El autor Daniel Cotta durante la entrevista con ABC
El autor Daniel Cotta durante la entrevista con ABC - ROLDÁN SERRANO
CULTURA

Daniel Cotta, escritor cordobés: «He buscado el lado humano de los mártires y no el fundamentalista»

El autor viaja con su novela «Verdugos de la media luna», publicada por Almuzara

CÓRDOBAActualizado:

El escritor y profesor cordobés Daniel Cotta viaja con su novela «Verdugos de la media luna», publicada por Almuzara, a la Córdoba del siglo IX, cuando muchos cristianos murieron a manos de los musulmanes, y no sin escándalo para muchos de los suyos.

Siempre se ha hablado de la convivencia en la Córdoba islámica, pero parece que en esta época no se dio mucha tolerancia religiosa.

La novela quiere incidir en un aspecto que se soslaya: los periodos de incomprensión. Siempre se nos ha querido vender el tópico de la convivencia pacífica e incluso paradisíaca de las tres culturas. Y convivencia hubo, pero no exenta de muchas fricciones, y de hecho hubo más periodos de fricción que de comprensión.

Ha habido muchos mártires cristianos, pero en aquel momento hubo personas que se presentaron «voluntarias al martirio», que buscaron que se les ejecutara. ¿Cómo se acogió ese fenómeno?

Es verdad que esa forma de buscar la santidad hoy resulta extraño, es una autoinmolación. Para los cristianos de esa época también era perturbador, y no todos estaban de acuerdo con esa forma. Pero yo en la novela intento no adoptar la perspectiva de algunos historiadores, de mirarlo con burla, censura o compasión ridícula. Lo que hago es buscar las motivaciones que los llevaron a esa decisión tan tremenda. Intento buscar su lado humano y no espectacular o fundamentalista.

San Eulogio de Córdoba fue protagonista en aquellos años, para toda la Iglesia. ¿Cómo aparece?

San Eulogio aparece como un sacerdote, al que luego se le nombró arzobispo de Toledo, aunque nunca pudo tomar posesión de la sede. Es una de las personas que más ha pasado a la historia como representante de aquel movimiento martirial, pero también es polémico, porque le acusaron, entonces y hoy, de instigador de ese movimiento que llamaban suicida.

¿A través de qué personajes narra la novela?

Pese a que la nómina de los mártires cordobeses alcanza el medio centenar, me centro en seis o siete, que son los pilares de la novela. Sobre ellos articulo el movimiento de mártires, que duró muchos meses, aunque lo concentro en un tiempo más breve. Los dos personajes a los que con más cariño he tratado son dos personajes femeninos: Flora, que es histórico, y Afra, que es musulmana, que tiene algo de historia y de ficción. Para Santa Flora me he basado en lo poco que se sabe de ella, lo que cuenta San Eulogio en el «Memorial de los Mártires». Ella es una de las mártires más prolijamente tratadas y los detalles los he extraído y los he reflejado. Y claro, le he añadido cosas que no son históricas.

¿Cómo es esa Córdoba todavía de la época emiral?

La Córdoba de aquel momento es fascinante. No hay una convivencia pacífica, fraternal, pero sí una mezcla curiosa de culturas. Están obligados a convivir y a empaparse unos de otros. Se necesitaba a los mozárabes, y muchos trabajaban en el alcázar del emir. También ocurre que la cultura árabe fascinaba a los cristianos, y se arabizaban, que es de donde viene la palabra mozárabe. Muchos aprendían la lengua árabe, vestían como ellos y olvidaban sus raíces culturales. Eran una minoría abocada a perder sus raíces, que estaban en Roma.

Porque la cultura visigoda, de donde ellos venían, era romana.

Una de sus señas de identidad era el latín. Eulogio y Álvaro de Córdoba usaban el latín, se lamentaban amargamente de la progresiva pérdida de esta lengua por muchos de sus correligionarios. La Córdoba del siglo IX estaba más cerca de Roma que de la Edad Media, porque el imperio se había hundido hacía menos de cuatro siglos.

¿Cómo podían vivir los cristianos en aquella Córdoba?

Es verdad que si no había resistencia de los cristianos, no se les mataba. Pactaban, pero se les imponían muchas restricciones para su religión. Tenían prohibido alzar iglesias nuevas, tampoco podían reparar las antiguas. Los campanarios no podían sobrepasaran en altura a los alminares y sobre todo pagaban muchos más impuestos. Ese factor era el que impulsaba a muchos cristianos a abrazar la fe islámica. También llevaban un distintivo en la ropa para identificarse como cristianos.