El carril bici en construcción entre Vía Augusta y Carretera de Trassierra VALERIO MERINO
PERDONEN LAS MOLESTIAS

Frío invierno

En la recta final de mandato, se desatascan los proyectos y florecen los carriles bici como por arte de magia. Es el ciclo de la vida


CórdobaActualizado:

En primavera florecen las petunias como en precampaña electoral germinan las inauguraciones, las obras menores y los lavados de cara. Sobre todo, los lavados de cara. Es el ciclo de la vida. El eterno retorno que nos recuerda que el cosmos es un engranaje perfecto y previsible. Sabemos que es primavera porque el sol renace entre las nubes y la tierra húmeda produce frutos increíbles, exactamente igual que certificamos que estamos en el último año de mandato cuando las zanjas se cierran y las vallas se levantan.

Faltan diez meses para las elecciones municipales y brotan los carriles bici como amapolas. Da gusto contemplar las nuevas vías que se abren paso en El Brillante, Molinos Alta y Campo Madre de Dios perfiladas de rojo intenso sobre el piso. Pronto despuntarán las plataformas de Ollerías y el Marrubial, más cerca ya de las urnas y del estado de ánimo de los votantes. Es el triunfo de la vida de la misma manera que es el triunfo de la mercadotecnia.

No hay primavera sin frío invierno como no hay nuevos acerados sin la larga noche de los socavones. Todo está escrito en las ordenanzas y en la estrategia electoral de los candidatos. Usted podría hacerse esta sencilla pregunta: ¿por qué renacen ahora los carriles bici y no en el inicio de mandato? Sería una pregunta de sentido común si la política se condujera en los márgenes de lo razonable y no en las coordenadas del oportunismo.

En el primer caso, llevaríamos ya tres años (quizás, dos) disfrutando de una infraestructura capital para un modelo de movilidad urbana sostenible. Los ciudadanos (y ciudadanas) cruzarían la ciudad a pleno pulmón, reduciríamos los humos y contribuiríamos a generar una urbe más amable. Ese modelo que habita en los programas electorales, año tras año, como una fruta madura siempre a punto de caer del árbol. Pero claro: si ganamos tres años (quizás, dos) de carriles bici perdemos una baza impagable en las puertas de la precampaña electoral. Y oiga.

Acaban de brotar los carriles bici, ya decimos, como pronto crecerá el mobiliario urbano, madurarán las rotondas y hermosearán las avenidas en la recta final del ciclo político que está cerca de concluir. Es el milagro de la primavera. La estación de las flores, de la vida y de las promesas electorales, que emergen como espárragos trigueros por doquier. Lo mismo aquí que en Beijing.

Córdoba fue pionera en la construcción de redes para bicicletas a mediados de los noventa. Desde entonces, el área municipal correspondiente se ha echado a dormir la siesta y los carriles languidecen de norte a sur y de levante a poniente. 71 kilómetros de pista, a veces inconexa, a veces carcomida, siempre en estado vegetativo. Ahora se suman 3,2 kilómetros nuevos, tal como acabamos de indicar, y se ha contratado un servicio de mantenimiento para evitar que los chichotes y las magulladuras la conviertan en terreno impracticable. Todo lo cual, dicho sea de paso, nos parece de lo más.

En el último año de mandato, los proyectos se desatascan y los concejales se ajustan el nudo de la corbata para saludar cortésmente al tendero de la esquina. Hay días en que se les puede ver cruzando abuelitas por el paso de cebra. No me digan que no produce ternura. Es en esos meses cuando la ciudad recobra esplendor y las pequeñas obras de barrio van cerrando sus heridas de tierra y agujeros abiertos al cielo. Atentos a la avenida del Marrubial. ¿Qué se apuestan a que concluye al borde de los comicios? Ya les digo. Son los inesperados milagros de primavera tras un frío invierno.