REPORTAJE
La eternidad de 'El Quijote' vista por José Luis Muñoz
La editorial norteamericana Eaton Press publica una edición de la novela de Cervantes para coleccionistas con una serie de ilustraciones inéditas del artista cordobés
¿Aprendió Cervantes a leer y escribir en el colegio La Inmaculada de Córdoba?
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La editorial Eaton Press de Connecticut, en Estados Unidos, acaba de publicar una edición especial para coleccionistas del clásico de Miguel de Cervantes 'Don Quijote de La Mancha'. En principio, algo hasta cierto punto común e incluso razonable cuando se acerca un mes tan cervantino como abril, pues la novela ha sido traducida al inglés en cientos de ocasiones desde que Thomas Shelton lo hiciese por vez primera a inicios del sigloXVII.
El libro tiene sin embargo una particularidad: las ilustraciones que lo acompañan, que han sido realizadas en Córdoba, en el barrio de Huerta de la Reina, que es donde tiene su estudio el artista cordobés José Luis Muñoz Luque, uno de los grandes pintores figurativos de la actualidad.
Según explica el propio Muñoz a ABC, fue un encargo «inesperado», que llegó por un email de los editores norteamericanos, que habían conocido su obra por internet y les había gustado su forma de interpretar la mitología clásica desde una perspectiva contemporánea.
Manos a la obra
Tras alcanzar un acuerdo, Muñoz se puso manos a la obra. Aunque reconoce que el proyecto no encajaba del todo con lo que estaba haciendo en ese momento, explica que «siempre le ha gustado reinterpretar a los clásicos» y que su pintura tiene un punto de conexión con la ilustración.
«No es mi temática habitual, pero me apetecía redescubrir 'El Quijote', que es un libro que cambia según la edad con la que lo leas y que creo que se disfruta más cuando tienes cierta madurez y vivencias», explica el artista. Lo que le pedían los editores de Eaton Press eran 12 escenas de diferentes capítulos a su elección, salvo una obligada sobre la célebre escena de los molinos que Alonso Quijano confunde con gigantes.
«Leí la novela tomando notas y apuntes, creando una especie de 'story board'», explica. Al final, además de las 12 de ilustraciones, realizó también pequeños dibujos en blanco y negro que encabezan los capítulos.
Al terreno propio
José Luis Muñoz recuerda que lo primero que pensó es que tenía que llevarse el proyecto a su terreno. «Quería que tuviese una forma representativa de mi estilo pero a su vez representativa también de la imagen de El Quijote que todos tenemos en la cabeza», recuerda. Para documentarse, estuvo viendo las ilustraciones que se han hecho a lo largo de la historia y especialmente las célebres que el pintor francés Gustave Doré realizó en el siglo XIX. «Lo hice no sólo para inspirarme sino también para alejarme de lo que ya estaba hecho», explica Muñoz.
Si las escenas de Doré están tomadas desde lejos y de forma muy externa a los personajes, las de Muñoz optan justo por lo contrario y entran en primeros planos psicológicos y en escenas vistas desde la perspectiva de los personajes.
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Hay de hecho retratos de El Quijote, Sancho Pancha o Dulcinea «que miran directamente al lector como si estuviesen en comunicación directa», según explica el pintor. Tampoco faltan otros secundarios como Maese Nicolás el barbero o el sacerdote y licenciado Pedro Pérez. Para crearlos, el artista se valió también de un programa de videojuegos en tres dimensiones con el fin de poder rotarlos. Decidió inventar sus rostros y no utilizar a personas reales como suele ser su costumbre habitual.
Las escenas que finalmente decidió recrear el artista se extienden por las dos partes de El Quijote, desde el primer capítulo en el que se ve al personaje cervantino asomado a una ventana nocturna y evocando las aventuras de los libros. Otras incluidas son el pasaje en el que el posadero lo nombra caballero, otra sobre el yelmo de Mambrino, una de Quijote y Sancho avanzando por un camino, otra de Alonso Quijano con su caballo Rocinante o la estampa final de la muerte de Don Quijote con Sancho como compañero inseparable junto a su lecho mortuorio.
Ciencia ficción
También están los retratos mencionados y una espectacular estampa del caballo de madera Clavileño, en la que Muñoz reconoce que ha podido incluir más su estilo y pintar los resortes mecánicos y remaches que son tan característicos de su pintura, muy influenciada por la ciencia ficción y la fantasía.
El artista reconoce que una de las escenas más complicadas fue precisamente la de los gigantes y molinos, pues ha sido representada en diversidad de ocasiones y no era fácil acercarse a ella con cierta originalidad. Al final optó por situar a Don Quijote «justo antes de la embestida» y con los molinos al fondo, que de forma sugerida, onírica, se convierten en gigantes.
Muñoz reconoce haber disfrutado con esta experiencia a la que en los próximos meses quiere dar continuidad en Córdoba con una exposición de las ilustraciones originales. Será entonces la oportunidad de ver de cerca estas creaciones tan especiales que han permitido que el singularísimo mundo creativo de José Luis Muñoz conecte con la eternidad genial de Don Quijote. Todo gracias a la capacidad de un editor norteamericano que fue capaz de ver las conexiones de fondo entre dos mundos en principio dispares.
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