Sacristía de la Cartuja de Granada, obra maestra de Francisco Hurtado Izquierdo
Sacristía de la Cartuja de Granada, obra maestra de Francisco Hurtado Izquierdo - ABC
CULTURA

Francisco Hurtado Izquierdo, el arquitecto lucentino que fundió luz y majestad en el barroco

Nacido hace 350 años, trabajó con Antonio Palomino y Duque Cornejo en proyectos como la Cartuja de Granada

CórdobaActualizado:

La Lucena del siglo XVII alumbró a uno de los cordobeses más insignes de su generación. Su nombre fue Francisco Hurtado Izquierdo y su oficio, arquitecto. Autor de grandes obras en su tierra natal de la Subbética, en Córdoba capital y también en Granada. Sin duda, uno de los grandes maestros del barroco español y un artista influyente que creó escuela y sin el que no se podría explicar una localidad tan hermosa y monumental como Priego de Córdoba.

De allí era su esposa, Mariana de Gámiz, y en Priego falleció en el mes de junio de 1725, cuando algunos de sus grandes proyectos aún estaban en marcha. Del nacimiento de este creador se cumplen 350 años en este 2019, una efemérides que apenas ha tenido resonancia en su tierra natal. Hurtado Izquierdo nació concretamente en 1669 y lo hizo en una familia ligada con la construcción. Se cuenta que su padre, Diego Hurtado, era albañil, lo que ya lo predispuso en el camino que habría de darle la celebridad. Importante fue también que vino al mundo en unos años en los que tanto Lucena como la Subbética en su conjunto vivían una época de dinamismo constructivo gracias al auge de las órdenes religiosas y las cercanas canteras de piedra de colores que existían en municipios como Zuheros o Cabra.

Fachada del hospital del Cardenal Salazar, hoy Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba
Fachada del hospital del Cardenal Salazar, hoy Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba - Ruiz de Almodóvar

Tras unos inicios un poco difusos, la senda de Francisco Hurtado Izquierdo se sigue mucho mejor cuando aparece por Córdoba capital. No había cumplido la treintena. A la ciudad llega en 1695 para participar en la construcción del retablo de la iglesia de San Pedro de Alcántara. Su labor en ambos templos debió de ser de mérito, pues a partir de ese momento pasó Hurtado Izquierdo a contar con el meceznago de uno de los personajes más influyentes de la Córdoba del momento y que sería decisivo en su vida: el religioso malagueño Pedro de Salazar Gutiérrez de Toledo, obispo de Córdoba desde 1686 y que a la historia habría de pasar bajo el nombre del Cardenal Salazar.

Fue este prelado el que se decantó por Hurtado Izquierdo como maestro mayor de la Catedral y el que le encargaría en esa etapa cordobesa del artista la que se puede considerar como su primera gran obra: la capilla de Santa Teresa de la Mezquita-Catedral, conocida hoy como Capilla del Cardenal Salazar porque precisamente ahí está el sepulcro del religioso malagueño. Es el lugar en que está la Custodia.

Sagrario del Paular de Rascafría, en la Sierra del Guadarrama
Sagrario del Paular de Rascafría, en la Sierra del Guadarrama - Maya Balanya

También de esa época es otro edificio que el obispo encargó a Hurtado Izquierdo: el Hospital de Agudos de la Judería. Nació ese proyecto con la idea de que fuese un colegio para la formación de niños sin recursos, aunque la peste que asoló a Córdoba en esos años obligó a que, una vez concluidas las obras, hubiesen de dedicarse tales dependencias a fines sanitarios. Hoy es la sede de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad.

El siguiente destino de Hurtado Izquierdo fue Granada, ciudad a la que se cree que se llegó por recomendación del Cardenal Salázar al obispo granadino, Martín de Ascalgorta, cordobés de nacimiento y formado en colegio de la Asunción. Fue allí, en tierras granadinas, donde el artista lucentino dejó la que está considerada hoy como su obra maestra: el Sagrario del Real Monasterio de Nuestra Señora de la Asunción de la Cartuja, una de las grandes obras del barroco español.

El cardenal Salazar y los Cartujos estuvieron entre quienes le encargaron obras importantes

En la Cartuja demostró Hurtado Izquierdo su maestría en el juego de luces gracias al contraluz e ideó una cúpula de gran belleza que habría de completarse con los frescos de otro genio cordobés, el pintor e historiador del arte Antonio Palomino, natural de Bujalance. Colaboraron en la decoración del «sancta sanctorum» de la Cartuja otros tres artistas andaluces de renombre: los escultores granadinos José de Mora y José Risueño y el sevillano Pedro Duque Cornejo.

Cúpula del sagrario de la Cartuja de Granada, con pinturas de Acisclo Antonio Palomino
Cúpula del sagrario de la Cartuja de Granada, con pinturas de Acisclo Antonio Palomino - ABC

Los últimos años de su vida los pasó Hurtado Izquierdo en Priego de Córdoba, donde logró un puesto administrativo y donde abrió taller. Aún así, tuvo aún otro encargo de importancia que también ha quedado para la historia y que se encuentra lejos de los territorios andaluces: el Paular de Rascafría, en la madrileña Sierra de Guadarrama. Se trata de otro monasterio de los cartujos, que debieron quedar muy satisfechos de la intervención del lucentino en su abadía granadina. En el Paular dejó de nuevo Hurtado Izquierdo los signos inequívocos de su genio, volviendo a jugar con las luces de forma prodigiosa, con las piedras cromadas de la Subbética y con sus características columnas salomónicas.

La muerte le llegó a Francisco Hurtado en Priego, cuando tenía 55 años y muchos de sus proyectos estaban aún en construcción. Tal es así que el Paular lo concluyó uno de sus más destacados discípulos, Teodosio Sánchez de Rueda, un granadino que hizo carrera en Córdoba. A pesar de esa muerte temprana, no se puede dudar de la persistencia posterior del estilo del arquitecto lucentino, pues fueron muchos los artistas que recibieron su influjo no únicamente en vida del maestro sino durante toda la centuria y en especial en la localidad de Priego de Córdoba.

Precisamente ahí, en la iglesia parroquial de la Asunción, descansan los restos de este hijo de un albañil lucentino que amó la arquitectura desde niño, casi desde la cuna, y que logró -paso a paso y piedra a piedra- entrar en la historia del arte español.