La Virgen del Rayo, en su salida procesional del Sábado Santo de 2018
La Virgen del Rayo, en su salida procesional del Sábado Santo de 2018 - Roldán Serrano
LA CUARESMA EN ABC

¿Por qué no hay Sábado Santo en Córdoba?

La jornada nació por decreto de Pío XII en 1956, pero no ha arraigado en la ciudad

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La secuenciación temporal de la Semana Santa no siempre ha sido como la celebramos hoy. A mediados del siglo pasado, bajo el pontificado de Pío XII, se impulsó una reforma litúrgica que, sin saberlo, iba a preparar el vendaval embravecido que llegaría bajo los vientos del Concilio. Los días penitenciales culminaban el Viernes Santo. Y lo hacían de verdad. Hasta los teatros y cines posponían sus estrenos a la jornada de aquel Sábado de Gloria que anticipaba el gozo pascual en la iglesia, pero también en la calle. Pero todo iba a cambiar.

El Sábado pasó de Gloria a llamarse Santo. La reforma también implicaba la modificación de los horarios de los oficios del Jueves y Viernes Santo para adecuarlos a la secuenciación horaria de la cena del Señor y su muerte en la Cruz. También suponía la reivindicación de la Vigilia Pascual, preparatoria de la fiesta de la Resurrección. Así se estableció a través del decreto «Maxima Redemptionis Mostrae» que entró en vigor el 16 de noviembre de 1955. La siguiente Semana Santa, la de 1956, sería el primer banco de pruebas. En el fondo del asunto -venían curvas- se trataba de trasladar el foco litúrgico a la vida parroquial en detrimento de esa piedad popular que vivía la Pasión a través de las cofradías, las procesiones y otras celebraciones inmemoriales que acababan de entrar en la picota…

Sólo la hermandad del Resucitado salió el Sábado Santo, fuera de tarde o en la madrugada del Domingo

Pio XII, sin saberlo, estaba preparando el camino al tsunami posconciliar. Pero… ¿en qué consistió aquella reforma materializada en la Semana Santa de 1956? Hasta el año anterior la celebración de la Pascua se ubicaba en la desierta misa matutina por imperativo del antiguo ayuno eucarístico. Desde el año siguiente, autorizadas puntualmente esas misas vespertinas, se trasladaba a la medianoche dando un nuevo sentido a la jornada y resolviendo el anacronismo horario. ¿Fueron más fieles a los oficios? Seguramente. Pero si se buscaba que el pueblo de Dios no se perdiera por las ramas de esa discutida y mal llamada piedad popular lo único que se consiguió, después de una evidente crisis y el desamparo eclesial a las cofradías, fue espolear la fundación de nuevas corporaciones.

Los más antiguos recordarán que en Córdoba la hermandad del Resucitado llegó a salir de forma esporádica en la noche de aquel Sábado de Gloria, incluso sin hábitos penitenciales. Más antigua era la ceremonia -también celebrada en la jornada del Sábado- en la que la añeja imagen del Resucitado y la de la Virgen de la Luz -que permanecían ocultas en distintos rincones del templo- se encontraban en Santa Marina entre repiques y cantos de gloria. Y si hablamos de tiempos contemporáneos hay que referirse a la salida de la histórica Virgen del Rayo del Campo de la Verdad en una procesión letífica que vive momentos de zozobra. El caso es que, con o sin reforma litúrgica, en Córdoba no ha arraigado el Sábado Santo como jornada procesional. Dejando aparte la excepcionalidad del Resucitado -que enhebra la penitencia y gloria en su salida del Domingo de Pascua- la Semana Santa sigue concluyendo el Viernes Santo tras el manto de la Virgen del Desconsuelo después de hacerlo -tanto tiempo- en la estela inmortal de la Virgen de los Dolores.

Las cosas fueron muy distintas río abajo. La Semana Santa de la ciudad de la Giralda se amplió al Sábado Santo de 1956, que cayó un 31 de marzo. La nueva jornada -colofón a una Semana Santa lluviosa- fue protagonizada por las históricas corporaciones de la Trinidad, el Santo Entierro y la Soledad de San Lorenzo que pasaron al Sábado Santo para encontrar un nuevo lugar en el mundo. ¿Qué sentido tendría trasladar o ubicar a nuevas cofradías en esa jornada río arriba? Se abre el debate…