El profesor de la UCO José Carlos Ruiz
El profesor de la UCO José Carlos Ruiz - ROLDÁN SERRANO
CONTRAMIRADAS

José Carlos Ruiz, profesor de Filosofía de la UCO: «Hoy no hay tiempo para la duda»

Hace un año nos animó a cultivar «El arte de pensar» para comprender el mundo. «Y para vivir mejor», sosiene el autor de un libro que toca ya su quinta edición

CÓRDOBA Actualizado: Guardar
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Hace poco más de un año, José Carlos Ruiz publicó un ensayo sobre filosofía que removió el mercado editorial. Bajo el sugerente título de «El arte de pensar» (Almuzara, 2018), el profesor de la UCO defendió la utilidad del pensamiento crítico en la era de la «tuitocracia». El libro ha alcanzado ya su quinta edición. Un hito poco común para una disciplina que navega contra corriente del mercantilismo dominante. Nos recibe en su despacho de la Facultad de Filosofía y Letras. El curso da sus últimos estertores antes del parón estival.

-¿Y para qué sirve un filósofo en la era tecnológica?

-Ahora mismo creo que es más necesario que nunca. Te puede ayudar a dar claves de comprensión social. Hace dos semanas di una conferencia en la empresa Enagás. La compañía me decía que están empezando a buscar filósofos para puestos ejecutivos.

-¿Para qué?

-Después de tanta tecnología, se está perdiendo el panorama completo. La filosofía te da la opción de unificar perspectivas para tener el plano genérico.

-Y mejor tener un filósofo dentro del sistema que fuera molestando.

-Fuera del sistema no sirve para nada nadie. Para mí, el sistema es el ente común que somos todos. También las grandes empresas económicas. La rebelión del siglo XXI pasa por la rebelión del pensamiento. No de la acción.

-¿Y se puede ser rebelde dentro del consejo de administración de una multinacional?

-Depende de tu autonomía. Con autonomía económica, puedes ser rebelde donde te venga en gana.

-¿Noam Chomsky diría las mismas cosas si hubiera estado a sueldo de Lehman Brothers?

-Yo quiero pensar que sí.

José Carlos Ruiz (Córdoba, 1975) tenía 45 licenciaturas distintas en su punto de mira cuando terminó bachillerato. De la encrucijada lo rescató en el último suspiro la lectura de «1984», de George Orwell. «Me impresionó su análisis. La necesidad de entender cómo puede ser un futuro tan brutal. Fue un libro revelador». Tanto que se matriculó en Filosofía consciente de las limitaciones laborales de la carrera. El resto forma parte del periplo curricular de cualquier licenciado. Contratos intermitentes en la enseñanza privada y oposiciones a la pública.

En 2010 presentó su tesis, de la que extrajo un ensayo para intentar colocarlo en las editoriales. Aún conserva los correos de las 32 negativas que cosechó como respuesta. Hasta que un editor le confesó que solo le interesaba un capítulo sobre educación. Cogió las tijeras, lo arrancó de su matriz, lo amplió y nació un innovador ensayo sobre filosofía y superhéroes de cómic: «De Platón a Batman». Poco después, se sumergió en «El arte de pensar».

«La rebelión del siglo XXI pasa por la rebelión del pensamiento, no de la acción»

-¿Pensar para qué?

-Para vivir mejor. Sócrates decía que la vida sin reflexión no merece la pena. La felicidad requiere un análisis. Un niño de cinco años es inmensamente feliz. Pero es una felicidad infantil. No reflexionada, no analizada, no pensada. ¿Para qué la quieres?

-Para ser feliz, si ese es el propósito.

-Eso es lo que nos venden. El propósito no es ser feliz. Es llevar una vida buena.

-¿Y qué es una vida buena?

-Hay un libro de Javier Gomá, que habla de la dignidad. En el fondo, una vida buena es aquella en la que has intentado ser ejemplar. Has intentado tener un criterio honesto, objetivo, sensato. Una vida buena es analítica, no superficial. Mis padres no tenían como objetivo ser felices: tenían como objetivo construirse una vida.

-Antes solo había un modelo vida.

-La elección siempre es positiva. El problema es cuando das a elegir desde edades tempranas y no tienen todavía argumentada su identidad. Antes nuestros referentes eran cercanos. Hoy la gente joven quiere parecerse a ídolos virtuales. Tarde o temprano la virtualidad se cae, porque no es real, y empieza la desesperanza, la desazón, la angustia, la ansiedad y los psicólogos.

-¿El pensamiento es un instrumento subversivo?

-Siempre. Entre otras cosas, porque no le dice nadie lo que tiene que hacer. Eso, según Kant, sería meter a una persona en la minoría de edad intelectual.

-¿Pensamos poco o demasiado?

-Pensamos mal. Sobre todo, apresurados. Se impone lo inmediato ante la reflexión. No hay tiempo para la duda. Somos más maniqueos que nunca. No hay términos medios.

«¿Pensar para qué? Para vivir mejor. La felicidad de un niño es infantil, no reflexionada ni analizada»

-¿Qué hay en el universo digital: muchas ideas o mucho ruido?

-De todo. Pero las ideas están ahí. Y son maravillosas. A mí, internet me ha supuesto la panacea a nivel de conocimiento. Horas y horas de investigación. Tienes que tener la curiosidad suficiente junto con la intensidad necesaria para distinguir el ruido. Hay que cultivar el oído.

-¿Sócrates sería hoy un «youtuber»?

-«Influencer» es probable que sí. Se llevaba de calle a los jovencitos que había en la plaza de Atenas. Lo que no sé es si sería «youtuber» Eso requiere un montaje, un vídeo, un tiempo, un guión, cortar y pegar. Y él era más espontáneo.

-¿Tuiteo luego existo?

-También. ¿Por qué no? Aunque nuestros jóvenes no tuitean. Eso se lo compro de 40 años para arriba. Ellos usan Instagram. Por la rapidez de lo visual. No tienes que leer mucho ni analizar demasiado. Es mucho más fácil.

-¿Y si la escritura desapareciera?

-Se impondría otro modelo de comunicación. O lo haríamos como en «1984»: a través de imágenes. La escritura, en el fondo, no deja de ser un testimonio de mi palabra cuando ya no estoy.

-¿Las redes sociales son una escuela de ciudadanía?

-Imposible. Las redes sociales no van a educar a nadie. Educar es un proceso que lleva años.

-En la red aprendemos a confrontar ideas.

-Eso no es educar. Educar implica que la persona tenga una apertura mental antes de llegar a la opinión. Si no tiene ese proceso de aprendizaje, las redes solo servirán para radicalizar las ideas previas. La labor está antes.

-¿Internet es una vacuna contra el totalitarismo?

-Sin duda. Para mí, internet es la panacea.

-¿Hoy somos más libres que ayer?

-Somos más libres pero tenemos más ansiedad. Hay una relación binómica en nuestra cabeza que dice que a más opciones más libre te sientes. Es cierto. El problema surge cuando la «opcionalidad» se ha multiplicado por millones y, a la hora de elegir, te paralizas.

-Escribió usted una tesis sobre el hiperindividualismo. O sea, sobre la vida misma.

-Las redes sociales lo han potenciado desde el momento en que te separan del sujeto. Y eso ha dañado mucho al concepto de grupo, de sociedad.

«La gente joven quire parecerse a sus ídolos virtuales. Y cuando la virtualidad se cae llega la desazón»

-¿El pluripartidismo es el estado de madurez intelectual?

-Lo estamos experimentando por primera vez en este país. Tendremos que ver si pactar va a suponer un nivel de tolerancia mayor o menor. Tengo esa duda. Todavía estamos muy verdes con el tema de los pactos.

-Y después de la democracia, ¿qué?

-Más democracia. No puede haber otra cosa. Y tenemos que estar muy atentos para que eso no cambie.

-¿De qué morirá la humanidad?

-Probablemente de cansancio. Y si tuviera que elegir una catástrofe natural diría que del cambio climático.

-¿Quién es el Kant de hoy?

-Complicado. Entre los más mediáticos tienes a Zizek. Está intentando meter la rama comunitarista dentro del sistema liberal de mercado. Y está teniendo influencia. Los filósofos se están especializando en campos de investigación determinados como la biotecnología o la robótica. Pero tener influencia filosófica en el siglo XXI es complicado.

-Antes la tiene Bertín Osborne.

-A nivel de espectáculo, sin duda. A nivel real, no hablaría de filósofos. Los empresarios contemporáneos están entrando en la faceta emocional del ser humano y empiezan a entender que la empresa no es solo la parte económica.

-¿Qué hace usted cuando no piensa?

-Me distraigo. Veo mucha televisión.