Una botella de aceite de oliva
Una botella de aceite de oliva - ABC
AGROALIMENTACIÓN

Empresas de Córdoba lideran un proyecto para evitar que se falsifique el origen y la calidad del aceite

Un código en la botella facilitará la información grabada en un registro informático avalado por la cadena de producción

CÓRDOBAActualizado:

Ocurre a veces, y con demasiada frecuencia, que cuando se adquiere una botella de aceite de oliva no se tienen las garantías suficientes de su procedencia. El etiquetado suele ser raquítico en información y, a veces, imprecisa. Si es una marca blanca, las dudas sobre el origen y la calidad aumentan, ya que las referencias a su procedencia se limitan a decir si procede de tal o cual país de la Unión Europea, y poco más.

Ni rastro del tipo de aceituna empleada, la calidad del fruto, la finca en la que se ha cosechado esa partida o la almazara donde se ha embotellado el producto. Esa falta de información al usuario tiene los días contados gracias al proyecto innovador denominado «Olivetrace», impulsado por las firmas cordobesas Rurápolis, Galpagro y Oleocano, que pretenden crear la mayor comunidad de confianza en el mundo agroalimentario comenzando con el sector del aceite de oliva.

El socio director de Rurápolis, Miguel Ángel Molinero, comentó a ABC que la tendencia mundial del sector pasa por incrementar los niveles de seguridad alimentaria y facilitar la mayor información a los consumidores. Para tal fin se ha creado la comunidad «Olivetrace» -que cuenta con el soporte técnico de IBM-, en la que participarán la mayor parte de los agricultores, almazaras, envasadores y distribuidores y, gracias a una red de gestión de información no vulnerable, se podrá facilitar el acceso mediante un código QR a toda la información del origen, sistema productivo, datos de procesado o calidades para cualquier operador o para el consumidor final.

Este proyecto, que se pone en marcha esta campaña en Córdoba, tiene como objetivo englobar a todo el sector andaluz para, desde ahí, dar el salto a toda España y que todos compartan el mismo fichero y la misma tecnología para acceder a la información de cada botella de aceite.

En opinión de los promotores, este proyecto permitirá garantizar el origen de todas las partidas de aceitunas que han intervenido en el proceso de producción de una botella de aceite, así como todas las operaciones del proceso, de tal forma que los mercados puedan tener la garantía del origen y calidades de los aceites comercializados, un aspecto clave para poner en valor el aceite de oliva español frente al de otras procedencias.

Pocas experiencias

Para garantizar la fiabilidad de los datos, Molinero informó de que se cuenta con el sistema «Blockchain» o cadena de bloques, que consiste en un registro informático, a modo de libro de cuentas, donde se encripta la información aportada por cada eslabón, que puede ser desde el olivarero hasta el distribuidor. Cada eslabón tiene que verificar la información del nivel anterior. Es decir, si un agricultor graba en el sistema una partida de aceitunas de la variedad hojiblanca, al entregarla en la almazara (siguiente eslabón) se debe verificar que la información aportada es correcta. «Para introducir referencias falsas necesitaríamos de la complicidad de cientos de personas en la red», añade Molinero.

El socio fundador de Rurápolis añade que «Blockchain» es un registro inalterable en el que la propia comunidad es la que otorga máxima veracidad a los datos. Esta tecnología, que comenzó a usarse en el mundo de las criptomonedas, puede ofrecer grandes oportunidades en la industria agroalimentaria, inicialmente en el campo de la mejora de la trazabilidad y la seguridad alimentaria.

Molinero matiza que actualmente son pocas las experiencias en el campo de la agroalimentación, con dos o tres operadores internacionales que usan esta tecnología para verificar que la carne que compran, que luego irá a las baldas de sus supermercados, proceden de países que cumplen con las normas sanitarias.

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