Ricky Martin en el concierto ofrecido en Córdoba en septiembre de 2018
Ricky Martin en el concierto ofrecido en Córdoba en septiembre de 2018 - Rafael Carmona
Pretérito Imperfecto

«Livin» la política loca

Cuando el dinero público no es de nadie, uno puede acabar creyéndose Ricky Martin

Córdoba Actualizado: Guardar
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El puertorriqueño Ricky Martin trajo al Arenal a su «reina de la noche» a su «diosa del vudú» que te «lleva a los infiernos» con un «baile demencial». Justo hace ahora un año, el meandro del Guadalquivir no era precisamente el Caribe, y su brisa serena al olor de sardina escuálida se vio alterada por las luces de neón y el torrente de vatios y lentejuelas. Una noche loca para Córdoba, poco acostumbrada a los conciertos de masas, a los egos de purpurina. La secuencia pasó entre el exotismo propio de la cita y la invasión de las redes sociales a la mañana siguiente con las fotos de recuerdo del maromo en escena, que sigue teniendo su público transversal.

Sin embargo, el paso del tiempo no ha podido soslayar la tramoya de aquella glamurosa (¿) sonata, y aún siguen coleando, en sus estertores, la patente de corso del cogobierno de Ambrosio y García, que escondía sus sapos bajo la esterilla moviendo las caderas. Como ha venido publicando ABC estos días, el citado concierto se gestó de la manera más chapucera posible, arrastrando un tufo de irregularidades que varios técnicos del Ayuntamiento pusieron ya negro sobre blanco, y a pesar de ello, don Ricky deleitó a sus fans. La broma podría costarle a las arcas municipales unos 200.000 euros, sumándose al paraninfo que ya ocupaba el dislate de Rosalía con sus 220.000 euros a piñón y límite de aforo en la pasada Noche Blanca del Flamenco. Creíamos que ya lo habíamos visto todo en la torpe e irracional gestión de este tipo de espectáculos que nunca deben corresponder a servidores públicos. Empero, el tal García nos tenía guardada una auténtica perla con el guayabo puertorriqueño.