Capilla de la Asunción, en el interior del Instituto Góngora
Capilla de la Asunción, en el interior del Instituto Góngora - FOTOS: VALERIO MERINO
PATRIMONIO

La capilla de la Asunción, una joya barroca casi desconocida en pleno centro de Córdoba

El profesor José Arias Gamarra publica un volumen monográfico sobre la capilla del interior del Instituto Luis de Góngora

CÓRDOBAActualizado:

El timbre del Instituto Luis de Góngora suena con estridencia y los estudiantes salen raudos al pasillo con el alboroto inevitable de la adolescencia. Fuera, en la calle, los autobuses se suceden en su tránsito por la calle Claudio Marcelo y en Las Tendillas miles de personas se entrecruzan en su cotidiano caminar. Son estampas de vorágine habituales en el corazón comercial de la ciudad, pero que contrastan con el silencio y el recogimiento de la no muy conocida Capilla de Nuestra Señora de la Asunción, situada en el interior de este histórico Instituto de Secundaria. Un edificio religioso de estilo barroco que queda como recuerdo de los orígenes religiosos de este inmueble y cuya historia acaba de recoger en un libro patrocinado por la Fundación Cajasol el profesor de Humanidades José Arias Gamarra, exdocente de este mismo centro durante décadas.

Con un evidente amor por el detalle, Arias ha condensado ahí todos los estudios precedentes y ha agregado los nuevos hallazgos que existen hoy tanto sobre el edificio y sus curiosidades como sobre las obras de arte que se distribuyen en su interior. El origen de la capilla, según explica el profesor, no se corresponde con la construcción del Instituto, que en sus orígenes nació como residencia «para jóvenes de escasos recursos que tenían vocación sacerdotal». El Colegio Nuestra Señora de la Asunción surgió de hecho en el siglo XVI y gracias a la concesión realizada por Pedro López de Alba, médico de Carlos V, a instancias de Juan de Ávila. La ubicación se eligió por su cercanía con el Colegio de Santa Catalina de la Compañía de Jesús, situado en la actual plaza de la Compañía y en el que los seminaristas se formaban, según explica el historiador, «tanto en Teología como en Artes».

Así seguiría este centro hasta finales del XVIII, cuando, tras la expulsión de los jesuitas por Carlos III, pasó a formar parte del Patronato Real, siendo responsable último del mismo el propio monarca, de ahí que se rebautizase Real Colegio Seminario de Teólogos Nuestra Señora de la Asunción. El declive de esta institución llegaría en las primeras décadas del turbulento siglo XIX, que dejaría capítulos complicados como el saqueo que se registró en 1814 o el encarcelamiento del rector y de los profesores que se produjo en 1823. Se sitúa el final de esa etapa a mediados de esa centuria, cuando un nuevo Plan de Instrucción Pública decretó que ahí se fundase el Colegio de Humanidades de Córdoba, antecedente directo del actual instituto público de secundaria que existe en este lugar.

La historia de la capilla se remonta no tan atrás. Cuenta el profesor Arias Gamarra que fue construida algunas décadas antes de la expulsión de la Compañía de Jesús, entre los últimos compases del XVII y los comienzos del XVIII, según documentó en su época el cronista de la ciudad, exalumno y profesor de este mismo centro José María Rey Díaz. Según su relato histórico, la decisión de obrar esta capilla correspondió al rector Gaspar de Pineda, que tras tomar posesión de su cargo decidió promover este templo en torno a 1698. La edificación se hizo sobre una capilla más modesta que existía con anterioridad y fue en cierto modo un signo de agradecimiento del propio rector, ya que él había sido seminarista en la institución en su juventud.

Según Arias Gamarra, la autoría de la capilla es desconocida, aunque el historiador apunta que, por la época de construcción, pudo ser obra de alguno de los discípulos de quien ostentaba por entonces la maestría mayor de la Catedral de Córdoba, el lucentino Francisco Hurtado Izquierdo. Sugiere dos nombres, Teodosio Sánchez de Rueda y el yerno y ayudante de éste, Tomás Jerónimo de Pedrajas. Ellos serían según apunta Arias los responsables de este inmueble, en el que destacan elementos como su cúpula de linterna, decorada con frescos de los evangelistas en las pechinas y de los patriarcas y reyes de Judá y de Israel en su interior.

Arias Gamarra subraya la importancia del retablo, que preside una imagen barroca de la Asunción atribuida a Pedro Duque Cornejo y restaurada hace poco con motivo de su participación en una de la exposiciones del Año Murillo. Otro elemento muy interesante del edificio es su coro, de gran acústica, mientras que también tienen valor elementos como la cátedra de madera de caoba tallada, que servía como púlpito, y las vidrieras, también restauradas y que representan varias escenas del Evangelio como la Anunciación o la Presentación ante los doctores. Se unen a ello una serie de lienzos de diverso valor artístico, entre los que sobresale una Asunción de la Virgen realizada por el pintor granadino José Risueño en torno a 1698 por encargo del arzobispo de Granada Martín de Azcargorta, que estudió también de joven en este seminario, o una cripta en la que se enterraba a los profesores y alumnos que fallecían durante el curso.

El estudio de Arias se detiene en una de las curiosidades menos conocidas de la capilla: los grafitis que numerosos alumnos fueron dejando por innumerables rincones del edificio y en los lugares más insospechados como testimonio de su paso por el centro. Se trata de inscripciones a mano en las dan cuenta de sus nombres, su procedencia y hasta la fecha y la hora en la que lo escribieron. Alguna de ellas de personajes que luego serían ilustres, como es el caso de Ricardo Martel Fernández de Córdoba, que llegó a ostentar el título de conde de Torres Cabrera y de alcalde de la ciudad.

El profesor Arias Gamarra advierte que, aunque la capilla fue restaurada a finales de los 80 tras pasar muchos años convertida en desván y refugio de palomas, «son muchas las actuaciones que aún quedan por hacer». En el libro aporta por ello un listado de los principales problemas de esta joya del barroco, como son la carcoma, el polvo acumulado, la mala ventilación o la necesidad de un sistema de iluminación integral. A ello habría que añadir un plan de usos adecuado para un lugar que, aunque no desacralizado, sirve para explicar el barroco a los alumnos en vivo y en directo.