Uno de los vagones del tren, vacíos a media mañana del jueves
Uno de los vagones del tren, vacíos a media mañana del jueves - ABC
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Un día en el cercanías de Córdoba: de la soledad y el silencio al jaleo estudiantil

El tren que une la periferia permanece vacío en la mayoría del trayecto. Sólo los alumnos de Rabanales le dan vida

CÓRDOBA Actualizado: Guardar
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Unas cien personas esperan en el andén de la vía seis en la estación de Córdoba. La gran mayoría son jóvenes cargados con mochilas; los dos o tres restantes les duplican la edad. Todos cumplen rigurosamente la ley no escrita del «dejen salir antes de entrar» cuando el tren de cercanías -media distancia según la terminología oficial- llega a su parada. De sus vagones bajan un total de cinco personas, procedentes de las barriadas periféricas del oeste de la ciudad. Son poco más de las diez y media de la mañana de un soleado día de invierno.

Seis minutos después, los jóvenes que se dispersaron por el interior del cercanías se apean al llegar al Campus Universitario de Rabanales. El tren se vacía por completo. En su lugar, suben tres chicas al vagón. Al llegar a la siguiente parada, Alcolea, fin de trayecto, asoman la cabeza por una de las puertas del tren para preguntar a la trabajadora de Renfe que recibe a los viajeros en el apeadero si pueden quedarse dentro del vagón hasta que el tren vuelva a salir con destino a la estación de Córdoba. Les contesta afirmativamente. En los siguientes veinte minutos, tiempo que resta hasta el próximo viaje del cercanías, sólo tres personas suben al tren. Van al Centro «de rebajas».

Esas tres personas forman parte del centenar que sube y baja a diario de la estación de Alcolea. En su mayoría son trabajadores y suelen coger los primeros trenes del día para llegar a tiempo a sus centros laborales, según se comenta entre el personal de la empresa ferroviaria que pasa el día a bordo del tren. De las nuevas estaciones puestas en marcha en octubre de 2018, la que tiene más volumen de viajeros es la de Villarrubia, que mueve a unas 200 personas al día. Pero el verdadero pulso del tren de cercanías cordobés está en los ocho kilómetros que separan la Estación del AVE de la zona universitaria. A falta de datos, basta con entrenar la vista: la vida regresa a los vagones solitarios cuando pasa por el apeadero de Rabanales. El silencio que antes sólo rompía la voz de la megafonía avisando sobre la próxima parada desaparece por completo. Lo sustituye un alboroto en el que, si se presta atención, pueden distinguirse conversaciones sobre novios, preocupaciones por los exámenes parciales y planes para el fin de semana.

Las frecuencias de paso y el precio de los billetes aglutinan la mayoría de las críticas

Ya pasan de las doce y media del mediodía pero decenas de estudiantes llevan un buen rato esperando la llegada del tren en la parada de la Universidad. El trayecto en cercanías está tan asumido en sus rutinas que acuden al apeadero con tiempo, algo que en esta ocasión no ha podido hacer una chica que llega a las puertas del tren justo cuando estas se acaban de cerrar y un pitido machacón alerta de que va a emprender la marcha. De nada sirven los intentos de sus iguales por reabrir las puertas: la joven se ha quedado en tierra. La empatía entre los viajeros es notable: «Va a tener que esperar una hora o venirse en bus». Efectivamente, el próximo tren con destino Córdoba no saldrá hasta las dos menos cuarto. La escasa frecuencia de paso es una de las principales críticas que hacen los usuarios de este tren de cercanías. No sólo los estudiantes, también quienes lo utilizan para moverse por la capital y que aseguran que le sacarían más partido si Renfe ampliara los horarios.

En la estación central, el tren se vacía de nuevo. A uno de los vagones sube un hombre mayor que no parece muy preocupado por los horarios. «A mí eso me da igual porque soy jubilado», explica. Su caso es particular, porque no tiene prisa por llegar a ninguna parte. «Yo sólo me monto para pasearme», afirma. Se bajará en El Higuerón, la parada previa al fin de trayecto, que es en Villarrubia. En los dos viajes realizados no ha pasado el interventor y tampoco lo hará en el siguiente. Un trabajador de Renfe informa a una chica que ha llegado a subirse al vagón por los pelos que la próxima vez, en vez de detenerse en la máquina autoventa, puede buscar al revisor dentro del tren. Su crítica se focaliza en el precio del billete. Al comprarlo, se ha dado cuenta de que cuesta 10 céntimos más que la última vez que lo usó. «Había escuchado que el Ayuntamiento de Córdoba iba a hacer no sé qué para bajarlo», lamenta la joven. Tras explicarle que el Consistorio aún no ha cerrado del todo el acuerdo con Renfe, resopla: «Pues a ver, porque ahora con lo de la Junta estarán con otras cosas». Y con este análisis del panorama político, da por zanjada la conversación.