El Señor del Perdón, en el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral de Córdoba
El Señor del Perdón, en el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral de Córdoba - Roldán Serrano
LA CUARESMA EN ABC

El Señor del Perdón anuncia en el Vía Crucis de Córdoba la cercanía del nacimiento de la Semana Santa

El obispo invita a vivir la Cuaresma también en los corazones durante la espera

CórdobaActualizado:

Era luz casi de Semana Santa, pero todavía no lo era del todo. Era la misma, sí, pero a falta de un poco de espera. La luz en gestación, el tiempo que es como se sueña, pero al que le falta todavía para que el fruto madure y quede en sazón. Con esas se puso en la calle Nuestro Padre Jesús del Perdón ante Anás para presidir el Vía Crucis de las cofradías de Córdoba.

Ni era Miércoles Santo ni lo quería ser; era un día excepcional, algo así como un Vía Crucis, pero también la forma de celebrar sus 25 años. De día extraordinario. Iba muy entronizado, en majestad. La peana de carrete del Señor de la Humildad y Prisión de Cabra era el testigo de una forma muy concreta de entender los enseres para las imágenes: de calidad excepcional, pero al servicio de la imagen que va encima; antigua, pero en cierta forma revolucionaria; vertical y digna, pero no más que una peana que es un instrumento y no un fin.

Salió y empezó el camino casi a contramano, por la calle Buen Pastor hacia Deanes. De su estampa había que fijarse en las potencias de plata, que eran de estreno, pero llamaba más la atención la túnica, con bordados donde estaban la flor de lis y el JHS. Pasaba de forma muy solemne y reposada, sin ninguna prisa, y al terminar quedaba la estampa de sus expresivas manos atadas, no tan visibles el Miércoles Santo.

El obispo, Demetrio Fernández, al terminar el rezo de las estaciones
El obispo, Demetrio Fernández, al terminar el rezo de las estaciones - Roldán Serrano

Acompañaba el quintento de la banda de música de la Esperanza con piezas a veces clásicas y a veces sorprendentes, como la saetilla de «Jesús Caído». Y así, en tarde dulce, llegó a la Catedral, donde esperaba el obispo, Demetrio Fernández. Las estaciones se leyeron con textos de San Juan de Ávila y a su término el prelado despidió a los cofrades con cariño e invitando a la formación.

«Hay que preparar el corazón para acompañar a Jescuristo. Dejemos que Él vaya con nosotros en el camino de la vida y expulsemos todo sentimiento contrario y nos revistamos de los sentimientos del corazón de Cristo», dijo el prelado. La vuelta, con la banda de cornetas y tambores de la Coronación de Espinas, dejó en el aire el perfume de algo que tiene que madurar ya muy poco, pero está cerca.