Relieve en homenaje a la familia Annea que puede verse en una calle de Córdoba
Relieve en homenaje a la familia Annea que puede verse en una calle de Córdoba - ABC
Historia

Junio Galión, el procónsul romano de Córdoba que «perdonó» a San Pablo

El personaje histórico, que aparece en el Nuevo Testamento, fue hermano del filósofo Séneca

CórdobaActualizado:

Las calles de Córdoba y de toda la provincia reviven a partir de hoy, Domingo de Ramos, la pasión y muerte de Jesucristo a través de decenas de procesiones y cultos religiosos. Sin duda, una de las grandes historias de la aventura humana, que tuvo lugar cuando la ciudad de Córdoba comenzaba a ostentar la capitalidad de la Bética. Muchos kilómetros separaban a la vieja Corduba y a Jerusalén, por lo que lo normal es que ningún cordobés de aquella época sin vuelos «low cost» apareciese en las narraciones del Nuevo Testamento, que dan cuenta de aquellos años cruciales en lo religioso y en lo político y de los que luego vinieron. Sin embargo, no fue así y un hombre nacido en Corduba sí que quedó dibujado en esas líneas para siempre. Más concretamente en los «Hechos de los Apóstoles» del Evangelio de Lucas. Allí aparece citado como proncónsul de la región griega de Acaya un tal Junio Galión, que se cruzó en su camino con el apóstol Pablo de Tarso. Su figura ha quedado de ese modo en la Historia en general y en la historia del Cristianismo en particular. ¿Pero quién era este cordobés que ha permanecido para siempre en los Envangelios?

La realidad, según las conclusiones a las que han llegado los historiadores, es que este Junio Galión no nació con tal nombre, sino que lo hizo con el de Marco Anneo Novato. Es decir, que procedía de la legendaria familia Annea al ser hijo biológico del gran orador Séneca El Viejo, hermano del filósofo Lucio Anneo Séneca y tío por tanto del poeta Marco Anneo Lucano, autor de la «Farsalia». El cambio de nombre sucedió a raíz de la muerte de su progenitor y gracias al ofrecimiento de un íntimo amigo de éste, el senador Junio Galión, que se propuso como padre adoptivo. Esta decisión, muy común en las costumbres romanas de la época y que conjeturó por vez primera el historiador Martín Delrío, permitió al primogénito de Séneca El Viejo acceder a la clase senatorial, de ahí que a partir de entonces se hiciese llamar Lucio Julio Galión Anneano. No significaba tal decisión desafección alguna con su propia familia, por lo que no debe extrañar que su hermano Lucio Anneo, el gran filósofo, lo citase en su propia obra con frases repletas de cariño y admiración.

El historiador y novelista Alberto Monterroso ha estudiado la biografía de Junio Galión padre y la fuerte amistad que lo unía con Séneca El Viejo, lo que hace entendible que ayudase a su hijos una vez muerto éste. Ese primer Junio Galión destacó, según ha escrito Monterroso, como un magnífico orador muy ajeno a amaneramientos, que ganó fama en la Roma imperial. Fue amigo de la célebre y refinada familia de los Mesala y del emperador Tiberio, un vínculo que terminaría envenenándose en los años oscuros del césar y que le costaría el destierro a la isla de Lesbos. La historia lo recuerda por su ingenio, no falto de ironía y humor y que le sirvió de inspiración a otro de sus grandes amigos, el poeta Publio Ovidio Nasón.

De ese primer Junio Galión tomó nombre su hijo adoptivo, que también se marchó a Roma para formarse con tan buen provecho que logró fama como hombre ilustrado y de grato y sencillo carácter. Allí hizo carrera como político y su gran momento le llegó, tras los años locos y crueles de Calígula, en época del césar Claudio, con el que mantuvo buena relación. Este emperador, al que siglos después inmortalizaría literariamente Robert Graves, lo envió como procónsul a la por entonces región senatorial de Acaya, situada al Norte del Peloponeso y junto al golfo de Corintio. De esa designación, que por entonces era golosa por la prominencia de esta zona griega, han quedado no sólo referencias biográficas, sino también arqueológicas gracias a una inscripción hallada en Delfos a finales del siglo XIX y en la que se habla de Galión como procónsul.

C0n el apóstol

Precisamente en Corintio fue donde Junio Galión coincidió, a mediados del siglo I, con el apóstol san Pablo, que por entonces era simplemente Pablo de Tarso: un judío que años atrás, tras una revelación, se había unido al cristianismo y que recorrió leguas y leguas evangelizando. En Corintio fue donde tuvo San Pablo un desencuentro con los judíos del lugar, que lo acabaron llevando ante el procónsul para que este le prohibiese continuar con su labor evangelizadora. La historia la cuenta Lucas en el capítulo 18 de los «Hechos de los Apóstoles», donde que explica que los judíos «se levantaron a una contra Pablo» y lo llevaron ante el tribunal con el argumento de que «éste persuade a los hombres a que adoren a Dios en forma contraria a la ley». Junio Galión se desentendió de esa demanda y lo que cuenta el Nuevo Testamento es que les dijo que él actuaría en el caso de que se acusase a Pablo de Tarso de algún crimen o depravación, pero «no por cuestiones de palabras y nombres, de vuestra propia ley». Les espetó finalmente que allá ellos con sus conflictos religiosos y mandó echarlos a todos de la sala, lo que dio lugar a un importante gresca en la que recibió varios golpes al principal de los judíos.

La historia de Junio Galión como procónsul no se extendió mucho en el tiempo, pues problemas de pulmón lo acabaron apartando del cargo y lo devolvieron a Roma, donde volvió a ocupar puestos de alta responsabilidad. En cuanto a sus últimos días, poco se sabe, aunque los historiadores y religiosos cordobeses del XVIII Pedro y Rafael Rodríguez Mohedano apuntaron, tras leer con esmero las fuentes primigenias, que acabó quitándose la vida poco después que sus hermanos y debido a la presión que sobre la familia Annea ejerció Nerón, culpable a su vez de la decapitación de San Pablo. De lo que no hay duda es de que este hombre se alza hoy como uno de los más destacados hijos de la fértil Corduba romana. En cuanto a la Iglesia Católica, se le considera en ella una persona tolerante que con su decisión de no perseguir a San Pablo sentó un precedente muy importante en lo que se refiere a la libre evangelización y la tolerancia religiosa. Otros ven sin embargo en su decisión de no juzgar al apóstol una cosa bien distinta: el hartazgo del procónsul no solo con los judíos sino también con los cristianos; es decir, el cansancio ante los radicalismos y competencias de las dos religiones monoteístas en conflicto. Galión, más allá de interpretaciones sobre los motivos de aquella decisión, sigue y seguirá en el Nuevo Testamento. Ahí queda como único cordobés que logró colarse, aunque fuese en segundo y fugaz plano, en uno de los grandes relatos de la humanidad.