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CÓRDOBA ENTRE LÍNEAS

Pablo Gordillo, ermitaño: «El hombre ha sido creado para la vida eterna»

El religioso, que se formó en las Ermitas de Córdoba, dirige una nueva comunidad contemplativa en Hinojosa, la segunda masculina de Andalucía

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El ermitaño, en la dehesa en la que se construye el yermo ÁLVARO CARMONA
Rafael Aguilar

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Pablo Gordillo Cañas (Sevilla, 1958) acabó Derecho y empezó a estudiar unas oposiciones a Notaría. A los tres años, cuando tenía veintisiete, sintió que su vida iba por otro lado. «Me preparaba para la fe pública, pero pensé que nada había más importante que dar fe de que es Dios quien llena el corazón del ser humano: esto es un servicio a la humanidad», confiesa el ermitaño enmedio de una dehesa del corazón de Los Pedroches, entre Villaralto e Hinojosa del Duque, donde su orden, la de los Eremitas Camaldulenses de Monte Corona, prepara la fundación de la segunda comunidad contemplativa masculina de Andalucía -la única existente hasta ahora es la de Las Escalonias de Hornachuelos- y también la segunda de su congregación en España -la matriz se encuentra en la provincia de Burgos-. Él y otro religioso se alojan provisionalmente en la casa del párroco de Villaralto, a la espera de que finalicen las obras en el terreno cedido por la Diócesis, que a su vez lo recibió de la familia de un matrimonio asesinado durante la Guerra Civil y que está beatificado.

«En Burgos tenemos doce casitas, una por ermitaño, y hay nuevas vocaciones, por lo que había que buscar un nuevo lugar para instalarnos», señala. Para llegar al paraje en el que se asentarán en breve los miembros de la orden fundada en el siglo XII por San Romualdo -dos por el momento- hay que conducir desde Villaralto por la carretera secundaria que lleva a Hinojosa y, luego desviarse por un camino de tierra a veces impracticable para un turismo y en el que pasta y descansa el ganado a la sombra de las encinas. El nombre que recibirá la comunidad será el de Yermo de la Inmaculada Concepción, en homenaje a la patrona de la rama eremita a la que pertenece Gordillo, que en 2024 cumple medio milenio de existencia.

-En la película 'Libres', que retrata la vida contemplativa y que se ha estrenado con éxito hace un par de meses, aparecen testimonios de sus compañeros camaldulenses de Burgos. ¿Entiende usted que haya personas que crean que es una contradicción que se consideren libres quienes viven enclaustrados?

 -La libertad es hacer lo que realmente quiere uno. Y nosotros, desde nuestra fe cristiana, entendemos que lo mejor para cada uno de nosotros es lo que Dios quiere, que nos ha creado. Una vida como esta, como la contemplativa, puede parecer que significa perderlo todo, pero nosotros la entendemos como una liberación de todo lo que nos puede impedir el vivir centrado en lo que Dios quiere para nosotros. Es un poco la expresión clásica de San Agustín: «Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descansa en ti». Esta vida nos ofrece un marco para hacer lo que realmente buscamos, y no de una forma egoísta: lo hacemos porque pensamos que si hacemos lo que Dios quiere aportamos lo mejor a los demás. Esto es una experiencia de libertad. Tengo muy poco contacto con la vida de afuera, y si la tengo es por la familia, pero lo que veo es que afuera la gente está mucho más condicionada que nosotros. Esto no es una experiencia mágica ni ideal, pero sí una experiencia en el fondo de uno de cómo el estar en Dios es la plenitud humana en esta vida, porque la plenitud total es la que esperamos en la otra vida.

-¿Cómo alguien como usted, licenciado en Derecho, llegó un día a la conclusión de que lo mejor que podía hacer en la vida, para la de uno y para la de los demás, era encerrarse a rezar aislado en una casita en medio del campo?

-Se trata de una experiencia cristiana. En mi caso fue una experiencia humana de decir 'yo quiero más'. En aquel tiempo yo estaba bien relacionado, tenía una novia, yo la quería y ella me quería a mí, íbamos a casarnos, pero en el fondo pensaba que me faltaba algo. Le pedí a Dios que me diera luz para ver qué era lo que pasaba. A mí me ayudo mucho entonces el lema de Santa Teresa de 'Sólo Dios basta'.

El religioso, en su encuentro con ABC ÁLVARO CARMONA

-¿No echa en falta nada de afuera?

-No… Aquí tenemos una cierta relación con la familia... Lo que te queda es la vinculación con la familia, aunque nosotros no salimos para los acontecimientos familiares, y a veces te habría gustado estar presente.

-¿Todo el mundo debería retirarse de vez en cuando como un ermitaño?

-De vez en cuando, pienso que sí. A todo el mundo le puede ayudar. De hecho nosotros tenemos en nuestros monasterios hospederías, orientadas para estancias marcadas por la espiritualidad. Unos días de retiro en un monasterio pueden ser una ayuda muy buena para un creyente. El hecho de estar cerca de un grupo de personas que están encerrados exclusivamente por Dios es algo que les interrogará mucho más que un discurso.

-¿Qué respuestas encuentra usted en la soledad?

-Nosotros estamos siempre acompañados en nuestra soledad por la presencia de Dios, que nos quiere, que nos cuida, que quiere compartir nuestra vida. Renunciamos al contacto con los humanos para buscar el contacto con quien más puede responder al fondo del corazón humano.

-¿El otro puede ser el infierno?

-Sí. Sí. Sí. Pero quien no ama a su hermano al que ve no puede decir que ama a Dios al que no ve.

Religiosidad popular

-Usted es sevillano y vive la religión de una forma muy distinta, opuesta, a las manifestaciones populares de la Semana Santa de gran parte de Andalucía.

-Pienso que son formas complementarias. Nuestra vocación contemplativa es minoritaria. No hay ninguna contradicción: la pena es cuando se vacía de contenido cristiano. La vida cristiana tiene muchos matices, y yo siempre sentí la atracción por la contemplativa, por la vida de oración desde la experiencia de que Dios es la respuesta al corazón humano y que de cara a las demás el hecho de una vida que se dedica plenamente a Dios es como una palabra que puede transmitir a otros más convincente que un discurso transmitir a otros de dónde pueden estar las respuestas que necesita el hombre.

-¿Siempre ha estado, entonces, en la vida contemplativa?

-Sí. Aunque he cambiado de orden, porque mi historia es un poco particular. Empecé mi vida religiosa con los carmelitas descalzos, que es una orden con una dimensión de actividad muy fuerte en el caso de la rama masculina. Al cabo de los años me planteé hasta qué punto respondía a mis exigencias o mi llamada. Mi primer año de carmelita descalzo lo hice en las Ermitas de Córdoba, en el 1985 y 1986. Después pasé a la vida monástica: primero fui cisterciense durante bastantes años, y pertenecí a la comunidad de Las Escalonias de Hornachuelos, y en 2009 vi la necesidad de un cambio hacia una vida más solitaria o más intensamente dedicada a Dios: el Señor me puso delante la posibilidad de la orden camaldulense, de la que sólo hay una comunidad más en España, que está en Burgos, además de la que estamos fundando ahora: los cuatro años anteriores yo he estado en Italia, donde nació la orden. Ahora somos dos hermanos en Córdoba y es posible que en un tiempo seamos tres, porque ya ha aparecido una persona interesada en incorporarse con nosotros.

-¿El contacto con la naturaleza le acerca a Dios?

-Si piensas que todo esto lo ha hecho Dios y puedes percibir su bondad, su belleza, su Providencia… Y además lo mantiene por nosotros, porque quiere que estemos a gusto. Nosotros buscamos el contacto con la naturaleza.

-Pero en el mundo no todo es belleza. Hace unas semanas Jesús Sánchez Adalid presentó en el Obispado de Córdoba su nueva novela, que está relacionada con el Holocausto, y dijo que cuando escuchó el testimonio de familiares de víctimas de los campos de exterminio no pudo evitar preguntarse que dónde estaba Dios entonces.

-El horror no es obra de Dios, que hace al hombre inteligente, libre y con capacidad de decisión, y cuando por el fruto del pecado el hombre pierde su orientación hacia Dios lo que hace es destruir. Al final, Dios saca bienes de los males. Los hombres hemos sido creados para la vida eterna: nuestro paso por la Tierra es mínimo y circunstancial.

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