Participantes en la mesa redonda al inicio del acto
Participantes en la mesa redonda al inicio del acto - ROLDÁN SERRANO
SOCIEDAD

Los barrios pobres de Córdoba empeoran su situación en plena recuperación económica

Vecinos de las zonas deprimidas y expertos en asistencia social cruzan testimonios en un foro de Córdoba Futura

CÓRDOBAActualizado:

La celebrada recuperación económica no ha llegado para todos. La renta media en Córdoba ha bajado de manera sistemática y significativa desde el año 2011 hasta situarse en unos 9.900 euros, una cifra más baja que la andaluza, pero esta situación se agrava al bajar de la ciudad a los barrios: desde el inicio de la crisis, en zonas como Palmeras, Sector Sur o el Polígono Guadalquivir los ingresos no han parado de bajar mientras en los barrios «ricos» se producía el fenómeno opuesto.

En 2016, último año del que se tienen datos, la renta del 20 por ciento de la población que más tiene multiplicaba por 6,6 la del 80 por ciento restante, frente al 5,6 de 2013. Así lo expuso la socióloga del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA) Isabel García en el marco de una mesa redonda celebrada por la organización Córdoba Futura en el Colegio de Abogados de Córdoba. El objetivo, más que buscar soluciones a un problema que debe atajarse de forma coordinada y radical, era «visibilizar la pobreza» a través de sus protagonistas.

García abrió la ronda de intervenciones ofreciendo datos crudos, pero aclarando que los números son una forma más de medir la pobreza, no la única. El complejo retrato que los participantes del debate -en el que también tuvieron voz un técnico de Servicios Sociales, el director del colegio Albolafia, vecinos los barrios deprimidos y una mujer inmigrante- fue el de una espiral de pobreza de la que es difícil salir: factores como la etnia o los prejuicios sociales dificultan su acceso a un mercado laboral que, además, no garantiza una vida digna.

De ello dieron fe los testimonios de Antonio y Chache, vecinos del Sector Sur y de Palmeras respectivamente, y Favour, una mujer nigeriana que quiso retratar con su historia la de muchos inmigrantes que buscan una oportunidad en Córdoba. Explicó que el alimento de sus dos hijos depende de los 7 u 8 euros que su marido lleva a casa tras pasarse el día «en el semáforo». Narró su experiencia en el campo, donde trabajó un mes pero sólo cotizó cinco días. Contó que su marido, además, ha trabajado dos meses en la recogida de la aceituna percibiendo una sola paga de 150 euros. «Yo sufriré, pero no quiero que mis hijos lo hagan», afirmó.

Antonio tiene cuatro hijos pequeños y otro viene de camino. En su casa, explicó, no entra nada de dinero: no tiene paro ni ayuda alguna. «Lo sobrellevo gracias a los hermanos de la iglesia y a la gente del barrio que nos ayuda, pero es duro», lamentó, para a continuación dejar claro que no busca vivir de la caridad ni de las ayudas asistenciales: «Quiero llevar yo el dinero a casa y que a mis hijos no les falte de nada». A Chache le conocen en todos los movimientos sociales por su labor en la asociación vecinal de las Palmeras. Durante su intervención retrató la dura realidad de un barrio que, explicó, tiene un sambenito colgado: el de barrio conflictivo. «El mercado laboral se nos cierra sólo con decir que somos de allí», aseguró.

La intervención del técnico de Servicios Sociales Germán Moreno giró en torno a la respuesta que la sociedad da a quienes sufren el estigma de la pobreza. El sistema, explicó, obstaculiza con burocracia la obtención de las pocas ayudas que pone en circulación y culpabiliza al que es pobre por no salir de su situación. Herramientas como los planes especiales de empleo pueden ser un arma de doble filo, advirtió. «Esta mañana», contó, «a una mujer le han denegado una ayuda porque el año pasado trabajó tres meses». A su juicio, los Servicios Sociales no están diseñados para ir a la raíz del problema. «Aunque triplicásemos las ayudas, no serviría de nada», explicó, puesto que sin un empleo estable y de calidad «la gente seguirá siendo pobre y cuando se le acabe la ayuda vendrá a por la siguiente».

El director del colegio Albolafia, en el Polígono del Guadalquivir, no dudó en calificar el centro educativo de «gueto educativo». Su alumnado, de etnia gitana casi al cien por cien, le ha «cambiado la vida» pero se enfrenta a un serio problema de integración. Esto es algo a lo que contribuyen los vecinos, que eligen otros centros para matricular a sus hijos y perpetúan la exclusión de los niños gitanos, a pesar de que el centro tiene «el mejor proyecto pedagógico de Córdoba».