El conferenciante, entre el presidente del Cabildo y el director de ABC Córdoba - ÁLVARO CARMONA
CONFERENCIA

Ciclo «El Templo de Córdoba» | Rodríguez Neila: «Córdoba estaba cristianizada en tiempos romanos»

El historiador Juan Francisco Rodríguez Neila afirma que hay argumentos en favor de los derechos de propiedad de la Mezquita-Catedral desde el siglo IV

CÓRDOBAActualizado:

«EL templo que nos convoca aquí formó parte del renovado paisaje urbano en el que la ciudad, como signo visible de los renovados tiempos, no solo cristianizaría sus creencias, valores, usos y costumbres, sino incluso su morfología». El catedrático en Historia Antigua por la Universidad de Córdoba Juan Francisco Rodríguez Neila ha defendido en la noche de este jueves en su conferencia «Paganos y cristianos en la Córdoba romana», que es la tercera dentro del ciclo «El Templo de Córdoba» que organiza ABC Córdoba en colaboración con el Cabildo Catedral de Córdoba y con el Real Círculo de la Amistad, que la actual Mezquita-Catedral «no sólo tiene cimientos materiales, o sea arqueológicos, que superan hacia el pasado los tiempos en que floreció la espléndida Mezquita que más tarde se convirtió en Catedral».

Porque el especialista —que estuvo presentado por el director del Foro Cultural de ABC Córdoba, José Calvo Poyato, y por la coordinadora del programa, Gloria Lora— reivindicó la importancia del cristianismo en el origen del actual templo diocesano.

«Porque hay fundamentos, estos pertenecientes al ámbito de los sentimientos y creencias personales, al espacio ideológico de la cultura y la religión, que asientan sus raíces al menos en aquel complejo y trascendental siglo IV, y que sin duda pueden aportar también argumentos a la hora de establecer derechos sobre un lugar sagrado», indicó.

Estos argumentos, a juicio del conferenciante, «pertenecen a una sociedad, la de Córdoba, con profundas raíces históricas, y que como hemos visto estaba ya profundamente cristianizada en tiempos todavía romanos, y lo sería aún más en el siguiente período visigodo», esto es, antes de la invasión islámica.

Incógnitas

Aunque el propio historiador reconoció que existen aun numerosas incógnitas acerca de la formación de esas primeras comunidades cristianas, sí que dio por hecho que el papel que en ellas jugó el obispo Osio fue fundamental. «Sin duda debió ser por entonces la personalidad más destacada de nuestra ciudad, testimoniando la existencia en ella de una floreciente comunidad cristiana», dijo, para añadir que «aunque poco sabemos sobre la gestión pastoral de su diócesis, podemos suponer que su papel como consejero personal del emperador Constantino, su prestigio en el seno de la Iglesia, y su infatigable actividad conciliar frente a las herejías, contribuirían a proyectar una imagen positiva de su cuna, reforzando la memoria de su esplendoroso pasado».

El hecho es que gracias a Osio el nombre de Córdoba brillaría entonces por todo el imperio. «Así, firmó las actas del concilio de Nicea: «Osio, obispo de Córdoba, en Hispania: creo lo que arriba está escrito». Lo escrito arriba, que nuestro preclaro obispo suscribió, incluía la profesión de fe católica, el Credo», remató el conferenciante.

«San Acisclo y San Zoilo eran considerados modelos de fe y de virtudes heroicas»

El conferenciante se referió a la «mitología martirial» porque quienes sufrían el sacrificio más alto «eran considerados modelos de y fe de virtudes heroicas. Prudencio, en su obra «Peristephanon», hace referencia a San Acisclo, San Zoilo y los denominados «Tres Santos», como son Fausto, Genaro y Marcial. La tradición sumó a Santa Victoria al grupo.

En ese tiempo de lucha entre el paganismo y el cristiamismo, esta última religión tuvo a su favor la basílica que se dedicó en Córdoba al mártir zaragozano San Vicente, en torno a la cual se fue desarrollando un importante complejo episcopal.

«Sus restos materiales se han identificado en el solar donde, según fuentes árabes, se erigió luego la Mezquita. Ese complejo monumental, que se iría desarrollando en los siglos V-VI, y que proyectaría visualmente el ascendente papel del obispo como suprema autoridad de la civitas christiana», resaltó el historiador.