La chica de La Carlota posa con su ahijado, que nació mientras ella estaba ingresada
La chica de La Carlota posa con su ahijado, que nació mientras ella estaba ingresada - ABC
SALUD

Una joven de Córdoba que superó un cáncer infantil: «Mi misión es dar esperanza»

A Verónica Palazuelos, de La Carlota, le diagnosticaron leucemia en 2007. Ahora tiene 23 años y está sana

CÓRDOBAActualizado:

LA que viene a continuación es una historia de esperanza: la prueba de que por muy cuesta arriba que se ponga la vida siempre hay motivos para confiar en que todo puede arreglarse. Verónica Palazuelos tiene 23 años y es una chica feliz y sana. Esta vecina de La Carlota no podía decir lo mismo hace una década. Cuando tenía doce años empezó a dolerle la cabeza por sistema, a padecer fiebres prolongadas, a sentirse con los huesos débiles. «Al principio lo achacamos a que estaba creciendo, a que tenía un resfriado largo. Pero las molestias no se me pasaban y me hicieron pruebas, a ver qué me pasaba, a ver si lo que tenía mononucleosis, en fin, pruebas de un montón de enfermedades que se fueron descartando», recuerda la joven en una entrevista concedida a ABC. «Uno de esos días fuimos a Urgencias, me dejaron ingresada y a la mañana siguiente, ha hecho once años el día ocho de este mes, pues me hicieron una punción de médula y me detectaron una leucemia aguda».

La joven, durante una de sus estancias hospitalarias en 2007
La joven, durante una de sus estancias hospitalarias en 2007-ABC

El mundo se le vino encima, a ella y a todos cuantos la rodeaban y la querían. Su padre, que trabajaba fuera de Córdoba, tuvo que volverse a La Carlota. «A partir de ese momento entré en un protocolo de tratamientos que incluía quimioterapia y la búsqueda de un donante de médula. Tuve suerte porque el donante apareció pronto: el diagnóstico fue en febrero de 2007 y en septiembre me trasplantaron. Todo mejoró: no tuve ningún rechazo, ningún problema y al año siguiente estaba recuperada y bien...», recuerda ella, muy resuelta y con un tono de voz animoso.

Verónica decoró su habitación de hospital durante la Feria y se adornó la cabeza
Verónica decoró su habitación de hospital durante la Feria y se adornó la cabeza-ABC

«Sí, estoy curada: todavía no tengo el alta definitiva, sigo yendo a consulta, lo hago dos veces al año, sólo para hacerme una analítica de sangre para confirmar que todo ha ido bien y nada más», completa antes de caer de nuevo en la cuenta de que es una afortunada: en su mente está fresco el caso de Yayza, una chica de 17 años a la que apoyó en su enfermedad y que acaba de fallecer tras una recaída. «Ella está en mi recuerdo», confiesa Verónica.

La vecina de La Carlota, en la actualidad
La vecina de La Carlota, en la actualidad-ABC

Tras el trasplante —«que fue posible gracias a las células madre de un cordón umbilical que gestionó la Fundación Josep Carreras»—, vinieron, con todo, dos años de parón en su vida a cuenta de las revisiones y del control de su evolución. «Cuando esto pasó yo estaba en Primero de la ESO, justo al empezar el segundo trimestre, y no fui a clase ni ese curso ni el siguiente. Hacía tareas en casa con la ayuda de ‘Save the children’, que me puso una profesora en casa y me daba materiales, y yo presentaba a final de curso unos trabajos y aprobé los dos cursos. Así que pasé a Tercero, pero con poquito nivel, después de dos años sin ir a clase», informa.

«Mis amigos saben lo que me pasó: soy una pesada con la donación de médula, que es muy necesaria»

Una vez finalizada la enseñanza obligatoria, Verónica hizo un grado medio de Atención a la Dependencia y ahora cursa un grado superior de Educación Infantil. A la joven no le importa hablar de lo que vivió. «Todo lo contrario: mis amigos saben lo que me pasó; con ellos soy una pesada con la donación de médula, porque se necesitan muchos donantes», explica la chica, a la que su madre le hizo un vídeo en Youtube cuando cumplió 17 años para recordar su historia de superación.

«¿Que cómo lo sufrió mi familia? Creo que peor que yo: quizás no era tan consciente de la gravedad de lo que me ocurría. Ellos sí», afirma quien, desde entonces, ha ejercido de voluntaria en la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). «Iba a los campamentos infantiles para dar ejemplo. Para dar esperanza. Ésa es mi misión».