La carreta del simpecado, en el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral de Córdoba - Roldán Serrano
PASIÓN EN CÓRDOBA

La hermandad del Rocío de Córdoba se despide de la ciudad con aromas a marismas, pinares y arenas

Miles de personas acompañaron en la tarde de este jueves a la filial cordobesa en su salida

CórdobaActualizado:

A las 17.15 horas de este jueves, día 30 de mayo, Córdoba volvió a envolverse en aromas rocieros con la salida de la hermandad del Rocío de Córdoba. Desde primera hora de la tarde la calle Capitulares se fue llenando de peregrinos y romeros que se acercaron hasta la real iglesia de San Pablo para asistir a la Misa de Romeros, que comenzó sobre las 16.30 horas.

Cientos de personas arroparon al Simpecado «blanco y oro» durante la eucaristía, oficiada por el capellán de camino de la corporación de Gloria y canónigo de la Catedral, Tomás Pajuelo Romero. Los cantes del coro de la filial rociera, además, amenizaron la celebración de la misa que finalizó una hora después, aproximadamente.

Sobre las 17.30 horas las campanas de San Pablo anunciaron al resto de la ciudad que los romeros cordobeses salían de su templo para iniciar su caminar hacia la Aldea almonteña (en Huelva). La carreta esperó paciente a que saliese el Simpecado, este año con la novedad de la parte superior del techo finalizada y la parte de atrás del altar efímero. Como detalle, este año, la empresa Pinsapo exornó la carreta con geranios en tonos corales, como homenaje a los patios cordobeses.

Los cantes y los vivas de los romeros, junto al ajetreo de los caballistas y los coches de caballos, tomaron la calle San Fernando, camino de la Mezquita-Catedral, donde tuvo lugar el otro «gran acto» de la filial cordobesa. Allí, el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, recibió a los hermanos de la hermandad rociera y los acompañó hasta el Altar Mayor del primer templo de la Diócesis donde tuvo lugar el acto de despedida.

El simpecado, poco después de su salida de San Pablo
El simpecado, poco después de su salida de San Pablo - Roldán Serrano

Al finalizar, la carreta, con el Simpecado, atravesó la Puerta de Santa Catalina para dirigirse hacia el puente de Miraflores y tomar la otra orilla de la ciudad. En este lugar, en los jardines Virgen del Rocío, tres hermanas de la corporación cantaron sevillanas a la «Blanca Paloma», el hermano mayor, Manuel López, dio los vivas y los miembros de la corporación rociera cantaron sevillanas frente al monumento que tiene la patrona de Almonte en Córdoba.

Después, sobre las 21.30 horas, la hermandad se despidió de la ciudad en la plaza de Santa Teresa. Desde este lugar las carriolas se incorporaron al cortejo y los peregrinos siguieron con la algarabía y alegría propia del momento durante los últimos metros de la capital. La jornada finalizó en la finca el Cañuelo. Allí los rocieros descansaron esperando un nuevo amanecer para proseguir su camino de nueve días hasta la Aldea almonteña.