Imagen del yacimiento de Medina Azahara
Imagen del yacimiento de Medina Azahara - ABC
PATRIMONIO

Así fue Córdoba en 2018: el brillo eterno de Medina Azahara

La ciudad califal de Abderramán III logró ser Patrimonio de la Humanidad en el primer intento, con un amplio consenso

CÓRDOBAActualizado:

Antes de 2018, parecía casi normal la espera para que Medina Azahara fuese Patrimonio de la Humanidad, pero una vez que se acercaba la fecha de la presentación, hubo quien se preguntó que cómo se pudo haber esperado tanto.

Los valores de la ciudad de Abderramán III, su condición de excepcional en Occidente y el buen criterio para su conservación hicieron que no hubiera dudas en la Unesco a la hora de decidir que tuviese la consideración de Patrimonio de la Humanidad, la cuarta para la ciudad después de la Mezquita-Catedral (1984), el Casco Histórico (1994) y la fiesta de los Patios (2012), esta última con carácter inmaterial.

El sello protector de la Unesco para el conjunto arqueológico tardó en llegar, pero sólo por haber tardado en presentarse, porque una vez que estuvo ante el comité, no hubo dudas de que debía figurar en la lista.

Pocas candidaturas han conseguido la designación de la Unesco la primera vez que lo han intentado

El trabajo que culminó el domingo 1 de julio de este año 2018 comenzó en realidad años antes, quizá cuando ni siquiera se había formulado la aspiración a tener el sello de la Unesco, pero ya se trabajaba en la conservación de todo lo que se había encontrado a lo largo de un siglo de excavaciones, en su estudio y también en que el público y la comunidad científica lo pudieran conocer. También tuvo que afrontar problemas e incomprensiones, entre ellas la cercanía de ciertos núcleos de parcelaciones irregulares que ponían en riesgo el área próxima a Medina Azahara y su valor paisajístico, tan importante para su comprensión.

Vencida esta batalla, y ya con el museo como un aval para mostrarse ante los visitantes, los trabajos comenzaron con más intensidad en el otoño de 2014, cuando la Junta de Andalucía decidió comenzar a diseñar la candidatura y a elaborar el documento que tenía que defender los argumentos para ser Patrimonio de la Humanidad.

Era un trabajo coral en el que estaban presentes los que trabajaban por Medina Azahara en aquel momento y también los que lo habían hecho antes, y que también conocían el conjunto arqueológico. Es decir, tanto José Escudero y Alberto Montejo, como sobre todo Antonio Vallejo, que había estado al frente de Medina Azahara durante treinta años y cuya aportación fue fundamental para que la aspiración llegase enseguida a buen puerto, como sucedió.

Formulario

El procedimiento establecía la respuesta a un formulario en que se tenían que acreditar los motivos por los que se pensaba que la ciudad califal merecía la condición de Patrimonio de la Humanidad. Pero no tenía que quedar ahí: los que tenían que decidir sobre si la candidatura prosperaba o no debían conocer el lugar que se quería proteger, y lo hicieron. Esta tarea se encomendó al Consejo Internacional de Sitios y Monumentos, el Icomos, que comprobó «in situ» que Medina Azahara se ajustaba a lo que se decía en la documentación.

La cita clave era en Bahréin entre el 30 de junio y el 1 de julio, pero aunque se esperaba con ansiedad, ya antes se podía saber que se había conseguido. Lo hizo ABC Córdoba el 15 de mayo, cuando se publicó el informe que realizó el Icomos, y que recomendaba la inclusión de la ciudad de Abderamán III en la lista del Patrimonio Mundial. ¿Estaba hecho? Lo estaba, ya que no se habían dado casos de que se hubiera desoído el informe del Icomos: su dictamen era fundamental para lo que después tenía que suceder en la reunión de la Unesco.

El Icomos insistía especialmente en el impacto de las parcelaciones irregulares, que se habían frenado algún tiempo atrás, pero cuya presencia no dejaba de ser una amenaza. Por eso se insistía en el valor paisajístico que era necesario cuidar, incluso con un plan al respecto, y se hablaba de algunos núcleos en concreto que son los que podían perjudicar al yacimiento. Con todo, era un progreso, ya que en una de las primeras tentativas de conseguir la declaración de Patrimonio de la Humanidad (sin llegar a formularse de manera formal) se frenó precisamente por el florecimiento de las parcelaciones que afectaban al entorno.

Con ese dictamen, que tantas esperanzas ofrecía, se llegó al mes siguiente, a junio, en que la delegación encabezada por la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Córdoba partió hacia Baréin para conocer la resolución de la Unesco, que no llegó hasta la mañana del domingo 1 de julio. La ciudad estaba pendiente y muchos lo quisieron seguir desde el mismo lugar de los hechos, desde Medina Azahara. No hubo dudas: si el informe era favorable también lo sería la resolución, que no se apartó de lo que había dicho el Icomos, pero los elogios fueron constantes.

Pocas candidaturas habían conseguido la designación como Patrimonio de la Humanidad en la primera ocasión en que lo habían intentado. La de los Patios, por ejemplo, tuvo que retirarse antes de conseguirlo para solucionar algunos fallos que se encontraron. A partir de ahí llegaron los nuevos retos: mejorar la visita, continuar con la investigación y mostrar que el compromiso que se había verbalizado sobre Medina Azahara no se quedase únicamente en el papel impreso. Se ganó el presente y quedaba el futuro.