José Calvo Poyato, al presentar «El milagro del Prado»
José Calvo Poyato, al presentar «El milagro del Prado» - ÁLVARO CARMONA
ENSAYO HISTÓRICO

Calvo Poyato: «En el traslado de los cuadros del Prado en la Guerra Civil hubo mucho de propaganda»

El autor cuenta en un libro que las obras que llegaron hasta Suiza tuvieron más peligro en el viaje que en Madrid

CordobaActualizado:

En 1938, en el Castillo de Peralada, en Gerona, Manuel Azaña tiene a sus pies los cuadros más importantes del Museo del Prado, todos obras maestras de la pintura universal. Allí están las obras de Velázquez, El Greco, Goya, Tiziano y Durero, entre otras muchas. El presidente de la República ya ve de cerca el exilio y deja escrita una frase: «El Museo del Prado es más importante para España que la Monarquía y la República juntas». No faltan los bombardeos cerca y Azaña teme por los cuadros, que habían llegado tras un largo y arriegado viaje primero desde Madrid a Valencia, luego a Cataluña y más tarde llegarían a Francia y a Ginebra, desde donde volvieron ala España ya franquista. No faltaron peligros, pero volvieron sin daños irreversibles.

De ese episodio habla el historiador, escritor y colaborador de ABC José Calvo Poyato en su último libro, titulado de forma significativa « El milagro del Prado». «Creo que hay algo de milagroso en que hoy entremos en el Museo del Prado y podamos ver las obras de Velázquez y Goya, porque su traslado fue delicado y se corrieron riesgos extraordinariamente graves», cuenta el autor.

José Calvo Poyato se ha preguntado en su libro, publicado por Arzalia Ediciones, si era necesario sacar los cuadros de Madrid. Cuando el Gobierno que presidía el socialista Largo Caballero decidió llevárselos no había caído ninguna bomba sobre el Prado ni sus zonas próximas. Sólo cayeron algunas en el paseo, ya unos días después, incluso algunas bombas incendiarias de la Legión Cóndor, «pero que causaron daños limitados».

Para José Calvo, en la decisión del Gobierno republicano hay «mucho de propaganda». «Sí, podía haber peligro, podía caer una bomba, pero también en el Castillo de Figueras o de Peralada, donde había depósitos de armas que podían explotar y además eran objetivos militares», cuenta. Hicieron un largo y arriesgado viaje para correr todavía más peligro.

Llegada de los cuadros del Museo a la estación del Norte de Madrid en 1939
Llegada de los cuadros del Museo a la estación del Norte de Madrid en 1939 - SANTOS YUBERO

Las carreteras eran muy malas, los cuadros sufrían vibraciones y los lienzos padecieron muchos problemas. «La Oficina Internacional de Museos recomendaba que en caso de guerra no se sometieran los cuadros a las vicisitudes de un traslado», recuerda el autor. Para incidir en la propaganda que rodeó al museo, Calvo Poyato explica cómo se nombró en el verano de 1936, en sustitución de Ramón Pérez de Ayala, a Pablo Ruiz Picasso, «que nunca pisó el Prado como director».

Asumió sus funciones el subdirector, Francisco JavierSánchez Cantón, que al saber que los cuadros iban a trasladarse a Valencia con el Gobierno «dijo que eran riesgos muy graves y recomendó una y otra vez que no se hiciera, cuando se iban solicitando». Pero el Gobierno pasó por encima de todos los criterios. En diciembre dirigió el proceso María Teresa León, entonces esposa de Rafael Alberti, que los llegó a sacar «sin protección ni cajas».Pero era una batalla de la propaganda, de mostrar que los sublevados amenazaban al arte.

Sin proteccion

Algunas de las historias son estremecedoras, como cuando «Las meninas» llegó al puente de Arganda sobre el Jarama, que tiene un dintel «y había un problema de gálibo y no pasaba». En una noche de diciembre de 1936 se descargó uno de los cuadros más admirados de la historia, cruzó el puente a mano y luego se volvió a cargar. Y a «Los fusilamientos del 3 de mayo» le cayó encima un balcón en Benicarló que rasgó el lienzo, «y eso es una prueba de lo que podía haber sucedido, por eso es un milagro».

Calvo Poyato insiste en la diferencia de la decisión política, en la que según él hubo «mucha irresponsabilidad» y el cuidado de los técnicos que trabajaron para proteger los cuadros y para que volvieran. Llegaron a Francia y desde ahí en tren a Ginebra, hasta regresar en septiembre de 1939. Y vuelta a la propaganda, porque también el régimen de Franco relató que los había rescatado «de los rojos».

Y algo más, un decreto «reservado, sin publicidad», del Gobierno, que hace que las obras que han dependido de Bellas Artes pasen al Ministerio de Hacienda. «Uno se hace unas preguntas», dice José Calvo. Porque ahí cuenta otra historia. Al mismo tiempo que se sacaban los cuadros, se sacó un parte de la colección numismática del Museo Arqueológico Nacional. «Salieron sin las medidas adecuadas, sin inventario. Se pesaron y sólo interesaron las de oro y plata, no las de bronce o cobre», explica el autor. De allí pasaron a la embajada española en París y luego en barco a México, donde se perdió la pista a una colección de diez mil monedas, muchas de ellas únicas. ¿Tendrán algo que ver las respuestas con el decreto de los cuadros?