pero siguen los retrasos. En cinco de los ocho meses de competición, el club estuvo salpicado por los impagos de los salarios a sus empleados. Así, el rendimiento se hizo casi imposible.

Ruidoso silencio

El presidente, máximo accionista y consejero delegado del Córdoba CF, Jesús León, lleva cinco meses sin dar una rueda de prensa para dar explicaciones sobre la situación por la que atraviesa el club. Ni el descenso matemático a Segunda B, con la derrota por la mínima el domingo en Las Palmas (1-0), ha provocado una reacción por el empresario de Montoro. Más de 24 horas después de bajar de categoría, la afición blanquiverde no tiene una explicación del máximo responsable de la institución. De momento, el club ha pedido perdón por el descenso a través de un vídeo en las redes sociales. Sin embargo, desde el Córdoba detallaron ayer que la intención del presidente sigue siendo comparecer cuando la situación lo permita. Dará la cara en cuanto haya conseguido pagar todas las nóminas pendientes. Es la prioridad ahora mismo. Eso sí, el presidente mantiene su intención de comparecer para aclarar todas las cuestiones que sean susceptibles de conocer su versión.

Inestabilidad

Los compromisos económicos de León con el anterior propietario, Carlos González, o el finiquito pendiente con Luis Oliver han sido un foco constante de inestabilidad en la entidad blanquiverde. La respuesta de León al primer pago en julio ha condicionado las reticencias posteriores a su liquidez. Esa situación ha perturbado el día a día de la institución cordobesista.

La situación deportiva, además, ha sido un caldo de cultivo que, poco a poco, ha ido generando un notable desapego de la afición con el dirigente cordobés. La fractura social, una herida que parecía cerrada tras la marcha de González, ha vuelto a abrirse en canal esta temporada.

El futuro está marcado por el descenso, pero también por la obligación de León de dejar al club limpio de pagos a los jugadores a 30 de junio y consolidar la compra el 31 de julio.