Imagen tomada en la sede de Diego de León y en ella aparecen Rogelio y una jovencísima Pilar Sarasola
Imagen tomada en la sede de Diego de León y en ella aparecen Rogelio y una jovencísima Pilar Sarasola - ABC
CULTURA

Librería Luque: una obra maestra centenaria en Córdoba

Cumple un siglo este negocio, promovido por Rogelio Luque y que supo persistir en el tiempo gracias al ingenio de su esposa

CÓRDOBAActualizado:

El ajetreo ha sido la nota dominante esta semana en la céntrica e histórica Librería Luque, donde ha resultado fácil ver a la gente ultimando sus compras para la festividad de los Reyes Magos. A la búsqueda de ese detalle libresco que sorprenda al familiar o de ese cuento infantil que abra a los ojos a la lectura y a la fantasía al pequeño de la casa. Estampa, la del personal acudiendo a buen ritmo a una librería, que en los actuales tiempos del «e-commerce» ya no es tan frecuente, pero que ha sido un clásico durante décadas, Navidad tras Navidad. Y es que en Córdoba el apellido Luque, que por algo comienza por L de libros, tiene potentes resonancias intelectuales. Cien años se cumplen de hecho en este 2019 de la apertura de este negocio, que a lo largo de la centuria ha sido clave en la vida literaria y académica de la ciudad. Una larga historia en la que varias generaciones han ido pasando por sus mostradores y superando con pasión e ingenio todo tipo de adversidades. Porque si algo caracteriza a la Librería Luque es un aguerrido espíritu de resistencia que ha sabido atravesar los desastres y contratiempos de un siglo repleto de curvas y turbulencias.

El origen de este negocio se encuentra en un personaje singular, Rogelio Luque Díaz. Él fue el pionero, el que a inicios de 1919, hace ahora justo un siglo, se lanzó a preparar la apertura de la primera sede de este negocio, que estuvo situado en sus orígenes en un pequeño local de la calle de La Plata. Abrió sus puertas la tienda en marzo de ese año y con tan buena respuesta que sólo dos años más tarde se produjo su traslado a un espacio más amplio en la calle Diego de León, número 8, junto al Instituto Luis de Góngora. Allí llevaban de compras por ejemplo al poeta Pablo García Baena, que se recordaba a sí mismo con pocos años saliendo ufano de aquella tienda con un cuento bajo el brazo y de la mano de su hermano mayor. Rogelio Luque, alma mater de la empresa, había nacido en Priego de Córdoba en 1897 y a la capital se había trasladado, apenas veinteañero, junto a su hermano Rafael con el fin de dar vía libre a su intensa vocación cultural.

La Librería Luque se convirtió pronto en un refugio de intelectuales y en una referencia de la vida de la ciudad. El propio Rogelio, esperantista convencido y poeta eventual, participaba de la vieja tradición de las tertulias intelectuales de cafetín y amistad. Pronto, a finales de los 20, se lanzó también por el camino de la edición, con ambiciosas empresas como la revista literaria «La Pluma» y libros históricos como la «Guía Artística de Córdoba» de Vicente Orti Belmonte, pionera en su género.

Imagen del interior de la Libreria Luque en la calle Gondomar
Imagen del interior de la Libreria Luque en la calle Gondomar

La siguiente década, la de los 30, llegó con otra mudanza, lo que da cuentas de lo bien que marchaba el negocio. Ocurrió en 1932, por el mes de junio y en el contexto de la II República. Supuso, según explica su nieto Javier Luque, la apertura del histórico local de la calle Gondomar, que estaría abierto hasta el año 2000 y que acabaría siendo quizá la sede más emblemática de la Librería durante la larga dictadura franquista y los años de la transición democrática. Por allí pasarían buenos amigos del librero como el escultor montalbeño Enrique Moreno «El Fenómeno» o el arquitecto y concejal socialista Francisco Azorín Izquierdo, que hizo el diseño del chalet de la Sierra al que se acabarían trasladando el librero y su familia.

El empuje de Pilar Sarasola

Y es que la década de los 20 había sido también un periodo feliz en lo personal para Rogelio, pues en 1924 se había casado con una mujer fascinante, la asturiana Pilar Sarasola (1904-1981). Se había conocido la pareja de un modo curioso, a través de correo postal, y cuando ella cumplió la mayoría de edad contrajeron matrimonio y se establecieron en Córdoba. Pilar, de la que se sabe mucho gracias a los magníficos trabajos biográficos de la escritora Matilde Cabello, dio a luz a dos hijos, Rogelio y Antonio. Titulada en Comercio por la Escuela Oficial de su Gijón natal, también se incorporó pronto a la gestión de la librería, algo poco frecuente en la época pero que su marido estimuló. De Pilar siempre se recuerda su elegancia personal y su amplia formación, al tiempo que su dedicación plena al negocio de su marido.

El desastre de la guerra civil se cebó sin embargo con la familia y se llevó por delante la vida de Rogelio, fusilado a los 39 años, en los albores de la guerra, por el bando nacional y bajo la acusación de difundir libros marxistas. Lo normal es que un suceso así hubiese supuesto el fin del negocio, pero ahí apareció el espíritu resistente y heroico de Pilar Sarasola, que, con poco más de treinta años, se echó a la espalda un establecimiento cuyos entresijos conocía bien. Colocó sin arrugarse el cartel de Librería Viuda de Luque y sacó adelante el negocio y la familia. Mujer de talla enorme, ya en su madurez y por culpa de un derrame cerebral, como ha contado Matilde Cabello, llegó a olvidar la escritura, pero recuperó tal capacidad volviendo a las caligrafías de la infancia y con un tesón que da muestras de su fuerza interior.

La librería, pese al fusilamiento de Rogelio, se convirtió durante el franquismo en un refugio para intelectuales. Por allí pasaron los escritores de l Grupo Cántico y allí se pudieron conocer las novedades literarias que Pilar conseguía con no pocos esfuerzos en años de carestías. Se cuenta a menudo que con los intelectuales había manga ancha y se les dejaba ojear y curiosear los libros de forma demorada sin molestarles. El relevo a Pilar llegó finalmente de parte de sus hijos Rogelio y Antonio, que se hicieron cargo del negocio y lo condujeron hasta los años democráticos. Llegaron incluso a ampliarlo con la apertura en 1972 de una nueva tienda en la calle Cruz Conde. Hasta el año 2000 estuvo funcionando este establecimiento al mismo tiempo que se mantenía abierta la clásica librería de Gondomar.

Imagen del cierre de la librería Luque en la calle Cruz Conde
Imagen del cierre de la librería Luque en la calle Cruz Conde - Valerio Merino

Resistencia a la tecnología

El nuevo siglo, tras ese cierre de la sede histórica, arrancó sin embargo con cierta sensación de declive, en un momento en el que las nuevas tecnologías comenzaban a amenazar la pervivencia del libro tradicional. E incluso hace una década, en 2009, se llegó a anunciar el cierre definitivo del histórico establecimiento. La sede de Cruz Conde bajó las persianas, pero los descendientes de Rogelio y Pilar que seguían en el negocio y los trabajadores se aliaron para formar una cooperativa y reabrir bajo el mismo nombre en su actual ubicación de la calle Jesús y María. Allí le llegará el centenario a la Librería Luque, una efemérides que se anuncia cargada de actividades y talleres gracias a una programación especial que se dará a conocer en próximas fechas.

Varias personas en la sede de Luque en la calle Jesús María
Varias personas en la sede de Luque en la calle Jesús María - Valerio Merino

Será un capítulo más en una historia de amor a los libros y de resistencia ilustrada a los vaivenes de la vida, que llega con la plantilla «dispuesta a seguir luchando», como explica Javier Luque, un hombre que estudió Derecho y ejerció para acabar cayendo en el veneno de los libros que le corría por el ADN familiar. Él, que es hoy la cara más visible de este negocio, sólo les pide a los cordobeses en este centenario que se acuerden de visitarla, pues sin ellos será imposible mantener una librería de este tipo tan singular, generalista y a pie de calle, un modelo en extinción. Sólo así será posible que persista la mágica librería que impulsó aquel veinteañero Rogelio Luque cuando llegó desde la Subbética cargado de ilusiones y civismo, sin soñar siquiera la honda huella que acabaría dejando en la vida literaria y culta de la ciudad.