SOCIEDAD

Abogados de oficio en Córdoba: «He asistido a jóvenes por temas políticos y a chicas que huyen de su familia»

Atienden a extranjeros, víctimas de violencia machista o detenidos. A veces se topan con casos a los que «cualquiera renunciaría»

CÓRDOBAActualizado:

Gema Sarrión está en el turno de oficio por una cuestión social. «Los abogados tenemos una importante labor», sostiene, y es ese convencimiento el que la empuja a seguir ejerciendo pese a los bajos baremos, los retrasos en los pagos y los gastos en desplazamiento y fotocopias que pagan de su propio bolsillo. «Compromiso», resume. Ella trabaja con extranjeros, lo que tiene una serie de dificultades añadidas. «En las guardias asisto a extranjeros que pueden estar detenidos por estancia irregular. En cuanto se les pone en libertad, desaparecen del mapa. No hay forma de contactar con ellos y el pleito que se mantiene es virtual. Se hace sin datos ni documentación», explica.

Gema Sarrión en el Colegio de Abogados
Gema Sarrión en el Colegio de Abogados - ROLDÁN SERRANO

Muchos de los expedientes con los que ha trabajado corresponden a solicitudes de asilo. Es una vía que usan las persona que no pueden regresar a su país de origen porque son perseguidas o amenazadas de muerte, pero también un atajo que han encontrado muchos inmigrantes para ganar tiempo y no ser expulsados del país mientras se dirime su caso. «En una hora te tienes que ganar la confianza de esa persona y que te cuente por qué no puede volver a su país», explica.

«En una hora te tienes que ganar su confianza para que te cuente por qué no puede volver a su país»

Relata que se ha encontrado con situaciones muy complejas, algunas de fondo político. Recuerda a un chico que pudo obtener protección internacional tras probar ante un juez que habían intentado asesinarle. Sin embargo, la mayoría de las solicitudes de asilo acaban en archivo. «No se admiten porque no pueden acreditarse los motivos», por eso pide más medios que permitan cribar las solicitudes que no están fundadas.

En su día a día ha podido comprobar cómo los asuntos relacionados con Extranjería se han cuadriplicado en cuestión de dos años. El perfil del solicitante de asilo es heterogéneo: Sarrión ha asistido a mujeres de 50 años, jóvenes que abandonan su país por motivos políticos y chicas que llegan a España huyendo de su propia familia. Tampoco podría señalar un país de referencia, aunque son bastante frecuentes los procedentes de Venezuela y Siria.

El abogado Antonio Pedregosa en su despacho
El abogado Antonio Pedregosa en su despacho - VALERIO MERINO

Antonio Pedregosa lleva en el turno de oficio el mismo tiempo que colegiado: 25 años. Está tan convencido del papel que juega la justicia universal que algo le quema por dentro cuando escucha a los políticos enarbolar la bandera de la Educación y la Sanidad. «Y la Justicia, ¿qué?», se pregunta este abogado, que recuerda que la ley no sirve de nada si no hay un letrado que reclame los derechos del débil. «Ahora mismo, los que soportamos el peso de la justicia somos los abogados», explica, para después lamentar las condiciones, no solo económicas, en las que trabajan él y sus compañeros. «A veces, ni siquiera el justiciable reconoce el trabajo que estás haciendo por él», lamenta, aunque matiza que son minoría.

«A veces, llegan personas humildes , que no han tenido acceso a una educación, que no conocen sus derechos»

Pedregosa resume en una las particularidades del turno de oficio y las guardias: «Yo puedo renunciar a un asunto que llegue a mi despacho, pero aquí no». Recuerda que ha llevado casos que cualquiera rechazaría. Por ejemplo, asesinatos de violencia de género, causas graves, delitos sexuales en los que ha tenido que ejercer unas veces el papel de la defensa y otras de la acusación. «Ahí hay que ir más allá de los hechos y conocer el contexto. Y eso no se hace en un día», expone. La complejidad añadida llega cuando el beneficiario de la justicia gratuita no colabora. «Para preparar la defensa, tú necesitas información que el cliente no te da», cuenta. A veces, dice, el justiciable tiene una formación muy limitada. Otras, ni siquiera tiene la oportunidad de verse a solas con el encartado, que declara por videoconferencia.

El letrado afirma que, aunque hay cosas que mejorar, «podemos felicitarnos del trabajo que hacemos». Pedregosa explica que los beneficiarios de la justicia gratuita no han visto nunca antes a un abogado hasta que llegan al turno de oficio. Esto requiere una sensibilidad especial que acaba generando vínculos. «Es habitual que después el cliente te lleve asuntos de designación al despacho. Recuerdo un problema laboral que derivó en otro penal. Me ocupé del primero por el turno de oficio y acudió a mí para el segundo, porque ya nos conocíamos y le daba confianza», afirma.

Carmen Bohollo en el patio central del Colegio
Carmen Bohollo en el patio central del Colegio - RAFAEL CARMONAA

Carmen Bohollo ejerce como responsable de la Comisión de Turno de Oficio y Asistencia al Detenido del Colegio de Abogados de Córdoba, por lo que sabe bien de lo que habla cuando dice que el número de abogados asignados al servicio de Justicia Gratuita es a todas luces insuficiente. Actualmente Córdoba tiene asignados 11 abogados con los que ni siquiera se cubren todos los partidos judiciales de la provincia, y en los que se incluyen también aquellos letrados especizados en materias como Violencia de Género, Menores o Extranjería.

«Se han parado desahucios y combatido las cláusulas abusivas de los bancos»

Destaca el papel que jugaron las ejecuciones hipotecarias en los años siguientes a la crisis. Los abogados de oficio han «parado desahucios» y salvado casos de familias vulnerables. También han combatido los abusos de las cláusulas salvajes impuestas por entidades bancarias, sirviendo de apoyo a quienes lo habían perdido todo. «A veces, llegan personas muy humildes, que no han tenido acceso a una educación, que ni siquiera conocen sus derechos y que, por supuesto, no entienden el lenguaje en el que hablan los bancos», expone, para después recordar que las demandas por cláusulas suelo tienen «colapsado» el juzgado.

El del abogado de oficio es un trabajo, dice, complicado. Se dedican muchas horas de estudio y trabajo a casos que a veces se dan por perdidos, pero Bohollo coincide con sus compañeros en señalar la satisfacción que queda tras ayudar a quien lo necesita. Pone el ejemplo de los casos de violencia de género, en los que las mujeres que la sufren no saben ni por dónde empezar. La ayuda de los letrados, defiende, es fundamental para los colectivos vulnerables.