José Javier Amoros - PASAR EL RATO

La cooperativa del rencor

El censor Pedro Sánchez y sus aliados de conveniencia se otorgan un título inapropiado: haber derribado a Rajoy

José Javier Amoros
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Ya está Pedro Sánchez donde quería. Y sin haber ganado nunca unas elecciones, esa es la grandeza de la democracia. Ya puede, la señora de Sánchez, disponer que graben el escudo de la familia en la vajilla de diario de la Moncloa, y animar a Pedro el Grande recitándole pasajes de Maquiavelo. Dicen que ella es más ambiciosa que él. Detrás de un gran hombre hay una mujer que conoce su verdadera estatura.

Tener un enemigo común no es tener un proyecto común. El rencor cooperativo es la alegría de hoy y la decepción de mañana. Ya se irá viendo. El censor Sánchez y sus aliados de conveniencia se otorgan un título inapropiado: haber derribado a Rajoy. Pero Rajoy ya estaba acabado mucho antes de que ellos votaran para echarlo. Quienes remataron al anterior presidente del Gobierno fueron dos jueces de la Audiencia Nacional, con una sentencia publicada en tiempo sospechoso y en forma políticamente intencionada. Ellos son el poder de poderes. Y sólo por haber aprobado unas oposiciones. Tiene mucho mérito. En última instancia, la ruina de Rajoy la ha procurado Rajoy. Un fracaso necesita de una larga preparación. Rajoy no es un hombre humilde, a pesar de las apariencias, y le gusta el poder tanto como a Pedro Sánchez. La soberbia es la tumba del poder. Quizá la diferencia entre Rajoy y Sánchez se reduzca a que Rajoy es soberbio y Sánchez, vanidoso, nada más. Eso tiene que ver con los respectivos niveles de inteligencia. La vanidad es una soberbia que no ha salido adelante por falta de capacidad. De Sánchez no podemos esperar grandes cosas. Ni siquiera grandes destrozos. A uno le parece mediocre hasta para el mal.

Rajoy no puede quejarse de la deslealtad del PNV, a quien él compró primero. El PNV es una asociación de mercaderes agrícolas, especializada en la recogida de nueces. Una vez eliminados los restos de sangre que deja la sacudida del árbol, el fruto se vende bien en el mercado político por sus efectos antioxidantes. Los mercaderes entienden de precios, no de valores. Fueron los grandes partidos los que encumbraron a los pequeños nacionalistas, y les dieron la innecesaria y peligrosa capacidad de decidir en asuntos de mucha trascendencia. Que el PNV, con pocos votos, tenga cinco diputados es desproporcionado. Pero la organización autonómica del Estado se ha ido desproporcionando desde la Transición. Los que nos insultan, los que nos desprecian, los que nos agreden, los que se han levantado contra España para destruirla son ahora amistosos compañeros en la cooperativa del rencor. El odio en compañía es un sentimiento de esclavos, de impotentes. Nada bueno puede salir de él.

Rajoy se ha comportado como un contable diligente y un gobernante simbólico. Políticamente, lo suyo es «sentarse a ver qué pasa». Y por fin, ha pasado. Lo ha engañado el último Sánchez, que era el primer Sánchez, Sánchez no engaña. Siguiendo su instinto de comodidad, Rajoy lo elevó a la categoría de estadista. Y ahí lo tiene, dirigiendo el Estado. ¿Hay, en algún lugar del PP, un hombre o una mujer capaces de llevar el partido hacia un destino más glorioso del que le ha dado Rajoy? O eso o el grupo mixto del Congreso de los Diputados. Ser derrotado no es tan grave, si se tiene en cuenta el nivel de los vencedores. Hay que saber lamerse las heridas en silencio, porque la saliva es un cicatrizante poderoso. Sana, sana, culito de rana.

José Javier AmorósJosé Javier AmorósArticulista de OpiniónJosé Javier Amorós