Andrés Ocaña como alcalde tras una rueda de prensa en Capitulares
Andrés Ocaña como alcalde tras una rueda de prensa en Capitulares - ARCHIVO
PERFIL

Andrés Ocaña, el político de la sala de máquinas

Dieciséis intensos años en el Ayuntamiento de Córdoba que coronó como alcalde tras fajarse en todos los charcos

CórdobaActualizado:

Andrés Ocaña Rabadán (Aguilar del a Frontera, 1954) ha sido, posiblemente, uno de los políticos que mejor ha conocido las tripas de un Ayuntamiento como el de Córdoba y de una sociedad como la cordobesa desde su prisma ideológico. Una figura clave en la trastienda del llamado «rosismo» (gobiernos y estilos de Rosa Aguilar) y fase final del «Califato rojo». Docente en la materia de Geografía e Historia, arrancó su periplo profesional dando clases en un colegio de Las Moreras. Una actividad a la que volvería tras 16 años en primera fila de la política local, en 2011, en unas aulas muy distintas de aquellas en Fuente Carreteros y Córdoba.

Hombre de convicciones claras en la política, pronto las encauzó a través de la fundación del sindicato educativo Ustea y luego en su rol más activo en Izquierda Unida, de la que fue coordinador provincial en Córdoba y un destacado líder en Andalucía. Muy próximo en su etapa de coordinador federal a Gaspar Llamazares, con quien tras dejar el Ayuntamiento seguiría explorando vías de refunación para la coalición de izquierdas. Ocaña tenía varios másteres en esta volcánica organización.

Primer Congreso de Ustea celebrado en Córdoba en 1980. Patio de Bodegas Campos, en el ángulo inferior derecho, agachado, Andres Ocaña.
Primer Congreso de Ustea celebrado en Córdoba en 1980. Patio de Bodegas Campos, en el ángulo inferior derecho, agachado, Andres Ocaña. - ABC

Entró en el Ayuntamiento de Córdoba como concejal en 1995, lo que le valió para ser esos años de gobierno del PP en mayoría simple para ejercer como portavoz de IU en la Diputación Provincial que presidía José Mellado, con quien luego compartiría el primer cogobierno IU-PSOE de la década de Rosa Aguilar como regidora. En la Diputación ya se mostró como un político a la vieja usanza en las formas y el fondo, de buena oratoria.

De sus 16 años en el Ayuntamiento, doce los pasó con alguna responsabilidad de gobierno hasta alcanzar la máxima, la de alcalde de Córdoba, el 8 de mayo de 2009, investido en el Salón de Plenos como regidor tras la marcha de Rosa Aguilar al PSOE y la Junta, rompiendo así diez años de intenso trabajo, colaboración, amistad, enemistad, compañerismo y hermandad.

De esos doce años se pueden hacer tres lecturas. La primera, la que va desde 1999 a 2003. En el primer cogobierno con el PSOE de Mellado y la batalla psicológica con Rosa Aguilar por ver quién mandaba más. El papel de Ocaña fue más político que gestor. Contrapeso de Mellado, vigilante de su amalgama de carteras. Fue el mandato del PGOU y del estreno del Paln Renfe y sus plusvalías. O el del primer fiasco del Palacio del Sur. Ostentó la tenencia de alcalde de Presidencia -los hilos internos de la gobernanza y su coodinación- el Área de Infraestructuras, muy pegada al movimiento vecinal y las obras en barrios, un terreno cómodo para el Partido Comunista siempre en Córdoba. Un cultivo electoral de siembra permanente. Presidió también Emacsa, la joya de la corona del sector público local.

Ocaña junto a Rosa Aguilar y José Mellado
Ocaña junto a Rosa Aguilar y José Mellado - ARCHVIO

En el siguiente mandato, cuando el PSOE decide tensar la cuerda desde la oposición a Rosa Aguilar, se desarrolla el pico más alto de actividad política para Andrés Ocaña. Se convierte en la mano derecha de la alcaldesa en unos años en los que concentró tal grado de poder, gestión, recursos e influencia que es difícil buscar algún parangó en los 38 años de democracia municipal en Córdoba.

Presidió Sadeco -auténtico buque insignia para IU del Ayuntamiento-, la Gerencia de Urbanismo, Vimcorsa, Procórdoba -que sustituía a Telfeco y se convirtió en el músculo financiero del ayuntamiento gestionando millones de metros cuadrados y sus plusvalías-. A la par, estaba sentado en el consejo de administación de Cajasur (desde noviembre de 2005 al mismo mes de 2008) en la etapa de transición de Juan Moreno y la final del mandato eclesiástico con Santiago Gómez. Años duros (acabó en el lote de expedientes del Banco de España) en la caja de ahorros que, además, era una de las principales prestamistas de IU y el PCE a nivel nacional.

Durante ese mandato, su gestión en Urbanismo no estuvo exenta de casos muy polémicos como el de las naves de Colecor de Rafael Gómez sin licencia, el segundo fiasco del Palacio del Sur, las obras del estadio Nuevo Arcángel, las grietas del barrio de la Guita y Fray Albino o la comisión de investigación propiciada por la oposición, con el PSOE a la cabeza, sobre su gestión en la Gerencia.

Junto a Rafael Gómez en el palco del Nuevo Arcángel
Junto a Rafael Gómez en el palco del Nuevo Arcángel - ARCHIVO

Años en los que Ocaña se fajó de lo lindo para desatascar muchos entuertos internos en un gobierno donde el desgaste de Rosa Aguilar iba creciendo, el PSOE apretaba y los problemas de todos los departamentos se multiplicaban en su mesa en el pico más alto del ciclo económico. En 2006 estuvo a punto de tirar la toalla y dejar el Ayuntamiento tras una crisis interna con la propia Aguilar que finalmente suturó no sin vestigios y heridas.

Entre 2007 y 2011, las aguas se calman en parte por la entrada del PSOE de nuevo en el gobierno municipal con Rafael Blanco. Ocaña prosigue su papel estelar en la misma dinámica de responsabilidad y luces y sombras hasta que la «huida» de Rosa Aguilar le ofrece la oportunidad que anhelaba: ser alcalde de Córdoba entre mayo de 2009 y junio de 2011, cuando cae derrotado en las urnas por la mayoría absoluta del PP.

Tras ser elegido alcalde de Córdoba el 8 de mayo de 2009
Tras ser elegido alcalde de Córdoba el 8 de mayo de 2009 - V. MERINO

Tal vez fueron sus dos mejores años en la política local (incluso de talante, el cual respondía a ciertos impulsos ciclotímicos) sabiendo asumir un rol distinto al barro político en el que se había tenido que desenvolver años atrás. Pudo rematar la candidatura de Córdoba a la Capitalidad Cultural 2016 -la cultura era el área a la que nunca pudo dedicarse plenamente y que probablemente más le gustaba-. Ejerció sin los sesgos ideológicos que hoy pueblan la casa grande de la calle Capitulares, sobre todo por su alto grado de conocimiento de la maquinaria municipal y de Córdoba, y su sentido práctico también del gobierno que no le hacía renunciar a su parcela más ideológica.

En el listado de proyectos y actuaciones que llevan su sello hay que recordar la apuesta por la peatonalización de la calle Cruz-Conde, la operación que permitió reconstruir el Teatro Góngora, los impulsos al Teatro de la Axerquía, la Sala Capitular de Orive para uso cultural o el Museo Taurino, la reforma de la Caa Mudéjar para sede de Casa Árabe, la culminación de los viarios de acceso y salida al Plan Renfe (Chinales, Ibn-Zaydun, Prolongación de Gran Capitán...), la reforma del Parque Cruz-Conde, la operación de la cárcel de Fátima o la mejora de las Caballerizas Reales, entre otros.