El féretro con el cuerpo de Fray Ricardo de Córdoba, al comienzo del funeral - Valerio Merino
PASIÓN EN CÓRDOBA

Córdoba despide a Fray Ricardo, el infatigable apóstol de la religiosidad popular andaluza

Cientos de personas y muchas cofradías acuden a su funeral en la iglesia del Santo Ángel

CórdobaActualizado:

Cuántos recuerdos afloraron en las conversaciones de antes y después, y cuántas enseñanzas. Hubo cofrades, sí, y de toda Andalucía, pero también religiosas, cristianas de a pie y amigos, porque Fray Ricardo de Córdoba tenía la virtud de no pasar nunca como una presencia por la vida de nadie como una presencia que se olvida. Todo el mundo tenía algo que rememorar de él.

Cientos de personas han abarrotado la iglesia del Santo Ángel, y muchos han tenido que esperar en la plaza de Capuchinos, para despedir en la mañana de este sábado al infatigable apóstol de la religiosidad popular de Andalucía, fallecido el viernes 17 de mayo después de haber sufrido un problema cardíaco dos semanas antes. Su Virgen de los Ángeles, la titular de su cofradía del Císter, vestía luto riguroso por él.

Casi un treintena de hermanos mayores y representantes de casi otras tantas hermandades han acudido a despedir al carismático capuchino. No faltó el presidente de la Agrupación, Francisco Gómez Sanmiguel En el altar mayor estaban, a un lado, los bacalaos con crespón negro de las cofradías de la casa: la Paz, la Divina Pastora y la Sangre, que él fundó en 1976 en el convento del Císter. Al otro, los de las Penas, la Sagrada Cena, el Descendimiento, el Socorro, los Dolores, el Santo Sepulcro y la Esperanza de Jerez.

Un momento del funeral en el Santo Ángel
Un momento del funeral en el Santo Ángel - Valerio Merino

En la homilía, el provincial de los Capuchinos, Benjamín Echevarría, ha recordado a Fray Ricardo de Córdoba como «una persona que pasó haciendo el bien» y lo encomendó a la Virgen María, «a la que convirtió en el centro de su fe», y a su Hijo, «para que todo lo bueno que ha hecho lo convierta en su resurrección».

En cada una de las caras conocidas, y había muchos antiguos dirigentes de las cofradías, estaba una historia de las hermandades. En la de Joaquín Santiago Fenoy, hermano mayor del Amor, la llegada primero de la Virgen de la Encarnación, a la que vistió y cuyo palio dibujó, y también del Señor del Silencio desde Cádiz. En la Cena, el impulso de la fundación. Para el Descendimiento, presente también, la llegada de la Virgen del Buen Fin; para la Paz, muchos enseres y el palio antiguo. Y por todas partes, mucha predicación, mucha animación y mucho impulso, que no se quedaba en palabras, sino que pasaba al compromiso.

Había estandartes de varias cofradías y la Virgen de los Ángeles vestía de luto

Estaba Miguel Ángel de Abajo, que recordaría cómo llegaron las nuevas imágenes de la Virgen de la Merced y del Señor de la Coronación de Espinas, y los hermanos de la Expiración tendrían presente que trajo a la Virgen del Rosario y celebró misa ante Ella. Como los de la Estrella le recuerdan bendiciendo a su Virgen y los del Perdón bendiciendo al Señor, y los Dolores de Alcolea también salió adelante con su impulso. Y así muchas otras en todas partes.

Antes de terminar, el bordador y vestidor Antonio Villar, amigo personal de Fray Ricardo, le dedicó unas sentidas palabras, en que glosó su muerte en mayo y en un sábado, el día de la Virgen para la Iglesia. «Córdoba está eternamente en deuda contigo», ha dicho antes de pedir un aplauso, que ha sido largo. A la misma hora se coronaba en Sevilla a la Virgen de los Ángeles de la hermandad de los Negritos, en la que ejerció de vocal franciscano en tan seráfica advocación.

El féretro con su cuerpo ha salido mientras un quinteto de la banda de la Esperanza interpretaba «Ángeles del Císter», la marcha que él encargó a Pedro Gámez Laserna para esa cofradía que él soñó y que está imbuida de su espíritu desde los nazarenos hasta el manto bordado en oro que él dibujó y que se asociará siempre a su recuerdo.