Interior del Museo de la Alquimia, con alambiques y elixires
Interior del Museo de la Alquimia, con alambiques y elixires - RAFAEL CARMONA
CULTURA

Córdoba tendrá su Museo de la Alquimia

Salma Al Taji crea un nuevo espacio que abrirá sus puertas en octubre al lado de la Casa Andalusí

CÓRDOBAActualizado:

Hubo un tiempo en que la alquimia era la madre de las ciencias, pues abarcaba casi todas las ramas del conocimiento, desde la medicina hasta la filosofía, pasando por la química o la astrología, todo filtrado por el tamiz del espiritualismo. Hace tiempo que quedó desterrada por el método científico, aunque grandes prohombres como Newton siguieron coqueteando con ella, y aun hoy tiene cierta influencia apreciable en productos de consumo alternativos. Aquella época dorada tuvo su momento en la Córdoba califal, aunque poco se conoce de la importancia de la alquimia en el Islam medieval. Para llenar ese hueco, o al menos una parte de él, a partir de octubre podrá visitarse en la ciudad un nuevo museo, de iniciativa privada, que pretende mostrar al público la relación de la Córdoba islámica con la alquimia, a través de reproducciones, utensilios y hasta conferencias.

Al-Iqsir, Museo de la Alquimia, es el nombre de este pequeño espacio creado por Salma Al Taji Al Farouki, la viuda de Roger Garaudy, empeñada en dar a conocer la importancia de la historia de Córdoba. Ya lleva tiempo intentándolo desde la Casa Andalusí, en pleno corazón de la Judería cordobesa. Justo al lado se encuentra este particular museo, en un edificio totalmente remozado por su propia cuenta —no quiere desvelar cuánto ha costado la reforma porque «el dinero no es lo importante», pero todo ha salido de su bolsillo—. Allí podrán verse ejemplos de piedras de alquimia, elixires y medicinas, perfumes, almireces, descripciones... y hasta una rueda móvil con los signos del zodiaco o una lámpara colgante con los 99 nombres de dios en el Islam (son en realidad atributos de Alá). «La alquimia no es solo una ciencia, en cada cosa que hacemos hay alquimia porque Dios está en todas las cosas», explica Salma. Lo que no se puede ver, por la simple razón de que no existe y nunca lo ha hecho, es la piedra filosofal que transmuta el vil metal en oro, una de las grandes motivaciones de los alquimistas medievales.

Este nuevo Museo de la Alquimia dispone, entre otras cosas, de una sala acondicionada para ofrecer charlas y conferencias, alambiques diseñados ex profeso —y que funcionan perfectamente— y hasta un pequeño observatorio donde Salma planea organizar actividades relacionadas con la astronomía para jóvenes. Las vistas desde la terraza son imponentes. Y aunque el espacio es pequeño, «no es cuestión de espacio, sino de contenido, y de dar a Córdoba lo que merece por su historia».