Yacimiento arqueológico en Almedinilla
Yacimiento arqueológico en Almedinilla - Valerio Merino
ALMEDINILLA

Confirmado por la ciencia: el Cerro de la Cruz de Almedinilla sufrió un asedio romano

Técnicas químicas sobre un caldero de bronce lo sitúan en las guerras lusitanas

CórdobaActualizado:

Un grupo de investigación de la Universidad de Córdoba ( UCO) ha empleado por primera vez distintas técnicas de análisis químicos para determinar el estado de corrosión de un caldero de bronce del poblado ibero del Cerro de la Cruz, en Almedinilla, y ha concluido que el tipo de corrosión sufrida por el objeto resulta compatible con la hipótesis arqueológica de que el asentamiento fue devastado por los romanos en las guerras lusitanas del siglo II antes de Cristo.

Según ha indicado la Fundación Descubre en una nota, el trabajo ha empleado técnicas basadas en la absorción o emisión de radiación electromagnética por un cuerpo, para caracterizar el estado de corrosión en el que se encuentran los fragmentos de este caldero de bronce. «El objetivo de determinar el estado de corrosión de un objeto de bronce es importante con vistas a su restauración. Hay que ver si sufre la denominada ‘enfermedad del bronce’, porque en determinados casos puede que, aún eliminando las primeras capas de corrosión, esta aparezca de nuevo al exponer la superficie no corroída a la atmósfera», explica José Rafael Ruiz, director del Departamento de Química Orgánica de la UCO y uno de los autores del trabajo.

Compuestos químicos

También se empleó la espectroscopia Raman: un haz de luz láser para revelar los compuestos químicos presentes en el caldero, y fluorescencia de rayos X, que, además de determinar la composición química total del objeto, permite ver la distribución de un elemento concreto en una zona tridimensional del caldero. El objeto fue encontrado junto a otros (ánforas, vasijas de cerámica y copas, entre otras) en uno de los edificios situados en la calle principal del poblado utilizado probablemente para almacenar grano. El asentamiento era de tamaño medio y los edificios estaban hechos de piedras y adobe, con dos plantas y una terraza.

El resultado «más interesante» fue comprobar que la corrosión se produjo de forma distinta por cada una de las dos caras del caldero. Por un lado, una corrosión confirma que una de sus caras se encontraba en contacto con el suelo. Por otro, la presencia de malaquita muestra una corrosión diferente debido a que fue sepultado por las paredes que formaban la estancia. «El caladero se encontraba sobre el suelo cuando se produjo el derrumbe de la estancia como consecuencia del ataque que destruyó el poblado», concluyen los investigadores.