Ensayo de la cuadrilla de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo, al mando de Enrique Garrido
Ensayo de la cuadrilla de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo, al mando de Enrique Garrido - Valerio Merino
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Los costaleros en Córdoba: una carrera para al menos 35 años de trabajo

Capataces y fisioterapeutas analizan los riesgos del trabajo y las mejores edades para empezar y retirarse

CórdobaActualizado:

En cofradías, el mundo del costal es uno de los que mayor crecimiento ha experimentado en los últimos años. Los jóvenes son los que se sienten más atraídos por este movimiento, pero, ¿cualquiera puede ser costalero? ¿a qué edad debe retirarse? ¿cuándo puede empezar? ¿cuáles son los riesgos y lesiones más habituales? Lo habitual es fijar la edad mínima en 18 años. No obstante, hay excepciones. En algunos pasos el capataz acepta costaleros desde los 16 años, siempre que su tutor legal lo autorice expresamente y exima de responsabilidad a la hermandad. Sin embargo, la mayoría de capataces son conscientes de que no es esa la edad ideal. En ello incide Manuel Orozco, que al hecho de ser capataz de Jesús Caído y costalero del Cristo de la Providencia une su condición profesional de fisioterapeuta. El desarrollo del varón alcanza su plenitud en torno a los 20 años, por lo que no es aconsejable anticiparse, aunque reconoce que él mismo empezó con 16.

También el capataz Lorenzo de Juan apunta a esa edad como óptima, aunque es algo menos tajante. Luis Miguel Carrión «Curro» empezó como costalero con 14 años. «Pero eran otros tiempos» afirma. «No había, como hoy, pasitos juveniles donde desfogarse», relata sobre sus primeros tiempos. No obstante, no todos los pasos son iguales. El mismo Carrión permite en el Amarrado a la columna de la hermandad del Huerto menores con autorización, pero fija en 20 la edad mínima de sus cuadrillas en el Santo Sepulcro, por la especial dureza de sus dos pasos. Y es que el del Amarrado es un caso peculiar. Al ser un paso cómodo y no excesivamente pesado, aúna los dos extremos del espectro de edad del costalero, y los más jóvenes debutan allí junto a los más veteranos, de los que reciben su ejemplo y consejos.

Costaleros de la hermandad del Santo Sepulcro de Córdoba durante un ensayo
Costaleros de la hermandad del Santo Sepulcro de Córdoba durante un ensayo - Valerio Merino

Los consultados coinciden en apuntar que la mejor edad, en la que la fortaleza física se combina con la suficiente experiencia y técnica, está entre los 25 y 35 años. Respecto al momento de la retirada son más flexibles. Orozco señala los 50 como norma general, aunque está abierto a ampliarla en función de las condiciones físicas del sujeto. «Hoy hay personas de 55 y hasta 60 años que corren la media maratón», afirma. También Lorenzo De Juan apunta hasta los 55, pero sólo si la salud y la forma física son óptimas. Ambos conocen veteranos costaleros que empezaron en los ochenta y aún hoy continúan bajo las trabajaderas.

Luis Miguel Carrión llega más allá, y recuerda que, hasta el año pasado, en la cofradía del Perdón tuvo un costalero que sobrepasaba los 60. Una persona de vida muy sana, familiarizado con el ejercicio físico y el deporte por su profesión de militar. El sevillano Antonio Santiago une a su condición de capataz su profesión de doctor en medicina. A él le gusta decir que la séptima vértebra cervical fue puesta por Dios en el hombre para que éste cargara con los pasos, ya que presenta una protuberancia ósea sin que se conozca una razón fisiológica para ello. Y es en esa zona, conocida en el argot como morrillo, en la que se aplica el peso que sostiene el costalero. Si se trabaja bien, con la espalda recta y la mirada al frente, fijado siempre en la posición por el compañero de trabajadera, el esfuerzo no debe dejar mella.

La práctica del deporte puede ayudar a los costaleros, sobre todo a partir de cierta edad

Sin embargo, no son infrecuentes las sobrecargas musculares, contracturas, erosiones en el cuello, deshidratación, lumbalgias, y en menor medida, aunque de mayor seriedad, pinzamientos de vértebras, roturas fibrilares, desvanecimientos, e incluso, en casos contados, accidentes cardiovasculares. Las «levantás» y las maniobras de media altura son las que mayor riesgo implican para la salud de los costaleros que tienen que realizarlas.

Para combatir estos riesgos, Orozco recomienda la práctica asidua de algún deporte, así como realizar estiramientos antes de la salida, realizar una comida basada en pasta o carbohidratos y prescindir totalmente del alcohol antes de la procesión. También es partidario de homogeneizar los costales de la cuadrilla, no tanto por estética como por evitar diferencias de materiales y medidas, que afectan a la carga de quienes van debajo. Carrión dedica una especial atención al proceso de igualar, así como a la forma de hacer el costal. Afirma que hoy la técnica ha mejorado notablemente, lo que unido a que las cuadrillas son mucho más numerosas que antes, posibilita que el costalero pueda sacar varias cofradías sin que el riesgo de lesión se incremente.