Clases de religión en un colegio de Córdoba
Clases de religión en un colegio de Córdoba - ROLDÁN SERRANO
Desde mi rincón

Limitaciones a la libertad

No es prudente obstaculizar la elección de las familias de enseñar a sus hijos la moral que considern más apropiada para su vida

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A veces me pregunto qué tienen algunos líderes de la izquierda política contra la Iglesia. Cuando no es la Mezquita-Catedral, la lían contra los colegios religiosos. Achacan que en esos colegios se adoctrina a los alumnos. Respetando la opinión de quienes piensan así, manifiesto que según mi criterio confunden adoctrinamiento con enseñanza. Entendiendo por moral el conjunto de creencias, costumbres, valores y normas de una persona o de un grupo social que sirve como guía para actuar en la vida, la enseñanza de una determinada moral no es inculcar en las personas una doctrina, sino explicarla para que cada cual la adopte si así lo considera. Es la libertad la que marca la diferencia entre adoctrinamiento y enseñanza.

Hace diez días asistí a una misa en el colegio La Salle de Córdoba. En el acto penitencial, momento en el que los cristianos reconocemos ser una comunidad de pecadores, una joven alumna tomó la palabra y dijo algo que me hizo reflexionar. Manifestó que conscientes de que es más importante ser que tener, acaparar bienes antes que buscar justicia es un error que hay que evitar. El no ser suficientemente valientes para saber ir a contracorriente cuando las circunstancias exigen defender nuestra moral, es el segundo de los errores que cometemos frecuentemente. Por último dejó claro que la envidia, el orgullo y la rivalidad entre personas es algo que debemos evitar por todos los medios, ya que nos separa y destruye. Al oírla me dije que si eso es lo que se enseña en los colegios católicos, por el bien de todos sería conveniente apoyar esa enseñanza. Sin que nadie sea excluido por haber caído en el error, en los colegios se les enseñan los valores que un cristiano debe tener como faro que oriente su vida. A nadie se le obliga a actuar de una u otra manera. ¿Por qué entonces esa fobia contra la enseñanza cristiana?

El líder de Izquierda Unida Alberto Garzón, manifestaba en una entrevista televisada que «un delincuente no puede ser de izquierdas». Debería explicar qué es para él un delincuente. Porque si es toda persona que en algún momento de su vida quebranta la Ley o actúa de manera reprobable, terminaremos diciendo que muy pocos deben ser de izquierdas. Diferente sería si para un determinado partido el concepto de delincuencia no estuviese claramente definido, dejando que sean sus líderes los que en cada momento determinen como censurables o satisfactorios los actos de las personas.

No es prudente limitar u obstaculiza la libertad de las familias para enseñar a sus hijos la moral que consideren más apropiada para su vida. Más bien es propio de personas que se consideran los únicos capacitados para juzgar como buenos o malos los actos de los demás. Quienes actúan considerándose poseedores de una superioridad moral, están más cerca del despotismo que de la democracia.