Convento de Regina, cuyas obras están paralizadas
Convento de Regina, cuyas obras están paralizadas - VALERIO MERINO
APUNTES AL MARGEN

El atracón innecesario

Depender de políticas de inversiones con calendario marcado lleva a lo que no se debe

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El gobierno municipal de Córdoba tendrá que realizar en los próximos meses un sprint muy loco de inversiones de una cosa que se llama financiación afectada y que tiene más riesgo que un mono con un revólver. En total, según los cálculos gruesos, el volumen de inversión que tiene fecha tope a finales de diciembre de 2020 asciende a 56 millones de euros, millón arriba o millón abajo. Se los pongo en pesetas: casi 9.400 millones en 16 meses de plazo producto de diversos compromisos con otras instituciones andaluzas, estatales y con la Unión Europea.

La financiación afectada es un palabro que se utiliza en las instituciones para las partidas de gasto finalistas. Es una puñeta gorda porque es dinero pensado para una actividad concreta para un plazo determinado. Es decir, si surgen problemas no se puede cambiar sobre la marcha la inversión prevista (o cuesta bastante papeleo hacerlo) y, si no se realizan de la manera o en el plazo indicados, se pierde la asignación. Si el dinero viene de una institución cercana de las que cogen el teléfono, siempre se pueden pedir -algunas- prórrogas. Si viene de la UE, eso ya es otro cantar dada la habitual percepción de los que mandan, que suelen ser alemanes, de que hay que atar en corto a los países del Sur para que no hagan barrabasadas con el dinero público.

El anterior gobierno municipal de PSOE e IU hizo una cosa bien que es captar dinero y una cosa muy mal que es (no) gastarlo. Isabel Ambrosio, por ejemplo, le sacó una pasta a la Junta para poner colegios fresquitos y consiguió un dineral de los Fondos Feder. Los proyectos concretos se han envenenado de tal manera que, obras que deberían llevar años en marcha, siguen en sus carpetas. Trata de arrancarlo, Isabel, trata de arrancarlo. Súmenle a ello el disparate de acabar con cerca de cincuenta millones de euros de superávit por una gestión lentísima en la que el dinero de impuestos y créditos se ingresaba pero no salía en el año corriente generando, a su vez, programas de gasto extra. Unos 28 millones de euros en concreto.

Tiene narices que de lo que nos estemos quejando ahora es que hay demasiado dinero por gastar en poco tiempo

La situación, en estos momentos, es la siguiente. Hay que empezar a gastar ese dinero ya si no se quiere andar en apuros políticos a finales del año próximo. Existe poco margen para la estrategia política o para la diletancia electoral. El euro que no se encuentre administrativamente justificado cuando llegue el plazo se va a perder y eso tendrá consecuencias políticas graves. Algo parecido a lo que ocurrió en el tramo inicial del anterior mandato con el Urban Sur que obligó a una alocada carrera de gasto en el que, menos alfombrar el Sector Sur con billetes, se hizo de todo. El vacío edificio de la Normal es el mejor ejemplo de qué pasa cuando el calendario se impone al sentido común. Hacienda ya ha pedido a todas las concejalías que no pidan la Luna. Que se limiten a lo posible.

El problema radica en esas prisas. Las urgencias y la abundancia concentrada suelen ser una materia prima estupenda para la labor de los paracaidistas del dinero público. Para intermediarios o empresas con pocos escrúpulos que ven una oportunidad donde cualquiera ve un problema. Además, los momentos de aluvión dan lugar a proyectos poco meditados, tecnología que cuando se adquiere ya está obsoleta, iniciativas arquitectónicas que son inviables en los plazos que se están fijando. La rehabilitación de Regina como contenedor cultural corre un serio riesgo de no poder realizarse, por ejemplo. Y tiene narices que nos estemos quejando de que hay demasiado dinero por gastar cuando tanto ha faltado siempre.