José Calvo Poyato - DESDE SIMBLIA

CERVANTES Y CÓRDOBA

El 400 aniversario de la muerte del autor de El Quijote debe servir para recuperar su vinculación a Córdoba

José Calvo Poyato
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Este año de 2016 nos sitúa ante el cuatrocientos aniversario de la muerte del autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de LaMancha. La relación de Cervantes con Córdoba no es una cuestión menor y ello obliga a quien tiene en la ciudad la responsabilidad de la gestión cultural a no dejar pasar la ocasión y que el año transcurra sin pena ni gloria. Una oportunidad para, como dice Ambrosio -veremos si todo queda en palabras- Córdoba en 2016 sea una referencia cultural. No olvidemos que en 1593 el propio Cervantes declaraba ser vecino de la villa de Madrid y natural de Córdoba. ¿Por qué hizo esta afirmación, si se conserva la partida que señala su bautizo en Alcalá de Henares? ¿Era una forma de señalar que su procedencia familiar era cordobesa? Los antecedentes familiares de Cervantes los dejó aclarados, hace más de un siglo, Rodríguez Marín en su «Cervantes y la ciudad de Córdoba».

Más recientemente y reeditada el pasado año, gracias a una iniciativa de Juan Miguel Moreno Calderón cuando era concejal de Cultura, otra obra incide en los aspectos cordobeses que jalonan la vida de escritor, «La sombra de Cervantes en Córdoba», de Francisco Paños Santiago y Juan Pérez Cubillo. En cualquier caso, la afirmación cervantina de ser natural de Córdoba supone, cuando menos, que su relación con la ciudad hubo de tener una notable importancia en su vida.

Cervantes pasó años de su infancia en Córdoba, ciudad de la que era natural su abuelo Juan de Cervantes, quien ejerció como juez de bienes confiscados por el Santo Oficio y desempeñó el cargo de alcaide en Cabra, Iznájar y Baena, localidades del señorío del duque de Sessa. Esas experiencias infantiles de Cervantes debieron dar lugar a las diversas alusiones a lugares de Córdoba en su obra y particularmente en el Quijote.

En Córdoba asistió al colegio de Santa Catalina que los jesuitas acababan de fundar. Los padres de la Compañía no debieron dejarle mal recuerdo cuando en «El coloquio de los perros», Berganza afirma: «Luego recibí gusto al ver el amor, el término, la solicitud y la industria con que aquellos benditos padres maestros enseñaban a aquellos niños». Vivió esos años en una casa de la plaza de Potro que aparecerá en el capítulo III de la primera parte del Quijote junto a los Percheles de Málaga, la Olivera Valenciana, el Azoguejo segoviano o el Compás de Sevilla, lugares de mala vida y volverá a referirse a la plaza cordobesa en el capítulo XVII. Hoy, un azulejo en dicha plaza recuerda la estancia de Cervantes en el lugar. Aludió también a la Puerta Osario o a la fuente de Venceguerra y contará, en el prólogo de la segunda parte del Quijote, la historia de un loco cordobés que maltrataba a los perros, dejando caer sobre ellos una piedra que, en su locura, sostenía sobre su cabeza.

Las alusiones cordobesas de Cervantes se extienden a lugares de la provincia, cuyos caminos recorrió -estuvo preso en Castro del Río por unas transacciones de trigo fraudulentas- y que le llevaron a tener conocimiento de alguna hechicera avecindada en Montilla; alude a la Camacha en «El coloquio de los perros». También se refiere la Sima de Cabra -localidad donde su tío Andrés de Cervantes fue alcalde ordinario- en tres ocasiones. Una en «El celoso extremeño», otra en el «Viaje al Parnaso» y la tercera en la segunda parte del Quijote.

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