Marina Heredia, ayer, en el Festival del Cante Grande
Marina Heredia, ayer, en el Festival del Cante Grande - R. D.
FLAMENCO

Fosforito sopla las 50 velas del Festival de Cante Grande de Puente Genil

Marina Heredia fue el plato fuerte de una cita también marcada por el ancento pontanés de David Pino y Julián Estrada

PUENTE GENILActualizado:

A sus 84 años, el Maestro y Llave del Cante, Antonio Fernández Díaz «Fosforito», presidió anoche la 50 edición del Festival de Cante que lleva su nombre. El evento flamenco más antiguo de la provincia de Córdoba se celebró anoche en el patio del colegio Agustín Rodríguez, alejado del recinto ferial para evitar la incursión acústica de las atracciones.

Para la ocasión, la concejalía de Promoción del Flamenco eligió un cartel que aglutinaba el cante más veterano, de la mano de Carmen Linares y José de la Tomasa, y voces más jóvenes pero sobradamente consolidadas como David Pino, Julián Estrada, Marina Heredia y Antonio Reyes. Entre todos consiguieron sumar más de 1.600 asistentes al evento.

El certamen comenzó con el reconocimiento, en forma de la entrega de una placa distintiva, al Maestro Antonio Fernández, quien dijo a su púbico que «no me podía imaginar estar viviendo los 50 años del Festival». Aplaudido y querido por los suyos, este pontanés internacional escuchó con atención a todos los cantaores.

La difícil tarea de comenzar el festival recayó en el local David Pino, profesor de Música en el Conservatorio Superior, que dio muestras de conocer a perfección las estructuras del cante. La segunda parte, ya en la mágica madrugada del lunes festivo, arrancó con un cuadro de baile que levantó a los asistentes por la estética, profesionalidad y maneras de Antonio «El Pipa», destacando los palos por tangos, bulerías y alegrías que bordó.

Abrió al cante la joven granadina Marina Heredia. Elegante sobre el escenario, consiguió una magistral actuación que provocó que el público pidiera el «bis». Tuvo compás y duende en las alegrías, soleares y tangos y terminó con un original cuplé por bulerías.

El segundo pontanés de la noche, Julián Estrada, subió al escenario cerca de las cuatro de la madrugada e inició su repertorio sin acompañamiento musical. Le dedicó una de sus letras a Fosforito y terminó sin altavoces el espectáculo. Destacaron sus tonás, la soleá y los fandangos. El broche de oro lo puso la voz gitana de Antonio Reyes. Grave y pausada, transmitiendo como Caracol y el magisterio de Mairena pero con un sello personal por soleá, tientos y las mejores seguiriyas de la noche. Puente Genil es flamenco y medio siglo de historia basta para demostrarlo.