Un lobo ibérico en plena naturaleza
Un lobo ibérico en plena naturaleza - ABC
Medio Ambiente

Apenas 15 lobos aún resisten aislados en la Sierra Morena de Córdoba

La Junta no se plantea la reintroducción de la especie si la población local no lo acepta antes

CórdobaActualizado:

Cuando a finales de los años 60 Félix Rodríguez de la Fuente comenzó a difundir lo que él llamaba «la verdad del lobo», la especie estaba a punto de extinguirse en España, como ya había ocurrido en casi toda Europa. Por entonces sólo quedaban en toda la Península 400-500 ejemplares. El lobo había perdido una guerra que empezó el hombre cuando consideró que los animales eran suyos, una forma de pensar que tiene un nombre: ganadería. Se cazaban lobos con escopetas, lazos, trampas, venenos y hasta a palos. Lo mismo que ocurría con cualquier otro animal considerado como «alimaña».

Rodríguez de la Fuente salvó al lobo, al que llamaba «el gran proscrito», de una extinción segura al conseguir que fuera considerado especie cinegética en 1970; desde entonces sólo se puede cazar con armas de fuego, en zonas acotadas (hoy sólo está permitido abatirlo al norte del Duero excepto Asturias) y con sus correspondientes vedas. La caza, que estuvo a punto de acabar con el lobo, finalmente lo salvó, pero no del todo.

Rodríguez de la Fuente con lobos
Rodríguez de la Fuente con lobos - ABC

Mientras en el Noroeste de España logró cruzar la formidable frontera natural del río Duero, en Sierra Morena las escasas poblaciones llevaban tiempo aisladas del resto. Y aunque en Andalucía está totalmente prohibido cazar lobos desde 1986, la consanguinidad y los pocos ejemplares hacen que sea muy difícil garantizar su supervivencia. La pregunta es: ¿cuántos lobos quedan en Andalucía?

Censo andaluz

Según el último censo elaborado por la Junta (año 2012), en toda Sierra Morena se calculaba que podría haber entre 42 y 56 lobos, cuando la supervivencia de un grupo se establece, según los planes nacionales, en 150 animales. De ellos, unos 14 ejemplares de dos manadas diferentes campeaban por tierras cordobesas en el entorno de la Sierra de Hornachuelos, más quizás otros cinco grupos en Jaén. Los últimos rastros del lobo datan de 2013, cuando se recogieron seis excrementos cuyos análisis de laboratorio confirmaron que correspondían a lobos. Desde entonces no hay más noticias del lobo en Sierra Morena.

Javier Madrid, director general de Gestión del Medio Natural de la Junta, es categórico al asegurar a ABC que desde los últimos rastros hallados «la situación no ha cambiado». Hay que tener en cuenta que «no hay visualización directa de lobos, pero ni siquiera la tienen los ganaderos o propietarios», afirma Madrid. Al lobo, en Andalucía, sólo se le conoce por sus rastros: excrementos, huellas, aullidos, entrevistas o restos de piezas de caza mayor comidas por los lobos. Tampoco hay constancia de ataques recientes al ganado; sólo se detectó uno en el año 2012, en la Sierra de Andújar. Y la última filmación directa de un lobo en Sierra Morena data de 2003, hace ya 15 años. Hay al menos una buena noticia: en los rastreos de 2012 se detectó al menos una manada que había logrado reproducirse. Y estaba en Córdoba.

Un lobo ibérico
Un lobo ibérico - ABC

Con este feo panorama, el lobo ibérico de Sierra Morena está catalogado «en peligro crítico» —no así las poblaciones del resto de España—, de acuerdo con el Inventario Nacional de Biodiversidad que publica el Ministerio de Medio Ambiente. Para tratar de revertir la situación, en Andalucía existen dos instrumentos esenciales. Por un lado, el II Programa de Recuperacion del Lobo en Andalucía (el primero abarcó de 2003 a 2012 y logró al menos estabilizar las poblaciones, pero nada más), que incluye medidas para «paliar las actuales amenazas que tiene el lobo en Sierra Morena, como la posible consanguinidad por el pequeño tamaño de la población o las interferencias con la actividad cinegética», reza el documento.

Para ello es fundamental llegar a acuerdos con propietarios de cotos de caza, que en Córdoba resultan excelentes para ampliar la presencia del lobo, ya que no hay aprovechamientos ganaderos ni apenas interferencia con el hombre; además, suelen ser enormes fincas que, de media, en el Parque de Hornachuelos tienen 1.000 hectáreas. Y se estima que una manada de lobos necesita entre 10.000 y 50.000 hectáreas de campeo para sobrevivir.

Proyecto Life Lobo

El segundo proyecto tiene más que ver con la acción indirecta. Es el programa Life Lobo, que pretende cambiar la imagen del «Canis Lupus» en el entorno rural, donde más rechazo genera el «gran proscrito». Se trata de un trabajo de concienciación y de información que comenzó en 2016 y terminará en 2020, dotado con no pocos recursos económicos: más de 1,6 millones de euros.

Ninguno de los planes actuales tiene previsto la reintroducción de lobos en Sierra Morena, como sí se hizo, con notable éxito, con el lince. En ello insiste el director general del Medio Natural: «Si reintroducimos el lobo hoy, estaríamos cometiendo un delito, porque la UE no lo permite si las condiciones no son óptimas. Ni esta administración ni ninguna otra hará nada hasta que la población lo acepte». Asaja no le cree, como explica su secretario general en Córdoba, Rafael Navas. La Junta, dice Navas, «ha hablado de las medidas de reforzamiento de la población» de lobos, de modo que quiere saber «cuáles son las medidas de planificación».

Expansión natural

En realidad, puede que no sea necesario reintroducir ejemplares. El lobo no sólo cruzó el Duero, sino que ya está en Madrid, donde fue detectado en 2007. Si esas poblaciones siguen creciendo, podrían enlazar con las manadas aisladas de Sierra Morena y mejorar su genética. Los lobos pueden recorrer grandes distancias incluso en solitario y adaptarse a casi cualquier terreno, aunque huyen del hombre. Yolanda Cortés, bióloga de WWF, cree que «es cuestión de tiempo que llegue, pero no sabemos en cuántas décadas». Javier Madrid piensa lo mismo: «Yo creo que no vamos a soltar lobos nunca, porque el animal puede llegar a Sierra Morena por si solo» atravesando Castilla La Mancha. A esa posibilidad también le tiene miedo Asaja, «por ser un animal incompatible con la ganadería y la caza. Se debe dejar todo como está», asegura Navas.

En el Norte de España, indican la Junta y WWF, los ganaderos han sabido adaptarse al lobo con sencillas medidas como la construcción de apriscos, vallados o la presencia de grandes mastines entre las cabañas ganaderas. Esas medidas son las que se quieren aplicar también en Andalucía, con un solo objetivo: asustar al lobo en vez de al hombre. Al contrario que en el cuento de Pedro.