Lorenzo Palomo en una entrevista para ABC en el año 2009
Lorenzo Palomo en una entrevista para ABC en el año 2009 - ROLDÁN SERRANO
CULTURA

Lorenzo Palomo, un cordobés universal que celebra ochenta años de creación plena

El compositor de música clásica, que acaba de triunfar en la Zarzuela, repasa desde Berlín su carrera

CÓRDOBAActualizado:

El año musical se ha cerrado para el compositor Lorenzo Palomo por todo lo alto: de estreno en el Teatro de la Zarzuela. Allí, el pasado lunes, la soprano vasca Ainhoa Arteta y el pianista británico Roger Vignoles estrenaron cinco canciones del músico, inspiradas en poemas de cinco escritores europeos y que le había encargado el Centro Nacional de Difusión Musical para el XXV aniversario de su Ciclo de Lied. El compositor acabó subiendo al escenario y recogió el caluroso aplauso del público madrileño, que había abarrotado la sala. Con 80 años recién cumplidos, este artista nacido en Ciudad Real en plena Guerra Civil pero cuya infancia y juventud transcurrieron entre Pozoblanco y Córdoba -fue organista de Santa Marina con 16 años- se erige como uno de los grandes autores de la música clásica española actual y barrunta nuevos proyectos para ir sumando a un currículum internacional al que este año se ha agregado también dos nuevos discos. Uno de ellos su «Sinfonía Córdoba» y el otro «Arabescos, Caribiana y Humoresca», publicados ambos por Naxos y lo último que grabó el director Jesús López Cobos antes de su triste desaparición.

Desde Berlín, ciudad en la que vive desde hace años, atiende Lorenzo Palomo a ABC. Lo hace recién llegado desde Madrid y con la alegría del éxito aún en el paladar. «La sensación de estos días es esa maravillosa experiencia que sentimos del deber cumplido», explica. Recuerda además que compuso la obra, titulada en su conjunto «Sendero mágico», «con enorme entusiasmo». Cree que este proyecto es inédito en la historia de la música, pues se trataba de componer un ciclo de canciones en cinco idiomas: inglés, francés, español, italiano y alemán. «Me recorrí las librerías de Berlín buscando autores y escogiendo poemas que me inspiraran», rememora. Los poetas de los que se sirvió fueron finalmente el británico William Blake, el francés André Chénier, el español Carlos Murciano, el italiano Emilio Praga y el alemán Clemens Brentano.

«Sendero mágico» se incorpora de este modo a una carrera de gran riqueza y de poderoso regusto cordobés y español. Una trayectoria que el compositor evoca ahora con cariño y que tuvo su primer destello internacional en los años 80 con «Del atardecer al alba». «Este ciclo significó muchísimo para mí pues aún no había presentado ninguna composición en público cuando la inolvidable Montserrat Caballé me pidió que le compusiese unas canciones», explica. La soprano catalana estaba ya en la plenitud de su carrera, por lo que «al venir de ella la propuesta me pareció que me venía del cielo». Le compuso Palomo cinco canciones, se las mandó a su casa de Barcelona, «y cual sería mi sorpresa cuando vino ella a cantar “Tosca” a la Ópera de Berlín, de donde yo ya era miembro estable, y después de darnos un abrazo me dijo: “Lorenzo, tus canciones son preciosas y las voy a cantar en el Carnegie Hall de Nueva York”».

Lorenzo Palomo también admite como obra importante su «Dulcinea», para cuatro solistas vocales, coro y orquesta y que compuso por encargo de la Ópera de Berlín. En su estreno actuaron Ainhoa Arteta como protagonista y Miguel Ángel Gómez Martínez como director, ambos como artistas invitados y a sugerencia del compositor. Es aún hoy la única obra española estrenada por la Ópera de Berlín. A «Dulcinea» añade Palomo otro ciclo importante, el de «Cantos del alma», que compuso a propuesta del añorado Jesús López Cobos y cuyo estreno acogió la Orquesta de Barcelona. Destaca por su sensibilidad y lenguaje poético, inspirado por Juan Ramón Jiménez, autor del texto, «y es la favorita de muchos». Añade otras obras que han sido esenciales en su trayectoria como sus «Fulgores», que compuso por deseo de Frühbeck de Burgos, o su «Sinfonía a Granada», estrenada en el Auditorio Manuel de Falla por la soprano María Bayo, el guitarrista Vicente Coves y la Orquesta Ciudad de Granada. Junto a ellas coloca Palomo con «mención de honor a mi “Sinfonía Córdoba”, que dediqué a la memoria de mi madre, de la raza cordobesa más pura nacida en Pozoblanco».

Así le ven sus cantantes

El compositor reconoce que los proyectos «que salen de mí siempre procuro llevarlos a cabo con artistas que me satisfagan, y en esto soy muy exigente». De ahí viene su colaboración con Ainhoa Arteta o con María Bayo. «El poder contar con ellas siempre me ha garantizado el éxito final», resume. Ese agradecimiento es recíproco, pues también una soprano como la propia María Bayo reconoce en conversación con este diario la importancia que Palomo ha tenido en su trayectoria. La cantante lo describe como uno de «esos pocos compositores que saben crear atmósferas especiales, con un mundo creativo propio». Y concluye diciendo que en toda la obra de Palomo «está la profundidad de su origen, del Sur».

En la misma línea, el tenor cordobés Pablo García-López recuerda con emoción los dos estrenos mundiales que ha hecho de obras de Palomo y destaca de él «su capacidad para crear melodías y la importancia que le da a la voz como instrumento lleno de belleza». También advierte en la obra de Palomo «giros de una Andalucía delicada» y la presencia idealizada de Córdoba «vista desde Alemania, desde la distancia, en instantes cotidianos como un atardecer en el Guadalquivir».

El repaso de su extensa trayectoria y las opiniones de sus cantantes apuntan a un compositor de los que se dan pocas veces y cuya obra está marcada por su origen cordobés. Un tipo incansable, de temperamento ancho, que reconoce que sigue trabajando y componiendo aunque prefiera no decir ni media palabra de lo que vendrá. «Más adelante hablaremos», explica discreto desde su retiro berlinés este cordobés que nació manchego entre la fealdad y destrucción de la guerra para dedicarse luego a la belleza y la creación. Compositor en el que laten la tierra de Góngora y la de Cervantes con idéntica universalidad.