Una calle de Cabra con una casa destrozada por el bombardeo de 1938
Una calle de Cabra con una casa destrozada por el bombardeo de 1938 - CRIS VELASCO / ARCHIVO DE LA BIBLIOTECA NACIONAL
ANIVERSARIO

La Ley de Memoria Histórica impide abrir la fosa común con las víctimas del bombardeo de Cabra

Sólo contempla los enterramientos clandestinos, no oficiales, y nunca de víctimas del bando republicano

CórdobaActualizado:

¿Hay más de medio centenar de personas condenadas a reposar para siempre en una fosa común, sin que haya ninguna herramienta legal para sacarlos de donde están? Según la norma actual, parece que la mitad de los muertos en el bombardeo de Cabra del 7 de noviembre de 1938, enterrados conjuntamente en el cementerio de la ciudad de la Subbética, no se pueden mover de donde están.

Un día después de la tragedia que acabaría llegando hasta los 109 muertos en las semanas siguientes, Cabra se dispuso a enterrar a los muertos y apenas había medios y lugares para hacerlo. Muchos pueblos vecinos ayudaron con comida, material sanitario y médicos, y Lucena, además de eso, envió ataúdes, que eran necesarios para afrontar lo que había sucedido. A los muertos se les enterró en una fosa común en el cementerio municipal, que entonces quedó en una de las zonas finales, junto a una pared. No hubo otra forma.

Promovido por las autoridades

El profesor Antonio Arrabal, autor del libro «El bombardeo de Cabra: el Guernica de la Subbética», que publicó la editorial Sarriá y del que pronto llegará la tercera edición, intentó que los caídos aquel día tuvieran una sepultura más digna, pero no lo consiguió. Forma parte de la Comisión de Memoria Histórica de Cabra y allí planteó que se pudiese abrir aquella fosa para buscar un lugar mejor, pero la respuesta fue que la Ley de Memoria Histórica, que a esas horas buscaba abrir fosas en toda España, no lo permitía por sus características.

Una placa con los nombres y una cruz es el recuerdo en el cementerio de Cabra

Aquella, recuerda el autor, no es una fosa clandestina, realizada después de un fusilamiento en una cuenta, sino oficial, en un terreno municipal, y promovida por las mismas autoridades. «Y además está el hecho de que no son víctimas de la represión franquista, que es para lo que se hace la Ley de Memoria Histórica», sino de personas que murieron por una acción de la aviación gubernamental. Pero él lo tiene claro: «Son también víctimas de la Guerra Civil y se da por hecho que son sólo las que padecieron el franquismo».

Se colocó una lápida con los nombres de los fallecidos y hasta allí se trasladó una cruz que había estado junto al colegio de las Madres Escolapias, donde los «katiuskas» del ejército republicano descargaron la primera de las bombas con las que sembraron Cabra de muerte y destrucción de las 7.27 horas de la mañana de aquel 7 de noviembre de 1938.