Adolescentes en la manifestación del 8 de marzo en Córdoba
Adolescentes en la manifestación del 8 de marzo en Córdoba - VALERIO MERINO
VIOLENCIA DE GÉNERO

Las agresiones sexuales se disparan en Córdoba y las parejas adolescentes «normalizan» la violencia

Colectivos e instituciones que tratan con víctimas apuntan a un fenómeno invisible, sin estadísticas ciertas y que se ha de abordar desde la educación

CÓRDOBAActualizado:

Los últimos datos del Ministerio del Interior apuntan a un crecimiento exponencial de los delitos de índole sexual. En la provincia se han producido 109 hasta junio, un alza del 153 por ciento con respecto al mismo periodo de 2016, cuando fueron 43. La preocupación por las cifras va a más si se tiene en cuenta que lo que se conoce como «violencia sexual» va más allá de la agresión de un desconocido en un callejón oscuro o de casos flagrantes como el de la Manada. Existe otro tipo de violencia, normalizada hasta el punto de parecer anecdótica, que se da en el seno de la pareja, enmarcada en una relación de maltrato de la que trascienden solo los golpes. Estas agresiones y abusos no suelen llegar a los juzgados porque se enmarcan en una realidad más amplia, con más aristas, como es la violencia de género, pero también porque las víctimas se resisten a identificarlas como tales a causa de lo que los expertos denominan la normalización de la agresividad sexual.

Los colectivos que trabajan con mujeres e instituciones como el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) alertan sobre la incidencia que esta violencia está teniendo en la adolescencia, caldo de cultivo para las actitudes afectivas que regirán en el futuro. La agresividad sexual y las relaciones desiguales en parejas adolescentes son un drama sin datos cuantificables pero que constatan sin fisuras psicólogos y educadores. El programa específico para víctimas del IAM atendió a 23 chicas en la provincia durante los primeros seis meses del año, pero la cifra no es representativa de un fenómeno que está más extendido de lo que parece. Las causas, señalan los especialistas, son puramente culturales. El mito del amor romántico, por un lado, y la pornografía, por otro, configuran una visión distorsionada y lesiva de lo que son o deberían ser las relaciones de pareja.

La violencia sexual tiene muchas caras: desde presiones hasta amenazas con distribuir vídeos o fotos «online»

«Ampliamos el programa de atención a adolescentes porque las terapeutas manifestaron su preocupación por la incidencia de la violencia sexual en estas chicas, y vimos necesario que fueran atendidas por sexólogas», explica el técnico del IAM Juan Ignacio Paz. En toda Andalucía fueron 113 las menores atendidas por este programa específico hasta el inicio del verano.

Formas de coacción

Protesta del 8 de marzo
Protesta del 8 de marzo - V. M.

La violencia sexual entre parejas adolescentes tiene muchas caras pero la más evidente es la de la coacción, que se ejerce de distintas formas. Desde la chica que accede a tener sexo con su novio como ‘prueba de amor’, pasando por el miedo o la vergüenza a decir que no, hasta los chantajes con distribuir vídeos o fotos en las redes si no se hace tal o cual cosa, explica Paz, que señala la complejidad de la violencia que se ejerce en un ámbito que escapa al control y la comprensión de muchos adultos: el de las redes sociales. En la misma dirección apunta la Plataforma contra la Violencia a las Mujeres, que señala la urgencia de actuar desde la educación pero también con una persecución del delito ante el aumento de casos de «sexting» o acoso o nline. Así lo explica la portavoz del colectivo, Elena Vega, que apuesta por intervenir con contundencia para poner coto a estas prácticas.

La misma preocupación manifiesta la coordinadora del IAM en Córdoba, Lourdes Arroyo, que destaca la potencialidad de las redes y los servicios de mensajería instantánea para servir de herramientas de control en todo tipo de violencias. Señala también otro elemento distorsionador de las relaciones sanas: la pornografía, más accesible que nunca para niños y adolescentes, que reproduce relaciones basadas en la dominación y la violencia que los chicos luego intentan imitar al ser su única referencia.

El mito del amor romántico y la pornografía configuran una visión distorsionada de lo que son las relaciones

Para contrarrestar esta normalización de la agresividad, efecto de una generación que aprende lo que es el sexo viendo ficción pornográfica online, considera importante incidir en una coeducación afectivo-sexual tanto en los centros educativos como en las propias familias, que deben sacudirse el tabú del sexo para enseñar a los jóvenes a discenir entre ficción y realidad, desde el conocimiento de sus propios derechos y el respeto a los del otro. La coordinadora provincial del IAM incide en el trabajo que se realiza con el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) para informar y concienciar a los chicos sobre una sexualidad sana e igualitaria.

La importancia de abrir los ojos

La experiencia del programa de atención a víctimas menores de violencia sexual del IAM ha permitido a sus expertos mejorar en la dinámica de acercamiento a las víctimas. Si ya es difícil que una menor se reconozca como víctima de violencia de género, más duro es que se dé cuenta de que esas relaciones sexuales incómodas que mantuvo con su novio también forman parte del maltrato que ha sufrido. Si no se produce ese despertar, si la chica no toma conciencia de lo que son la libertad sexual y las relaciones sanas, «eso puede condicionar su vida en el futuro», explica Paz.

Aunque las generaciones jóvenes han demostrado ir un paso por delante en cuestiones como el género o la diversidad sexual, y el rechazo a la llamada «violencia explícita» es unánime, el problema llega a la hora de identificar esos comportamientos en la relación que mantienen con sus parejas. La justificación de las conductas o su ocultación son patrones habituales en la s chicas tratadas por el IAM, que se esfuerza en acceder a ellas evitando victimizarlas o utilizar la palabra «violencia». «Es un proceso. Se empieza hablando de lo que les causa malestar para poco a poco abordar su situación en el contexto de la violencia de género», explica Paz, que considera importante repetir que «en torno al 70% de las víctimas de agresiones sexuales conocían a su agresor».