Susana Díaz con el vicepresidente Jiménez Barrios en la noche electoral tras conocerse los resultados
Susana Díaz con el vicepresidente Jiménez Barrios en la noche electoral tras conocerse los resultados - EFE

El drama del PSOE

Tierra quemada. Eso es lo que van a encontrar PP y Cs si llegan a gobernar la Junta

CÓRDOBAActualizado:

Ensoberbecido, altanero, seguro y sobrado de sí mismo, el PSOE andaluz y cordobés demostraron el pasado domingo que el doble acristalamiento de las ventanas de los edificios oficiales funciona estupendamente. Que el aislante climalit de los despachos oficiales no solo impide que se escape el calor de las calefacciones sino que, además, no permite que entre el ruido de la calle, las conversaciones de los bares, la furia del pueblo soberano. Burocratizado hasta la médula, en manos de una candidata que confundía los abrazos del pueblo -previamente dispuesto por los alcaldes pelotilleros- con su respeto, el PSOE sigue aún noqueado, incapaz de entender qué ha hecho para merecer esto. Si «solo» lleva casi 37 años ininterrumpidos en el poder pese a haber llegado a perder las elecciones autonómicas. Que esto no es fruto de un calentón reciente sino un proceso de caída por la pendiente que lleva años larvándose.

Los socialistas dieron por hecho, como tantos otros ciudadanos, que habían ganado las elecciones sin bajarse del autobús. Las encuestas que regalaban a los periódicos afines -alguna vez habrá que explicar cómo funciona este chanchullo- contestaban lo correcto a la pregunta de «espejito mágico, quién es la más guapa del reino». Hasta el CIS, metía la gamba hasta las corvas con un sondeo prefabricado a mayor gloria de quien no quiere entender las corrientes telúricas de fondo de la sociedad. Un enorme cabreo endógeno, que hay que leer en clave andaluza, y en segunda instancia el rechazo a una atolondrada política socialista, que es global, de asociarse con el primero que pasa por la calle para conseguir el poder. Solo esos dos datos combinados explican también que las buenas perspectivas que daba Adelante Andalucía hasta el mismo domingo por la mañana se encontrasen con la «sorpresa» de la abstención selectiva. Los resultados de la suma de Podemos e IU es un daño colateral por haber dejado abierta durante la campaña la posibilidad de un pacto posterior con el PSOE y las veleidades territoriales de Pablo Iglesias en el asunto catalán.

Vox entra en escena

Cientos de cargos en Córdoba y miles en toda Andalucía están ahora pendientes de las últimas horas de las ediciones digitales de los periódicos. No es correcto ceñir esta cuestión a los estrictos cargos de confianza y a los altos puestos directivos. El PSOE ha abusado de la libre designación para cubrir a su antojo todo lo que buenamente ha querido. El drama del PSOE es que, si cuaja el acuerdo entre PP y Cs con Vox en el acto de investidura, se enfrenta a uno de los mayores Expedientes de Regulación de Empleo de la historia reciente en Andalucía. Puestos medios, contratistas de confianza, organizaciones no gubernamentales «amigas», receptores de subvenciones, los que siempre pasaban por el sitio correcto. No faltará quien se cambie directamente de acera hasta esperar que escampe, quien busque el calorcillo de la nueva realidad si es que ésta se produce. Los que anden emboscados. Tampoco le arriendo las ganancias a los que lleguen nuevos a unos despachos donde partido e institución se han confundido tanto.

Que ande la extrema derecha por medio, en contra de las tesis oficiales, acaba de redondear la tragedia. Sobre todo, si se leen atentamente los datos. Vale que haya lugares propicios para un partido como el de Vox, como los barrios de más parné. Pero doce diputados solo se explican si una parte de los vuestros, queridos niños del PSOE, os han dado la puñalada.