Cultura
El Cordobés prepara sus memorias: «Manuel Díaz está encantado; soy su padre y él es mi hijo. En la vida hay que esperar a que llegue todo»
ENTREVISTA
El diestro promete que va a «contarlo todo, le duela a quien le duela» pero advierte «que lo voy a hacer con un cariño muy grande y sin querer aprovecharme de nada»
El ADN dicta sentencia: Manuel Díaz es hijo de El Cordobés
-¿Por qué se le ocurrió montar una fundación?
-A mí me ayudó mucha gente a ser torero y he aprendido que la vida no es un huevo que se echa a freír. Ahora yo que puedo hacerlo, pongo un dinero y voy a ayudar a esos chavales que están empezando, que no tienen ni para torear una vaca. A los ganaderos les cuesta mucho mantener una vaca. El 90 por ciento tiene que venderlas. Lo que yo hago es proporcionar a esos chavales esas vacas. Y ya están saliendo algunos como Manuel Román o Bocanegra que van para arriba. Yo los sigo, hablo con ellos, estoy pendiente. Cuando ya salen, seguimos con los más pequeños de nuevo, que empiecen… Y ahora voy a escribir mis memorias, voy a ir grabando recuerdos, muy tranquilo, para que después alguien le dé forma. Yo le doy el traje y la tela y luego él tiene que coserlo bien. Y estas memorias van también para la fundación.
-Que El Cordobés haga unas memorias tiene sus riesgos, porque debería contarlo todo, ¿no?…
-Tengo que contarlo todo.
-¿Y lo va a contar todo?
-Sí. (Silencio)
-¿Le duela a quien le duela?
-Le duela a quien le duela. Cuando haga esto, lo haré de verdad. Ya lo iremos viendo.
-No es sólo el torero, es la persona la que tendrá que hablar. Será Manuel Benítez quien hable del Cordobés…
-Por supuesto.
-¿Y por qué ha pensado en hacer sus memorias ahora? Siempre ha huido mucho del foco en su vida…
-Así es, pero llega ya el momento. Mis colaboradores me lo decían y no hacía caso. Pero llega el momento en que creo que el público tiene que saber lo que hay que pasar y luchar para llegar hasta aquí. Hay que contarlo. No sólo el toro, sino el traje por fuera que no se conoce que es el que quiero que la gente conozca. Lo voy a hacer con un cariño muy grande y sin querer aprovecharme de nada, para que quede ahí. Es una ilusión muy grande que tengo. Desde que fui con mi madre, que era cocinera, recién nacido en la Guerra Civil a Peñarroya, hasta hoy. Voy a contarlo todo.
-¿Y también va a hablar de los casos más polémicos, de Manuel Díaz, por ejemplo?
-El Díaz está encantado. El Díaz, ya mismo lo vais a ver. Yo soy su padre y él es mi hijo. En la vida hay que esperar a que llegue todo, eso está andando ya. Que no va a tardar en que lo veáis. En todas las familias ocurren cosas, entre padres e hijos. Pero cuando se llega a un buen puerto, hemos llegado y vamos a llegar, estamos cerquita. Mira mi hija Angelita también, soy su padre y está trabajando conmigo en mi oficina.
«A mis 86 años no me arrepiento de nada. Si en algo me he equivocado, no lo he hecho con mala fe. Y aquí estoy dispuesto a seguir navegando para adelante, con fuerza»
-Ha hablado del hambre, sus comienzos están muy marcados. ¿Qué da la cornada más peligrosa, el hambre, la traición o el amor?
-(Silencio). Ufff, madre mía. La tres, porque las tres las he conocido.
-Dentro de pocos días celebra los 20 años como Califa del Toreo en Córdoba. El único vivo, como si llevara en sus espaldas el peso de la historia de una ciudad como ésta con la Tauromaquia.
-Como he sufrido mucho, ahora me toca que algo me dé gloria. Y es una gloria muy grande. Aquí no me va a traicionar nadie. Ahora, no quiero volar tan alto. Estoy muy agradecido a Córdoba de tener esta suerte que me ha dado. He aportado lo que he podido y nos hemos acabado comprendiendo.

-Pero hay un obstáculo. El título de Hijo Adoptivo de Córdoba, parado en seco por discrepancias políticas en el Ayuntamiento. Usted ha sido, sin duda, la persona que ha paseado el nombre de esta ciudad por todo el mundo y con más eco. ¿Lo entiende?
-Es algo que no está en mi mano, son terceras personas y está en sus manos. Y ahí no puedo entrar. Las cosas que he hecho en Córdoba están ahí. Le pongo un ejemplo cercano: la estatua de Séneca que hay en la Puerta de Almodóvar la hice yo. El alcalde, Guzmán Reina [años 60], me lo pidió. Vino a la ciudad un congreso muy importante sobre Séneca, y el alcalde me pidió este favor, porque entonces no había ninguna estatua en la ciudad. Me costó entonces 250.000 pesetas. Y la plaza de toros, como algunas más, la cambié yo. Toreé en los Tejares, se hizo vieja, y fue en mi época cuando se hizo una de primera tan grande… Y luego el festival del cáncer…
-¿Y le extraña que no tenga usted mismo una estatua en la ciudad?
-Usted cree que va a haber dinero… (risas)
-¿Se arrepiente de algo, Manuel, con casi 86 años que va a cumplir?
-De nada. Si en algo me he equivocado, no lo he hecho con mala fe. Y aquí estoy dispuesto a seguir navegando para adelante, con fuerza.
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