Berhanyer, en 2016, en la entrevista con ABC
Berhanyer, en 2016, en la entrevista con ABC - Valeriio Merino
Obituario

Berhanyer: «Tardé setenta años en volver a Córdoba»

La trayectoria del diseñador, en la entrevista que concedió a ABC Córdoba

CórdobaActualizado:

Su padre fue fusilado un día antes que García Lorca. Un 17 de agosto de 1936. Antes de su muerte, dejó escrita una nota para su hijo. Decía lo siguiente: «El día que yo te hice te puse de nombre 'Sol' para que te iluminaras con tu propio resplandor». Elio Berhanyer no pudo descifrar el significado de aquellos garabatos incomprensibles hasta años después. Tenía entonces siete años y no había ido nunca a la escuela. Nieto de piconeros de Santa Marina, el asesinato de su progenitor quebró de raíz su infancia. Todo lo que vino después fue un titánico combate contra los elementos hasta lograr encumbrarse a lo más alto del diseño internacional en aquella España del Nodo y la Carta de Ajuste.

—¿La de Elio Berhanyer es la historia de un niño pobre que llegó a vestir a princesas?

—Procuro olvidar los recuerdos de mi infancia. Pero no se olvidan. En Córdoba estuve muy poco. Mi madre, mi hermana Plinia y yo nos fuimos a Espiel porque teníamos miedo de que también nos mataran a nosotros. Oía los bombazos del frente de Pozoblanco.

—Y su vida dio un giro radical.

–Es una historia muy larga. Después de Córdoba, me marché a Sevilla con mi madre. Empecé a trabajar con nueve años. Primero como listero. Era una época de mucha hambre y los obreros se llevaban los picos y las palas para revenderlos. Yo me encargaba de apuntarlos. Me traían comida y por la noche dormía en un saco en la obra.

—¿Qué queda de Berenguer en Elio Berhanyer?

—Al principio fui a casa de una abuela paterna, que vivía en San Jerónimo, un barrio de Sevilla. Una hija de mi abuela se había quedado ciega y se amargó su vida. Me insultaba y un día me escapé. Entonces sentí que los Berenguer no me querían y, si mi padre me había puesto Elio, el resto me lo podía poner yo. A Berenguer le cambié unas letras.

—Nati Mistral dijo de usted: "Elio cambió la moda en España".

—Creo que he sido un referente de esta profesión. Hay cuatro nombres en la moda española importantes: Balenciaga, Pedro Rodríguez, Manuel Pertegaz y Elio Berhanyer.

—Hemos leído sobre usted: «Visionario, revolucionario, milagro de la vocación, sinceridad estética». ¿En qué adjetivo se reconoce?

—Creo que heredé el espíritu de mi padre. Me he pasado media vida haciendo dibujitos. Entré como botones en Sevilla en una empresa de publicidad y cuando se enfermó el dibujante, que cobraba un sueldo grande, me pusieron a mí, que me pagaban cuatro pesetas al mes. Con eso sólo tenía para comprarme un café con leche y una torta de Rosales. Unos judíos me dejaban dormir en su casa. Yo vivía solo. Mi madre se había vuelto a casar y el segundo marido a mí no me quería.

«He sido muy valiente siempre, a pesar de todo»
Elio Berhanyer , Diseñador

—Y usted renació como el Ave Fénix.

—He sido muy valiente siempre, a pesar de todo. A mí me decían «haz esto» y lo hacía aunque no lo hubiera hecho nunca. No he ido al colegio y soy máster por la Universidad de Florida y por Harvard. Y he tenido una vida muy hermosa. He sido el único diseñador del mundo que ha presentado en todos los países. Tengo cajones llenos de premios. La Medalla de Oro de Andalucía, la de Bellas Artes que me entregó el Rey Juan Carlos. Tengo todo. España se ha portado muy bien conmigo. Estoy sentado en una terraza y se acerca la gente. Me echan piropos. Me quieren.

—Defínanos la alta costura.

—Hay algo que me gusta mucho de la alta costura. Antes hice mucho diseño de vestuario de teatro. Llegaba a una mesa, veía un mantel de tela, me ponía a dibujar y un señor me decía: «¿Qué dibujas? Pues mira. ¿Te atreverías a hacer el vestuario de dos obras de teatro?». He dicho que sí a cosas que no había hecho nunca. He tenido mucha fe en mí. Yo les digo a mis alumnos: «Si tenéis fe en vosotros, los demás tendrán fe en vosotros». La fe se contagia.

La elegancia

—Para Balenciaga, la elegancia era la discreción. ¿Y para usted?

—La elegancia no tiene nada que ver conmigo. Yo puedo hacer unos trajes hermosísimos pero la elegancia la tiene que poner ella. Es un don que tienen algunas personas. He sido muy amigo de Dalí, he cenado con los duques de Windsor, he conocido a jefes de Estado.

—Usted ha dicho: «Yo no quiero influencias de nadie». ¿Eso es posible?

—Balenciaga me quiso llevar y dije que no. Me negaba a ver las colecciones de París. He admirado a muchos diseñadores franceses. A mí me han ofrecido la casa Dior y no quise. Me llamaron pero yo ya estaba funcionando, tenía una clientela muy buena y dije que no.

—¿Qué se ha dejado en el tintero de la vida?

—Si mi padre hubiese vivido y yo hubiera estudiado, hubiese sido arquitecto. Es lo que más me gusta. Al fin y al cabo, la moda es la casa que llevamos encima. Mis primeras colecciones eran muy de arquitectura.

—Suele llevar usted una kipá en la cabeza en homenaje a Córdoba.

—En Córdoba ocurrió una cosa que no ha vuelto a ocurrir nunca más. Con Abderramán II, se permitió que hubiesen iglesias y sinagogas y convivían todos juntos. El solideo, y a veces me llaman judío por la calle, es de las tres religiones. Lo lleva el papa, los judíos y los árabes. Las tres religiones monoteístas. Aunque siempre lo he dudado, porque en la religión cristiana hay Padre, Hijo y Espíritu Santo.

—¿Qué proyecta Córdoba en el mundo?

—Para los que conozcan la historia significa muchísimo. La comunión de tres religiones en paz. No ha ocurrido nunca más. También estoy enfadado con Córdoba por una razón: hay una costumbre que detesto: el Alcázar de los Reyes Católicos no lo hicieron los Reyes Católicos.

—¿Qué podemos esperar del ser humano?

—Yo he tenido una suerte enorme. No he conocido nada más que gente buena y maravillosa. Nunca he conocido gente mala. Pero hablo de gente de la calle. Gente que conmigo siempre han sido hermosos, buenos, cariñosos. Al final de mi vida, ¿qué me queda? El amor. Me siento querido por la gente. Es el mayor premio que puede tener un ser humano.

—Antonio Gala ha dicho de usted: "Elio es un cordobés disfrazado". ¿De qué?

—Mi cátedra la inauguré en la fundación de él. Ha sido un gran amigo mío. Yo digo que la amistad es amor sin sexo. He tenido y sigo teniendo grandes amigos. Me está haciendo una entrevista y procuro ser honesto en las respuestas. Ser sincero. Contar lo bueno y lo malo de mi vida. Si hago una balanza, diría que ha sido más lo bueno que lo malo.

—Ha tenido una vida feliz.

—Yo sé que cuando llegue la hora del «Castillo de irás y no volverás» uno es eterno mientras los amigos se acuerden de ti. Esa es la eternidad.