La agricultura e «influencer» Lorena Guerra
La agricultura e «influencer» Lorena Guerra - Valerio Merino
Contramiradas

Lorena Guerra: «No me siento infravalorada por ser agricultora»

Esta joven cordobesa ha revolucionado las redes rompiendo clichés con sus imágenes al frente de un tractor

CórdobaActualizado:

LLega 15 minutos antes de la hora prevista. Pantalón blanco, zapatillas Converse y camiseta de tirantes estival. Cualquiera diría que maneja tractores, ara la tierra y da de comer a los animales cada mañana. Pero sí: Lorena Guerra es agricultora. Joven, ingeniera técnica y sobradamente preparada. Una mujer que tritura todos los clichés sobre el mundo rural. Y, por si fuera poco, revoluciona las redes sociales con su perfil de Instagram, que no para de crecer como la espuma.

¿De qué va Lorena Guerra?

Pretendo dar otra imagen del mundo rural. Que hay mujeres que sí podemos. Que no solo somos capaces de trabajar en una oficina ni somos menos porque llevemos maquinaria agrícola.

¿Quedan muchos prejuicios que romper?

A mí no me lo dicen, pero sé que hay muchos que piensan: «Mira qué garrula». Yo lo noto. Muchos no lo ven bien.

¿Y usted cómo lo ve?

Yo súper bien. No me siento infravalorada. A mí me encanta lo que hago.

Es hija y nieta de agricultores. Nació en la aldea de Cuenca, en Fuente Obejuna, en 1988. Y allí sigue. De su infancia, conserva la inmensidad del territorio y la ausencia de amenazas. Justo todo lo que se ha perdido en la ciudad. «Para una niña, mi pueblo es libertad», sostiene a modo de declaración de principios. A los 17 años ya conducía tractores y, cuando tuvo que elegir carrera universitaria, no dudó. Sabía que su vida estaba cosida al universo del campo y se matriculó en Sevilla en Ingeniería Técnico Agrícola. Nada más licenciarse, trabajó en un ayuntamiento de Málaga en el departamento de Medio Ambiente y, poco después, en una cooperativa en Badajoz.

Hasta que su padre le dijo ven. Y lo dejó todo. Ya lleva casi tres años en la explotación familiar. Aprendiendo y creciendo como agricultora. Su proyecto es montar su propio negocio. Mientras tanto, ha pegado un pequeño gran pelotazo en las redes, donde ya tiene 12.900 seguidores en Instagram, bajo el perfil de @agricola_lorew. Y subiendo.

La «influencer» Lorena Guerra
La «influencer» Lorena Guerra - V. Merino

Hemos leído en internet: «La joven agricultora que triunfa en las redes sociales». ¿Cuál es su mérito?

Para mí, triunfar es llegar lejos emprendiendo algo y todavía no he hecho nada. Me lo han dado hecho. Mi padre ha sido el promotor de todo lo que tenemos.

Mujer, joven, ingeniera, agricultora. ¿Algo está cambiando en el mundo rural?

Yo creo que sí. Lo que antes era un trabajo de hombres, ya lo puede hacer cualquiera. No es poder: es querer. Y todo lo que quieras se puede conseguir.

¿Y usted qué quiere?

Montar una empresa de asesoría o de productos fitosanitarios. O algo de cooperativa. Lo estoy pensando todavía.

El 23% de las explotaciones agrarias en España están dirigidas por mujeres. ¿Mucho o poco?

Podemos subir un poquito. Por lo menos al 50%. Vamos progresando poquito a poco.

¿Qué pone una mujer en la actividad del campo?

Lo mismo que un hombre. Menos fuerza. Es lo único. Pero lo demás, todo.

Ojo con este dato: solo el 5% de las mujeres que trabajan en el campo tienen menos de 35 años.

Hay mujeres que dicen que dirigen explotaciones solo por las ayudas. Y luego ni aparecen por el campo. También hombres. Y lo que digo es echarme basura a mí misma.

¿Qué le dijo su padre cuando se montó en un tractor?

Que está muy orgulloso. Él me lo inculcó.

¿Y qué le dice ahora que se ha convertido en estrella de Instagram?

El otro día lloraba mientras leía una entrevista que me hicieron. Se emociona mucho. Yo soy la pequeña de la familia. Nos peleamos bastante pero mi padre es mi ídolo. Yo lo que quiero es aprender de él.

¿Qué valora de su padre?

Es una cabeza pensante. Está todo el tiempo pensando qué puede hacer para seguir. Y tiene 72 años. Es un emprendedor nato. Y no me olvido de mi madre, que siempre ha estado ahí ayudando en todo.

Es la pequeña de una familia de tres hermanos. El mayor se dedica a las labores agrícolas de la empresa paterna desde que terminó sus estudios. Tiene 13 años más que Lorena. La mediana es abogada. No quiso saber nada del campo. Y ella ama la naturaleza y sus ciclos biológicos. Por eso no vaciló cuando se planteó su futuro profesional.

La joven cordobesa Lorena Guerra
La joven cordobesa Lorena Guerra - V. Merino

Lorena Guerra asegura ser una mujer de carácter. «Como mi padre», dice una y otra vez en el curso de la entrevista. Esa circunstancia no le impide aceptar su papel provisionalmente subsidiario en el entramado empresarial de su familia. «Todavía estoy aprendiendo», admite. Pero su destino es regir su propio negocio. Agrícola, por supuesto. Por ahora, trabaja a las órdenes de su hermano mayor, mucho más experimentado en cuestiones agrícolas. Y de su padre. El verdadero inspirador de la explotación agraria que mantiene a la familia y da trabajo a cuadrillas de temporeros en la aceituna y otras labores estacionales.

Ahora, que es verano, los trabajos del campo se reajustan. A las 10.30 el sol empieza a vomitar sus rayos de fuego y es aconsejable tener ya ejecutadas las labores más expuestas. Una cuadrilla empieza a quitar piedras a las 6 de la mañana, antes de que la temperatura convierta el aire en irrespirable. En invierno es distinto. Hay días en que es preciso llevarse la comida al tajo para no perder demasiado tiempo en el desplazamiento.

Sesión continua

Las leyes del medio rural son inexorables. «En el campo siempre hay algo que hacer», sostiene machaconamente el padre de Lorena Guerra. Y esa es una verdad incontestable. Cuando era pequeña, sufría por ver a su hermano trabajar el doble que sus amigos. Las cosechas no esperan. No pueden aplazarse para la semana siguiente al modo en que se deja una carpeta dormir en el cajón del escritorio. Hablamos de dos mundos diferentes.

Para la escritora y veterinaria María Sánchez, el medio rural es la resistencia. ¿Y para usted?

Para mí, es mi vida. Y lo va a ser siempre. Es lo que he mamado y de lo que vivo ahora.

¿Las mujeres en el campo son ciudadanas de segunda categoría?

No lo creo. El otro día me escribió una niña agricultora en Instagram y se quejaba de que no mandaba. Que no le hacían caso por ser mujer. A mí eso no me pasa.

Ni ve que pase a su alrededor.

Tampoco conozco mucho. En Fuente Obejuna la mujer es ama de casa. En el campo no pintan nada. Aunque hay otras que van con el marido al campo y hacen de todo.

Y cuando entra usted en el bar del pueblo es la única mujer.

Yo me siento una más. Es verdad que hay mucho machismo. Y hay muchos que dirán: «Mira esta, ¿qué se ha creído?».

Si sus fotos de Instagram no son postureo, ¿qué son?

(Risas) Si hacerse fotos es postureo, pues será postureo. Para mí, es un «hobby». Me encanta hacerme fotos. Y las subo.

¿Cuál es su receta para frenar la despoblación rural?

Los precios del cereal están muy bajos. ¿Quien va a querer irse al campo? La gente no quiere montar nada. No es rentable. Es más cómodo trabajar para alguien. ¿Y eso donde está? En la ciudad.

¿Cómo ve el futuro?

Cada vez peor. Vamos a pique.

¿Y de qué vamos a comer?

Eso digo yo. La agricultura es el sector primario.

¿Faltan muchas Lorenas en el campo?

Sí. Hacen falta muchas (risas). Somos lo más importante y no nos movemos.

¿Por falta de ideas? ¿De innovación? ¿De compromiso?

Faltan ganas. Da pereza.

El pastor Felipe Molina vigila su rebaño con localizador GPS desde su móvil. ¿Esto es el desarrollo o el acabóse

¿Aquí en Córdoba? Eso no lo he escuchado en mi vida. Madre mía, ¿dónde vamos a llegar?

¿De verdad que no echa de menos un confortable puesto de trabajo de azafata de congresos?

Para nada. Y yo he trabajado de azafata. No me gusta. Me da vergüenza trabajar de cara al público. Están todo el día observándote. En mi trabajo estoy yo sola y mi tractor

Pero luego sube la foto para que la vean.

(Risas) Pero eso es como «hobby». No estoy yo personalmente. Es mediante una aplicación.

Se ve empresaria

Mandando.

Sí. Siempre. Me encanta.