Yacimiento de Cercadilla junto a la estación del AVE
Yacimiento de Cercadilla junto a la estación del AVE - VALERIO MERINO
PATRIMONIO

La Córdoba romana sigue anclada en el olvido por la desidia institucional

La mayoría de los vestigios de la época no son visitables y se encuentran a la espera de inversiones y excavaciones

CÓRDOBAActualizado:

De ser la joya bética del imperio romano a convertirse en el imperio del olvido, el floreciente jaramago y la ortiga. Así, aunque pueda parecer exagerado, se puede resumir la historia de Corduba, la legendaria ciudad que alumbró, entre otros muchos, a Séneca y a Lucano. Esta misma semana el Ayuntamiento anunciaba que al fin se está procediendo a limpiar la maleza del Templo Romano de Claudio Marcelo, una medida que vendrá a poner término a la triste imagen que ofrecía desde hace meses este céntrico yacimiento, icono de la ciudad con sus altos capiteles corintios y por el que pasan miles de turistas cada día. Su historia, repleta de idas y venidas y marcada más por los errores que por los aciertos, es sin embargo solo la punta del iceberg de una dejadez y pasividad que afecta a otros monumentos de la época.

Tal es el caso del gigantesco anfiteatro romano que apareció en las obras de reforma de la antigua Facultad de Veterinaria o del no menos espectacular palacio de Maximiano en Cercadilla, yacimientos ambos que también siguen cerrados al público y que son aún muy desconocidos no ya solo por los visitantes que llegan a Córdoba sino por sus propios moradores.

El historiador y novelista Alberto Monterroso, biógrafo de Séneca y gran divulgador de Corduba, reconoce al respecto que en la Córdoba de hoy es difícil adivinar la magnificencia que tuvo en la ciudad en tiempos de Roma, cuando fue colonia patricia, capital de la Bética, enclave decisivo en la guerra civil entre César y Pompeyo o punto estratégico para el desarrollo del imperio bajo el mando de Octavio Augusto. Aduce el especialista algo ya conocido: que los brillos de Qurtuba, capital del califato Omeya, han oscurecido la historia de la ciudad que la precedió siglos atrás. «Lo que no debemos olvidar el que el sustrato romano fue esencial en el esplendor que llegó a tener Córdoba en tiempos de Al Ándalus», matiza Monterroso. Defiende el historiador que las administraciones deberían ser conscientes del interés que los vestigios romanos siguen suscitando en millones de turistas, por lo que esta etapa del pasado sigue siendo un filón por descubrir. «Es algo que no hay que inventar ni que ir a buscar lejos porque en realidad ya lo tenemos, unos bienes materiales y también inmateriales que están ahí y que debemos difundir», añade.

«E l sustrato romano fue esencial en el esplendor que llegó a tener Córdoba en tiempos de Al Ándalus»

Los intentos y los anuncios han sido muchos en ese sentido durante los últimos años, pero en casi todos los casos ha caído sobre ellos ese gafe tan cordobés que suele adherirse a los proyectos ilusionantes. Así ha ocurrido con el propio Templo Romano, cuyas obras de reforma para hacerlo visitable fueron anunciadas con no poco boato por el anterior equipo de gobierno municipal y que al final han acabado con la empresa adjudicataria, Arquepec, abandonando el proyecto y declarándose en concurso de acreedores.

Triste historia para un templo que comenzó a construirse bajo mandato del emperador Claudio y que fue en época imperial -concluyó la obra en tiempos de Domiciano- el mayor de los que había en la ciudad. Excavado y consolidado en los años del 50 del siglo XX por Samuel de los Santos y Félix Hernández, fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2007, pero ni siquiera esa distinción ha permitido que se avance de forma decidida en su conocimiento y en su cuidado.

El Templo Romano no es sin embargo la única cuenta pendiente con Corduba que tiene el Consistorio, pues también el yacimiento de Cercadilla, de historia aún más triste, es competencia suya. Son estos restos próximos a la estación del AVE testimonio del enorme palacio que allí se construyó en la etapa tardoimperial, en el siglo IV, y en tiempos del emperador Maximiano. Destruido en buena parte durante las obras del tren de Alta Velocidad en los 90, llegó a abrirlo al público la Junta de Andalucía hace algo más de una década, aunque luego lo cerró para devolverle en 2016 su gestión al Consistorio. David Luque, anterior concejal de Cultura, se propuso reabrirlo e impulsar las excavaciones en la zona, pero lo cierto es que el pliego de licitación no salió hasta unos días antes de las elecciones municipales del pasado mes de mayo.

Templo Romano
Templo Romano - V. M.

Ahora, los nuevos responsables de Capitulares deberán decidir qué hacer, aunque por lo pronto mantienen el silencio sobre un proyecto que está en el centro de las demandas de las asociaciones vecinales de la zona y de los colectivos en defensa del patrimonio. Cercadilla es hoy un símbolo por el destrozo que sufrió a finales de la pasada centuria, pero ni siquiera eso ha permitido que las políticas públicas hayan sido firmes con el objetivo de sacar al fin de la polémica este yacimiento singular.

También a la espera de avances se encuentran los fastuosos restos romanos que hay entre el Rectorado de la UCO de la avenida Medina Azahara y el Parque Juan Carlos I, descubiertos hace 15 años y cuyo hallazgo supuso una noticia de impacto internacional. Lo que entonces se descubrió es que los restos que había en la zona, y que se consideraba previamente que podían pertenecer a un circo, procedían en realidad del antiguo anfiteatro, construido en el siglo I y que llegó a ser el de mayor tamaño del imperio, tan sólo superado tiempo después por el Coliseo de Roma y por el de Cartago.

Tras su aparición, se optó por consolidarlo y protegerlo, pero siempre con la vista puesta en realizar una intervención a fondo que permitiese la visita guiada. Tres lustros después, eso nunca ha sido posible y lo único que se ha escuchado en los últimos años al respecto han sido las buenas intenciones de la UCO y el Ayuntamiento para sentarse a negociar y buscar alguna solución. Palabras amables que no parecen tener mucho detrás y que tampoco tapan la evidencia que puede observar cualquier visitante que pase por la zona y vea como la maleza va tomando en libertad las zonas excavadas.

Difícil es en tal circunstancia hacerse una idea de lo que fue este recinto de 178 por 140 metros en sus ejes y que tuvo 20 metros de altura durante los tres siglos que estuvo en funcionamiento, entre el I y el IV. Los gladiadores que allí perdieron la vida y cuyos familiares dejaron testimonio de amor en lápidas que aún se conservan difícilmente pudieron pensar que aquel edificio gigante acabaría siendo poco más que olvido.

Anfiteatro Romano junto al Rectorado
Anfiteatro Romano junto al Rectorado - V. M.

A esta nómina de vestigios hoy precarios se pueden sumar también otros como el Teatro Romano, en los bajos de un Museo Arqueológico que aún sigue a la espera de que se realice la última fase de su reforma, o como el yacimiento de Ategua, que este mismo verano ha padecido un incendio tras no pocos expolios y mientras las excavaciones siguen a la espera tras décadas de desidia. Se trata en estos casos de competencias del Gobierno central y de la Junta, administraciones que tampoco han mostrado en eficacia ni premura en sus compromisos con la vieja Corduba y su entorno. Doloroso como pocos es el caso de Ategua, la vieja ciudad en la que vivieron íberos, romanos, andalusíes y cristianos y que hoy se mantiene como un silencioso paraje abandonado, repleto de historia y seguro que también de sorpresas que nadie se ha lanzado nunca a descubrir. Ni siquiera la labor de la asociación que lucha en defensa de este yacimiento desde hace años ha servido como acicate para una Junta que allí se ha conformado con una labor de mínimos, impropia de un lugar patrimonial de esta importancia.

Vista así la situación no cabe sino concluir que el poema de Pablo García Baena en el que se preguntaba por la vieja Córdoba y los destrozos del presente sigue tan vigente hoy como el día en el que el autor de «Junio» lo escribió. De capiteles que rodaban sobre ortigas hablaba el poeta con esa imaginería tan precisa de sus versos y que aún hoy define bien la despreocupación de la ciudad por su pasado, en parte por su abulia y en parte también por la dificultad de sus administraciones para encontrar fondos y gestionarlos con eficacia. Sea como sea, la Cordoba romana, con tantas historias y personajes fascinantes detrás, sigue aún hoy a la espera de que se siegue el jaramago que la puebla como gran metáfora del olvido y para que al menos vuelva olfatearse el aroma de su dorado pasado imperial.