«Vividoras del amor», una de las obras más polémicas de Julio Romero de Torres
«Vividoras del amor», una de las obras más polémicas de Julio Romero de Torres - ABC
CULTURA

Cuando Julio Romero de Torres veía el mundo verde y azul desde Córdoba

En los primeros años del siglo XX, el pintor depuró su estilo con obras muy singulares

CórdobaActualizado:

La Historia habla en ocasiones de que España entró en depresión tras la pérdida de las colonias y el desastre del 98. En contra de ese tópico, la década siguiente tuvo un vigor cultural innegable. Bajo el ambiente de cambio que suscitó el inicio del reinado de Alfonso XIII, se aprecia el florecimiento de escritores, artistas plásticos, pensadores o periodistas que luego habrían de influir en todo el XX español. Tal periodo inicial de la centuria lo marcan en profundidad el modernismo, un estética que parece alejarse de los problemas para celebrar la belleza, y la Generación del 98, que avanza hacia terrenos más filosóficos. Es también cuando comienza a hacerse un nombre en España el pintor que acabará siendo el más famoso y preciado de su época, Julio Romero de Torres. En la primera década del XX, ya en la treintena, dio de hecho sus primeros pasos hacia una fusión de estéticas que en sus lienzos de madurez alcanza un mundo personalísimo e inconfundible.

El contexto biográfico de esos años lo contó con modestia y sinceridad el pintor en alguna entrevista. Explicó que dio sus primeros pasos en el arte con su padre, el pintor y conservador Rafael Romero Barros, y que luego tuvo unos años de vida bullanguera y «desaliento artístico», en los que dejó de pintar y quedó hechizado por el flamenco y sus ambientes bohemios. Salió de ese letargo algo después para dedicarse ya de forma plena a la pintura. «Torné a la paleta y los pinceles con total y decidido entusiasmo», explicó. Y es precisamente en esos años inaugurales del XX cuando comienza a transitar, según explica la directora del Museo Romero de Torres y especialista del artista, desde una pintura luminista de juventud y aprendizaje hacia un mundo más personal en el que el verde y el azul comienzan a dominar en su paleta con lo que ello significa de melancolía.

Alegoría de la literatura, de Julio Romero de Torres, en el Real Círculo de la Amistad de Córdoba
Alegoría de la literatura, de Julio Romero de Torres, en el Real Círculo de la Amistad de Córdoba - Rafael Carmona

Algo parece resonar de la «Sonatas» de su amigo Ramón María del Valle-Inclán en ese giro creador. Ahí se inscribe el retrato magnífico de la Condesa de Casas Rojas, que, como se supo esta semana, se incorpora ahora al museo Romero de Torres tras una donación. La obra, por decisión de la donante, entrará en la exposición permanente y con ella se dará testimonio de esa etapa verdiazul sobre la que, según explica Mercedes Valverde, existía una gran laguna en el museo

El inicio de este periodo se sitúa en el año 1904, que es cuando Julio Romero decide apostar por su obra más personal y se presenta a la Exposición Nacional tras un lustro de ausencia. Acude allí con tres lienzos, que serán «Las aceituneras», «Horas de angustia» y «Rosarillo», retrato magistral con el que logra la Tercera Medalla en un certamen al que acudió el Rey. Ese impulso supondrá su entrada definitiva en la división mayor del arte patrio y una apuesta decidida por una técnica en la que prima, según Valverde, «la pincelada corta, suavemente tamizada, con delicados contrastes lumínicos y predominio de azules y verdes».

«Horas de angustia», obra de los primeros años del siglo XX de Julio Romero de Torres
«Horas de angustia», obra de los primeros años del siglo XX de Julio Romero de Torres - ABC

De esa época breve, en cierto modo de transición, son obras tan repletas de encanto como «Mal de amores», que pertenece a los fondos del Museo de Bellas Artes de Córdoba, «A la amiga» o «Esperando». También los célebres murales que Julio Romero compuso para el Círculo de la Amistad y que son signo inequívoco de este edificio histórico o el mencionado retrato de Victoria Rosado y Sánchez Pastor, condesa de Casas Rojas y a la que el pintor conoció en un balneario de Granada. La etapa comenzará a afrontar su fin en torno a 1906, con la polémica que se formó con su obra «Vividoras del amor», hoy en Canarias.